Bandera que Edgar Mitchell le vendió a Jordi Gasull con la siguiente inscripción: «Voló a la Luna a bordo del Apolo 14» - Manuel Roca / Vídeo: La estación madrileña que vivió "horas decisivas" del aterrizaje en la Luna

Esta es la historia de las únicas banderas españolas que han pisado la Luna

En 1971, en la misión Apolo 14, cuatro enseñas rojigualdas con el águila de San Juan estampada en el centro se posan en el astro.

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Un módulo lunar con un nombre como para parar una guerra: «Antares» (el mellizo hippie del dios griego Ares) aluniza el 5 febrero de 1971 en el cráter de Fra Mauro. En su interior, Alan B. Shephard, Stuart A. Roosa y Edgar Mitchell se funden en un abrazo ingrávido y se ponen manos a la obra. El astronauta Mitchell echa mano a su petate o PPK («personal preference kids») para buscar algo de entre sus pertenencias. En ese neceser un puñado de amuletos de la suerte y un par de fotografías de algún pariente cercano comparten espacio con cuatro banderas rojigualdas con un águila en el centro, la de San Juan. Por raro que suene. ¿Qué pintan esas banderas en el kit de supervivencia de un astronauta tejano en la misión Apolo 14?

Para responder a esta pregunta tenemos que remontarnos al 31 de enero de 1971, cinco días antes. Es invierno en Cabo de Cañaveral (Florida), los príncipes Don Juan Carlos y Doña Sofía han sido invitados por la NASA a presenciar el lanzamiento del Apolo 14 en la base espacial que años más tarde pasará a llamarse Centro Espacial Kennedy, por obra de su sucesor en el cargo. Junto a Alan B. Shephard y Stuart A. Roosa, Edgar Mitchell, un antiguo «boyscout» reconvertido en astronauta, completa la tripulación que viajará a la Luna a bordo de la nave espacial «Antares». Antes de emprender el viaje a Mitchell se le ha ocurrido echar unas enseñas rojigualdas por 14 centímetros de largo y 10 de ancho a su equipaje de mano como forma de agradecimiento a los príncipes de España. Gesto que no dejará indiferentes a los cazatesoros lunares que en la década de los 70 no son más que niños.

Esas banderas toman tierra en la Luna y el 9 de febrero de ese mismo año, cuando la tripulación finiquita su misión –34 órbitas lunares y 216 horas, 1 minuto y 56 segundos de vuelo, entre medias–, están otra vez de vuelta. El astronauta tejano reparte el botín de la siguiente manera: tres banderas a España y una cuarta que el propio Mitchell decide reservarse para su vitrina de recuerdos espaciales. De las que entrega a España, una va a parar al Gobierno de España, que supuestamente se encuentra ahora en el Museo Naval de Madrid; otra al caudillo español Francisco Franco, que algún heredero años más tarde extraviará en una mal venta anónima, dicen las malas lenguas; y una tercera en discordia de la que se desconoce su paradero.

Tres décadas después de este acontecimiento, en una convención de astronautas, un joven barcelonés que todavía es un coleccionista de objetos espaciales en ciernes le arrancará en una conversación privada al que entonces era director del Media Resource Center de la NASA, Mike Gentry, un enamorado de la cultura española con una tesis doctoral sobre Miguel Delibes a las espaldas, una confesión sideral: el astronauta Edgar Mitchell, si no le falla la memoria, conserva una bandera española que llevó a la Luna en el Apolo 14.

Jordi Gasull aprovechará aquel encuentro para ponerse en contacto con Mitchell e insinuarle la compra

Jordi Gasull, nombre de aquel joven intrépido, aprovechará la oportunidad que le brinda aquel encuentro fortuito para ponerse en contacto con Edgar Mitchell e insinuarle la compra. La primera intentona fracasa. Al astronauta no le convence la idea de Gasull de montar el primer museo lunar en España. Le suena a quimera. La bandera se queda en suelo americano por el momento.

«En 2009 recibo una llamada de Miguel López-Alegría –primer astronauta estadounidense nacido en España en viajar al espacio–, con el que ya había trabajado en una serie de documentales de corta duración sobre la Luna, diciéndome que me ponga en contacto con el alcalde de Fresnedillas de la Oliva, Antonio Reguilón, porque iban a montar un museo lunar», apunta Gasull. Por el precio de comisariar la exposición el barcelonés cede con sumo gusto su colección de objetos espaciales (guantes lunares, trajes…) al Museo Lunar de Fresnedillas.

La joya de la corona

El productor de cine le insinua a Antonio Reguilón, en una de sus muchas conversaciones, la posibilidad de ampliar la exposición con la que será la joya de la corona: una bandera española que el astronauta Mitchell llevó a la Luna. Se arma del valor necesario para repetir la jugada –esta vez con el Museo Lunar de Fresnedillas de la Oliva como baza– y prueba fortuna telefónica con el astronauta. Tal fue el rol de este pueblo madrileño en la conquista de la Luna, que Edgar Mitchell no dudaría ni un instante en venderle a Jordi Gasull la bandera española por una suma que el barcelonés se resiste a decir. La condición: que esté siempre expuesta en un lugar público, nunca en su casa.

Esa bandera con el águila de San Juan estampada en el centro estará «en el Museo Lunar de Fresnedillas de la Oliva desde el 2010 hasta junio de este año, que es cuando expiró el contrato» y recibió una oferta museística del Parque de las Ciencias de Granada. Como siempre, el despliegue de medios manda. «Me hubiese gustado que se quedase en Madrid, pero bueno… la bandera es española, así que está bien que viaje por España», zanja Jordi Gasull.