Un guepardo en plena carrera
Un guepardo en plena carrera - Fotolia

La estrategia para escapar del animal más veloz del mundo

Un estudio analiza la técnica de caza de guepardos y leones de la sabana africana y cómo sus presas son capaces de darles esquinazo. Correr a toda velocidad no es la solución

MadridActualizado:

En el juego de la vida unos intentan comer y otros no ser comidos. Es una regla básica, en la que no siempre gana el que a primera vista parece más dotado. Si así fuera, en una carrera por la supervivencia, el poderoso guepardo, el animal más veloz del mundo (más de 29 metros por segundo, muy por encima de los caballos, los galgos o el propio Usain Bolt, récord mundial de los 100 y 200 metros lisos), siempre acabaría cenándose al impala. Pero, para su desgracia, a veces no lo consigue.

Un equipo de investigadores se ha interesado por las técnicas de caza de guepardos y leones, los atléticos reyes de la sabana africana que reúnen potencia y velocidad, y ha descubierto cómo sus presas, no tan dotadas, pueden darles esquinazo. La respuesta, publicada en la revista «Nature» y que este jueves emitirá la cadena británica BBC One, es un ejemplo de cómo para competir se pueden emplear distintas estrategias. En resumen: si tu enemigo es a todas luces más rápido que tú, de nada te sirve correr mucho, así que más vale que te emplees de otra manera.

Un guepardo en el norte de Botswana con un collar de rastreo
Un guepardo en el norte de Botswana con un collar de rastreo - A Wilson, RVC

El equipo del Royal Veterinary College en Hatfield (Reino Unido) desarrolló unos collares especializados para seguir a los animales y registrar cada detalle de sus movimientos, desde su ubicación a la velocidad, aceleración y rendimiento de giro, muchas veces por segundo y con una precisión milimétrica. Los investigadores colocaron los collares a nueve leones, cinco guepardos, siete cebras y siete impalas que vivían en libertad en la sabana del norte de Bostwana.

Las cuatro especies fueron elegidas porque los leones y los guepardos acostumbran a cazar en una persecución de uno a uno, y son las cebras y los impalas, respectivamente, sus objetivos. En total, los científicos analizaron 5.562 carreras de alta velocidad para comparar las capacidades atléticas de depredadores y presas. De igual forma, tomaron pequeñas muestras de músculo que se analizaron en su laboratorio del Reino Unido.

El profesor Alan Wilson en Namibia con guepardos y el avión de investigación durante el rodaje del programa de la BBC One «Big Cats»
El profesor Alan Wilson en Namibia con guepardos y el avión de investigación durante el rodaje del programa de la BBC One «Big Cats» - A. Wilson, RVC

El equipo analizó cinco medidas de rendimiento: la potencia muscular, la rapidez de aceleración y desaceleración, la velocidad de giro (que se basa en el agarre y la fuerza de las patas), la velocidad de carrera y la frecuencia de pasos. De esta forma, descubrió que los dos depredadores eran más atléticos que sus presas. Sus músculos eran un 20% más poderosos, fueron un 38% más rápidos, un 37% mejores en la aceleración y un 72% mejores en la desaceleración. El rendimiento de giro resultó ser similar.

Una cebra con el collar de seguimiento
Una cebra con el collar de seguimiento - A Wilson, RVC

El último momento, crucial

En una cacería, la presa define la velocidad y la ruta mientras que el depredador intenta adelantarse a esa estrategia. Es la escena terrible y emocionante que hemos visto tantas veces en los documentales. El carnívoro tiene interés en que la presa corra rápido, ya que sabe que él lo es aún más. Uno podría pensar que salir a toda pastilla es la reacción adecuada, pero lo cierto es que entonces el movimiento de la presa se vuelve predecible. No puede acelerar y solo puede hacer giros anchos y graduales, lo que se lo pone muy fácil al perseguidor.

Sin embargo, si la presa corre más despacio, tiene más opciones para girar y cambiar de dirección y, por lo tanto, es menos predecible. Los datos de los collares demostraron que cebras e impalas suelen emplearse a aproximadamente la mitad de su velocidad máxima durante las cacerías. Eso obliga al depredador a disminuir su velocidad para poder seguir los giros.

En definitiva, las carreras de baja velocidad favorecen la supervivencia de las presas, ya que les dan la oportunidad de maniobrar tanto como sea posible. Los depredadores deben ser más atléticos para lidiar con la trayectoria impredecible de su futura cena y atraparla. Una simulación realizada por los autores muestra que la mejor estrategia para la presa es girar en el último momento, realizando un movimiento que el depredador no puede seguir. A eso, entre los humanos, le llamamos tener cintura.