Cráneos de dos víctimas de la plaga de Justiniano enterradas juntas, en el siglo VI. A la derecha una mujer de 25-30 años y a la izquierda un hombre de 20-25
Cráneos de dos víctimas de la plaga de Justiniano enterradas juntas, en el siglo VI. A la derecha una mujer de 25-30 años y a la izquierda un hombre de 20-25 - Colección estatal de Antropología y Paleoanatomía de Múnich

Estudian una plaga del Imperio Bizantino para entender la terrible peste bubónica

El ADN de varias personas enterradas durante el siglo VI ha permitido descubrir que la bacteria causante era más diversa y mortífera de lo que se pensaba, lo que es clave para entender la evolución de la peste actual

MADRIDActualizado:

Justo cuando el Imperio Bizantino comenzaba a florecer bajo el mandato de Justiniano I (527-565 después de Cristo), apareció un terrible enemigo al que no se podía derrotar en ninguna batalla campal; se movía a bordo de barcos y caravanas comerciales y era capaz de matar en cuestión de días en medio de fiebres, pesadillas y dolores. La peste había llegado al Imperio bizantino y estaba dispuesta a quedarse durante unos 225 años. La espantosa epidemia recibió el nombre de «plaga de Justiniano», aunque en realidad no solo afectó a los bizantinos, sino que se extendió por toda la cuenca del Mediterráneo, causando entre 25 y 50 millones de muertes, según los CDC.

Un estudio publicado este martes en la revista « Molecular Biology and Evolution» ha confirmado la gravedad de esta terrible epidemia, después de analizar los genes de los restos de seis personas enterradas en Múnich, Alemania, durante el siglo VI. Gracias a esto no solo se ha confirmado de nuevo que la plaga fue aún más extensa de lo que los historiadores registraron, sino que se ha constatado la importancia de hacer este tipo de análisis para estudiar la evolución de microbios que, como la peste, están emergiendo de nuevo en algunos lugares.

Colección estatal de Antropología y Paleoanatomía de Múnich
Colección estatal de Antropología y Paleoanatomía de Múnich

«Nuestra investigación confirma que la plaga de Justiniano llevó mucho más allá de lo que quedó registrado en la historia», ha explicado Michal Feldman, coautora del estudio. «Y aporta nuevas pistas sobre la evolución de Yersinia pestis(la bacteria causante de la variedad bubónica de la peste)».

Entre estas nuevas pistas, se han identificado 30 nuevas mutaciones típicas de la plaga de Justiniano, tres de ellas relacionadas con genes de virulencia, y otras 19 mutaciones se han considerado como falsas. Con todo, los datos sugieren, según los científicos, que esta cepa de peste era más diversa de lo que se esperaba.

Asesinos olvidados

«Los resultados ilustran el potencial que tienen los análisis genéticos de ayudarnos a entender la evolución de los patógenos y algunos eventos históricos», ha continuado Feldman. De hecho, creen que su método podría mejorar la calidad y la autenticidad de los datos genómicos de patógenos antiguos.

En esta ocasión, la clave de los hallazgos ha sido realizar una cobertura de gran calidad del ADN de las bacterias presente en los huesos. Gracias a un golpe de suerte, los científicos encontraron a una nueva víctima enterrada en la que el material genético estaba mejor preservado.

Misterios sin resolver

Los investigadores creen que su trabajo ayudará a entender mejor cómo este microbio se adaptó y cómo impactó a los humanos. Aún así, aún no se sabe ni cómo ni por qué este patógeno llegó a Alemania. También se desconoce el alcance real de la plaga, y por qué acabó desapareciendo con el paso de los años.

Se considera que la plaga de Justiniano fue la primera gran epidemia de peste, antes de que la misma bacteria causara la epidemia de la «Peste Negra» entre los siglos XIV y XVII, matando al 60 por ciento de la población europea, según los CDC. La siguiente sacudida de la peste dejó 10 millones de muertes, a principios del siglo XIX.

Esta bacteria, que ha estado conviviendo con los humanos desde hace 5.000 años, sigue hoy en día presente. El brote más reciente se registró en India, a mediados del siglo pasado, y en Vietnam durante la guerra (1960-1970). África y Madagascar son las áreas donde se registran actualmente el 95 por ciento de los casos.