El sargazo cerca del archipiélago francés de Guadalupe en el Caribe
El sargazo cerca del archipiélago francés de Guadalupe en el Caribe - AFP

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Los gigantescos varaderos del mar de Sargazos cruzan los fondos oceánicos y amenazan los ecosistemas americanos

Pedro Gargantilla
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El domingo 16 de septiembre de 1492 el almirante Cristóbal Colón escribió en su bitácora: «muchas manadas de hierba muy verde, que poco había, según le parecía, que se habían despegado de tierra».

Colón se encontró con esta impenetrable red al noreste de Cuba siendo la primera descripción de lo que se conocería, siglos después, como el mar de Sargazos. Durante los siglos XVII y XVIII estos bosques subacuáticos se merecieron el sobrenombre de «cementerio de barcos», debido a que era frecuente que en ellos encallaran las embarcaciones europeas.

Esta masa de agua está formada por grandes grupos de algas planctónicas del género Sargassum. Son de aspecto fibroso y aunque la mayoría hunden sus raíces en el fondo hay otras -S fluitans y S natans- que permanecen en suspensión, realizando la fotosíntesis y emitiendo burbujas llenas de gases.

En cuanto a sus tonalidades, y aquí se encuentra otro de los problemas que generan en la actualidad, oscilan entre el pardo y el verde oscuro.

Gran cinturón atlántico de Sargazo

Con ayuda de la tecnología se ha podido saber que anualmente se producen millones de toneladas de algas y que actualmente cubren más de ocho mil ochocientos kilómetros del Océano Atlántico, lo que en biomasa representa unos veinte millones de toneladas.

El valor ecológico del sargazo también tiene su cara B, ya que las algas muertas se depositan en el fondo oceánico y asfixian los pastos marinos, lo cual constituye una verdadera fatalidad para los ecosistemas.

A esto hay que añadir que, desde el punto de vista turístico, representa un grave problema para los países caribeños. Cuando el sargazo llega a las costas se almacena en la playa y su descomposición genera olor fétido, gases lixiviados –residuos líquidos-, arsénico y ácido sulfhídrico.

La verdad es que montículos de algas con olor a huevo podrido junto a las playas, añadido a que el color verde turquesa caribeño se ha mutado en tonalidades marronáceas, no parecer ser el mejor estímulo para incrementar el turismo de la zona.

Hasta el momento México, Puerto Rico y Barbados son los principales países damnificados, pero no serán los únicos, ya que el sargazo se extiende a lo largo de mil kilómetros por la costa mexicana y no deja de crecer.

Exceso de fertilizantes

Desde el 2011 se han detectado grupos de algas procedentes de las costas brasileñas y africanas que son arrastradas hasta el mar Caribe.

En cuanto a las causas del incremento del sargazo parecen obedecer a varios factores, por una parte, al incremento de las temperaturas oceánicas (calentamiento global). Sin embargo, su contribución es menor de la esperada, ya que se estima que tan sólo se ha elevado un grado y medio a lo largo del último siglo.

El papel fundamental lo desempeñan la deforestación y la reconversión de las regiones del Amazonas y Orinoco en campos de cultivo, dos actividades que han aumentado de forma exponencial el vertido de fertilizantes al océano.

Para que nos hagamos una idea de la magnitud del problema, se calcula que en la última década el consumo de fertilizantes en Brasil se incrementó un sesenta y siete por ciento, en comparación con los datos disponibles a comienzos de este siglo.

Las aguas fertilizantes contienen elevadas cantidades de fósforo y nitratos, que se depositan en las profundidades generando una explosión de vida y, a través de las corrientes, esos nutrientes se desplazan hacia las costas caribeñas, con el consecuente daño ecológico.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.