Famosa imagen del día D en la playa de Omaha alrededor de las 7.40 am
Famosa imagen del día D en la playa de Omaha alrededor de las 7.40 am - Guardia Costera de EE. UU., Departamento de Defensa

NormandíaEl error histórico de que una luna tardía ayudó al éxito de los aliados en el desembarco de Normandía

Al contrario de lo que recogen muchos textos, el asalto aéreo del Día-D se produjo bajo la abundante luz de la Luna llena

MadridActualizado:

Este 6 de junio se celebra el 75 aniversario del Día D, la jornada que marcaría el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. El Desembarco de Normandía supuso una movilización de personas y recursos como nunca se había visto, pero pocas veces se tiene en cuenta el importante papel que jugó la astronomía en la planificación de la invasión. Donald Olson, astrónomo y profesor de física de la Universidad Estatal de Texas (EE.UU), explica en un artículo publicado en la revista Sky & Telescope cómo la Luna llena contribuyó al éxito de los aliados, una afirmación que corrige muchos de los archivos históricos al respecto, que hablan de la oscuridad de una «Luna creciente tardía». «Eso no es posible», afirma Olson.

Capturar dos puentes cerca de la costa fue crucial para el éxito de los aliados. Hacerlo significaba dos cosas: la prevención de un devastador contraataque de las divisiones blindadas alemanas cercanas, y facilitar que la invasión se abriera paso en una gran franja de la Francia ocupada. El elemento sorpresa era tan importante para el éxito de la operación que el puente sería asaltado por soldados británicos que llegaban desde el aire en silenciosos planeadores. Diez minutos después del aterrizaje, las fuerzas británicas habían capturado ambos puentes intactos, ahora conocidos como Puente Pegaso y Puente Horsa.

Ya lo dijo Churchill

Pues bien, docenas de relatos históricos insisten en la necesidad de una «luna tardía» para asegurar el éxito de los ataques aéreos, argumentando que necesitaban una oscuridad completa para acercarse en secreto, aunque la luz de la Luna era necesaria para los aterrizajes finales y el asalto. Olson se dio cuenta rápidamente de que esto estaba mal. Una «luna creciente» contradecía otras declaraciones históricas de líderes aliados como el general Dwight D. Eisenhower, el almirante Chester Nimitz y el primer ministro Winston Churchill, quien destacó la importancia de que la luz de la luna iluminara cada etapa durante la noche del 5 al 6 de junio.

Además, una luna que se levanta tarde no coincide con las condiciones de marea conocidas durante la invasión. Al verificar un software astronómico especialmente diseñado, Olson confirmó que la luna del Día D no se retrasó en absoluto. De hecho, fue todo lo contrario. «La luna en realidad se levantó antes del atardecer el 5 de junio y permaneció en el cielo toda la noche», afirma Olson. «Alcanzó el punto más alto en el cielo a la 1:19 am, cerca del asalto del puente británico Pegasus y justo cuando comenzaron las operaciones aéreas estadounidenses».

El motivo del error de muchos textos históricos es que seguían la referencia de Cornelius Ryan, quien así lo escribió en su libro «El día más largo». «Está bastante claro que él fue quien lo propagó, pero no el que lo dijo primero. Lo he rastreado hasta Walter Bedell Smith».

El general Smith fue jefe de personal de Eisenhower desde 1942 hasta 1945. En 1946, Smith escribió una serie de seis artículos para el Saturday Evening Post en los que decía: «Para los aterrizajes en el aire (...) necesitábamos una luna llena tardía, para que los pilotos pudieran acercarse a sus objetivos en la oscuridad, pero tuvieran luz de luna para elegir las zonas de caída». No fue así.

El efecto de las mareas

Además de la necesidad de abundante luz de la luna durante la noche para el despliegue de paracaidistas tras las líneas alemanas, la hora de la salida del sol y los efectos de la fase lunar en las mareas desempeñaron un papel crucial en la fecha seleccionada para el desembarco, explica el investigador.

La posición del sol y la luna, en relación con la Tierra, determina tanto la fuerza de las mareas como los tiempos de las aguas altas y bajas. Los aliados requerían una marea baja cerca del amanecer y, en esta parte de la costa de Normandía, tal marea ocurre solo cerca de los tiempos de la luna nueva o la luna llena. Esos criterios dejaron a los aliados con tres fechas potenciales: el 5, 6 y 7 de junio, ninguno de los cuales presentaba una «luna creciente tardía».

«Una invasión de primavera en mayo o junio era ideal, porque eso dejaría todo el verano a las fuerzas aliadas para hacer retroceder a las fuerzas alemanas antes de que llegara el mal tiempo con la llegada del otoño y el invierno», explica Olson. «Los preparativos para la invasión no se completaron en mayo, por lo que el general Dwight D. Eisenhower pospuso el asalto hasta junio».

«Los aliados querían poca agua para volar los obstáculos alemanes en la playa, pero también querían que el agua subiera para poder llegar con las lanchas hasta la playa y no quedar varados», expone el astrónomo. «Si llegaban en una marea descendente, la lancha se quedaría atascada allí durante 12 horas. Eso fue una parte importante del plan del Día D: el aumento de agua, justo después de la marea baja».

«Sangrienta Omaha»

Sin embargo, esa estrecha ventana de oportunidad también funcionó contra los aliados el 6 de junio de 1944. La diferencia entre la marea baja y alta en las playas llegó a unos increíbles 6 metros. Cerca del momento de la marea baja en el día D, las defensas submarinas de los alemanes fueron expuestas para que los equipos de demolición de los aliados las destruyeran. El problema era que los equipos de demolición tenían solo 30 minutos para cumplir su tarea, bajo el fuego enemigo, antes de que la marea creciente se hiciera demasiado profunda. A las 7 a.m., el nivel del agua subía 30 centímetros cada 10 minutos, y aceleraba. Esta oleada masiva provocó que los equipos de demolición eliminaran con éxito solo cinco de los 16 huecos planeados a través de las defensas submarinas en la playa de Omaha. La pérdida de vidas provocada por las defensas submarinas contribuyó a que la playa fuera apodada como «Sangrienta Omaha».

«Las conmemoraciones y la cobertura de los medios se centrarán con razón en el heroísmo de los soldados, marines y aviadores aliados que comenzaron la liberación de Francia», apunta Olson. «Pero también podemos aprovechar esta oportunidad para apreciar el papel que jugó la astronomía en la planificación y ejecución de ese evento que cambió el mundo».