Craig Venter durante la presentación de la secuencia del genoma humano. ABC

Craig Venter, pionero del genoma, proyecta crear una nueva forma de vida en laboratorio

PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL
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WASHINGTON. El imparable Craig Venter -científico y empresario norteamericano reconocido por haber acelerado sustancialmente la decodificación del genoma humano- no se duerme en los laureles de la biotecnología y vuelve a la carga con el proyecto de crear toda una nueva forma de vida experimental. Con ayuda de una subvención de tres millones de dólares facilitada por el Departamento de Energía, este especialista en genómica aspira a arrojar luz sobre los principios fundamentales que gobiernan la vida desarrollando un organismo unicelular dotado con un mínimo número de genes.

Para esta aventura no carente de críticas, Craig ha fichado a un respetado equipo de especialistas y técnicos encabezado por el premio Nobel Hamilton Smith, especialista en ADN. En unos laboratorios privados situados a las afueras de Washington, el grupo de 25 personas se afanará a partir de ahora en desarrollar este nuevo organismo y crear toda una innovadora clase de células que no tenga mucho que ver con lo que existe en la naturaleza.

Para conjurar los notables riesgos asociados con un proyecto de este tipo, Venter y Smith (Nobel de Medicina en 1978) se han impuesto la limitación de crear una célula deliberadamente débil, que sea incapaz de infectar a otros organismos vivos y de sobrevivir fuera del laboratorio. Por las potenciales aplicaciones para desarrollar nuevas y apocalípticas armas biológicas, ya se ha advertido de que toda la información de la primera fase de estos experimentos se restringirá a un mínimo.

Una definición de la vida

De obtener éxito en esta construcción de una nueva forma de vida, el grupo de investigadores norteamericanos englobados en el nuevo Instituto para Alternativas de Energía Biológica aspira a construir modelos, con ayuda de herramientas informáticas, sobre todos los aspectos imaginables de la biología de este organismo. El objetivo final, según la declaración de intenciones publicada ayer en el «Washington Post», es obtener una definición molecular de la vida. Aunque Venter ha perseguido este proyecto desde los años 90, el especialista en genética y sus colaboradores han esperado hasta obtener una revisión favorable de un comité independiente de científicos, expertos en ética y líderes religiosos, presidido por la profesora Mildred Cho de Stanford. El dictamen, subvencionado por el propio Venter, ha llegado a la conclusión de que estos experimentos no son repudiables si su objetivo final es beneficiar a toda la humanidad y si se mantienen las apropiadas salvaguardias.

En la comunidad científica, el proyecto de Venter ha sido recibido como un arma de doble filo. Por un lado se aprecia la utilidad de estos experimentos para revelar la evolución de la vida en la Tierra y obtener beneficios de calidad de vida. Al mismo tiempo, se recuerda el peligro de que estas técnicas abran las puertas a la creación de formidables armas biológicas que fundan diferentes patógenos mortales en una misma célula simplificada.

Una simple bacteria

Desde un punto de vista técnico, el proyecto se basa en las investigaciones realizados por el profesor Clyde Hutchison. Este investigador norteamericano ha conseguido reducir el genoma del «Mycoplasma genitalium», una simple bacteria que habita en el tracto genital humano y que puede causar o contribuir a inflamaciones de la uretra, llegando en 1999 a la conclusión de que su objeto de estudio podía sobrevivir con 265 de sus 517 genes habituales. Lo que representaría la esencia necesaria para construir un organismo vivo.

Venter ha indicado que inicialmente se piensan concentrar en esta misma bacteria. A partir del «M. genitalium», aspira a extraer todo su material genético y sintetizarlo en un cromosoma artificial, con la esperanza de contener el mínimo número de genes necesarios para sostener una forma de vida básica. De tener éxito, quiere reimplantar el cromosoma en su cáscara celular y conseguir su desarrollo. A partir de ahí, se espera añadir funciones adicionales a ese nuevo organismo.

Dentro de este pionero proceso de simplificación genética, estos científicos piensan eliminar el gen que confiere a esta bacteria su capacidad para adherirse a células humanas, además del resto del material genético que permite al «M.genitalium» sobrevivir en ambientes hostiles. El resultado final será sin duda una criatura delicada, que en la práctica sólo podrá vivir en condiciones ideales de laboratorio.

Nuevas fuentes de energía

Para conseguir los tres millones de dólares de subvención facilitados por el Departamento de Energía, Venter argumentó la posibilidad de desarrollar nuevos recursos energéticos y mejorar la capacidad para detectar armas biológicas. A su juicio, «potencialmente podríamos construir un organismo con las cualidades ideales para empezar a aliviar nuestros problemas de energía». Como ejemplos citan mecanismos biológicos para reducir contaminación o producir hidrógeno como combustible alternativo.

Venter abandonó en enero pasado la empresa Celera, que fundó para competir con el consorcio público formado para descifrar el genoma humano. En esta nueva fase de su carrera, Venter también quiere popularizar mapas genéticos individualizados para dar control y poder a cada individuo sobre sus necesidades médicas.