Una medusa Cassiopea descansa al revés sobre la arena negra
Una medusa Cassiopea descansa al revés sobre la arena negra - CALTECH

Descubren que las medusas también duermen ¡y no tienen cerebro!

El curioso hallazgo señala que el sueño puede ser mucho más antiguo de lo que se creía

Madrid Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Los seres humanos, los ratones, los peces y las moscas duermen. Hasta ahora, los científicos creían que tener un cerebro era una condición necesaria para entregarse a los brazos de Morfeo. Pero resulta que no hace falta. Un equipo del Instituto de Tecnología de California (Caltech) ha descubierto que las medusas Cassiopea invertidas, unas criaturas sin sistema nervioso central, duermen igual que nosotros

«Es el primer ejemplo de sueño en animales sin cerebro», asegura el coautor del estudio Paul Sternberg , investigador del Instituto Médico Howard Hughes (HHMI) en Caltech. Los hallazgos, publicados en la revista Current Biology, adelantan el origen del sueño en el árbol evolutivo de la vida, antes de la aparición de un sistema nervioso centralizado.

Los científicos han debatido durante mucho tiempo por qué los animales duermen. Las teorías implican desde la memoria hasta el aprendizaje y la recuperación celular. Pero Sternberg quería responder algo aparentemente mucho más básico. A su juicio, la gran pregunta es: «¿Todos los animales duermen?».

Es un tema polémico. Todos los vertebrados que los científicos han estudiado duermen, pero si lo mismo es cierto para los invertebrados sigue siendo un misterio. Los investigadores han demostrado que las moscas de la fruta se echan sus siestas, y Sternberg y otros han argumentado que un gusano llamado Caenorhabditis elegans también lo hace. Pero no todo el mundo está convencido. Y el sueño en animales más primitivos -como esponjas y medusas- es aún más misterioso. «Queríamos entender esto de una vez por todas», dice Sternberg.

Grabadas con un iPhone

El equipo decidió estudiar la Cassiopea, una medusa en su mayoría estacionaria nativa de lodos, manglares y otras aguas cálidas y poco profundas y que ya ha llegado al Mediterráneo. La Cassiopea no se parece a las medusas típicas. Son del tamaño de una moneda con manchas de color negro y viven al revés en el fondo del mar. Con sus tentáculos enroscados sobre sus cuerpos con forma de campana, se asemejan a diminutas cabezas de coliflor. Pero como otras medusas se contraen y se relajan en un ritmo constante, así que los investigadores se preguntaban si este comportamiento era continuo.

Para comprobarlo, los investigadores grabaron con un iPhone a las medusas ubicadas en tanques de agua salada en un laboratorio. Después de grabar a los animales durante un minuto por la noche y durante el día, contaron los pulsos individuales y obtuvieron la primera pista de que las Cassiopeas podían estar durmiendo: se contraían menos frecuentemente por la noche. Los investigadores crearon entonces un programa de procesamiento de imágenes para contar las contracciones de 23 medusas durante seis días y noches consecutivos. La actividad pulsante disminuyó por la noche, como los investigadores habían observado anteriormente, pero si arrojaban un poco de comida en los tanques las medusas despertaban rápidamente.

«Es como el olor del café que impregna tu conciencia por la mañana», dice Sternberg. Un despertar tan fácil es una señal de que el lento comportamiento nocturno de la Cassiopea se debe al sueño, no a la parálisis o al coma.

Aturdidas por la noche

Los investigadores descubrieron una segunda señal de sueño al forzar a las medusas durmientes a moverse. El equipo colocó a las medusas dentro de una tubería de PVC con un fondo de malla y luego sumergió la tubería en el tanque, por lo que las medusas descansaban sobre la malla en lugar del suelo del tanque. Entonces los investigadores deslizaron el tubo aún más abajo, forzando a las medusas a levantar la malla y flotar en el agua. La experiencia no les gustó nada. De noche, les llevó alrededor de tres veces más tiempo empezar a nadar que por el día. A juicio de los investigadores, las medusas parecían un poco aturdidas. Esta respuesta tardía a la estimulación es típica de los animales que duermen.

Y al igual que otros animales durmientes, si las medusas están de despiertas por la noche, lo pagan a la mañana siguiente. El equipo echó pequeños chorros de agua a sus «mascotas» durante seis o doce horas por la noche, y luego contaron las contracciones al día siguiente. «Están menos activas después de perder el sueño, pero después de ponerse al día con su sueño, vuelven a la normalidad», dicen los científicos.

Los resultados sugieren que la Cassiopea duerme, pero para Sternberg, el trabajo está repleto de preguntas: ¿Se necesitan neuronas para dormir? ¿Más de una célula? El investigador pretende ahora estudiar esponjas o incluso protozoos de células individuales, y quizás empujar el origen del sueño aún más lejos.