Monumento a la gran hambruna por la pérdida de los cultivos de patata
Monumento a la gran hambruna por la pérdida de los cultivos de patata - ABC

Cómo los macabros «barcos ataúd» tuvieron su origen en un parásito de las patatas

Una de las mayores tragedias económicas de Irlanda se produjo en el siglo XIX a consecuencia de un parásito que infectó a la patata

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En el siglo XIX había en Irlanda 8,5 millones de habitantes, una cifra muy superior a los 4,5 millones actuales. Por aquel entonces, la isla todavía se regía por las normas de Kilkenny, que se remontaban al siglo XIV, según las cuales se prohibían los matrimonios mixtos entre ingleses e irlandeses, así como el uso del gaélico.

Cuando el protestantismo anglicano se impuso en Inglaterra, la situación para Irlanda empeoró. La nobleza inglesa se adueñó de las tierras, que eran trabajadas por los católicos irlandeses, que tenían vedado ser propietarios de las mismas.

De esta forma, la mayoría de los irlandeses decimonónicos eran agricultores analfabetos, con una esperanza de vida próxima a los 40 años y cuya principal fuente nutricia era la patata, principalmente la de tipo lumper.

El parásito de la patata

La patata había sido introducida en la isla a finales del siglo XVI y ganó una enorme aceptación, debido a que el clima templado y húmedo resultaba idóneo para su cultivo. Además, la solanácea se empleaba tanto para consumo animal como humano.

En 1845 un hongo llamado Phytophthora infestans –conocido como mildiu- colonizó la patata irlandesa y gracias al viento se extendió por toda la isla. En poco tiempo sentenció de muerte al tubérculo, ya que es especialmente sensible a este parásito.

Debido a que la agricultura irlandesa estaba basaba en el monocultivo y a que había una escasa variabilidad genética, el hongo causó una devastadora epidemia que puso en jaque la economía de toda la isla. La hambruna que se siguió no conocía precedentes entre los irlandeses.

Éxodo masivo hacia Estados Unidos

Se calcula que el hongo se cobró de forma indirecta la vida de más de un millón de personas y provocó que casi el 40% de la población se viera obligada a vivir de la caridad. Si a esto sumamos otro millón de personas que emigró buscando una vida mejor, la población irlandesa se redujo en torno al 30%.

A esta terrible epidemia la historiografía la conoce como la «hambruna irlandesa de la patata». Nunca una solanácea había tenido un poder destructivo tan grande en una población humana.

La patata cambió de una forma impredecible el escenario político, demográfico y cultural de Irlanda. Por una parte, acrecentó el espíritu nacionalista, por otra propició una gran colonia de irlandeses en Estados Unidos y Canadá.

Barcos viejos en los que murieron 16.000 personas

El viaje se realizaba en condiciones infrahumanas, en barcos viejos, con camarotes claustrofóbicos y sin las más mínimas condiciones higiénicas; lo cual propició que las embarcaciones fuesen bautizadas con el nombre de «barcos ataúd». Los expertos calculan que más de 16.000 emigrantes fallecieron durante el viaje o al poco de llegar al destino.

Estas escalofriantes estadísticas no fueron óbice para que en el transcurso de seis años cinco mil barcos zarparan hacia América, lo cual se tradujo que en 1850 uno de cada cuatro habitantes de la «Gran Manzana» fueran irlandeses.

Entre aquellos emigrantes se encontraba un antepasado directo del que años después sería el presidente John F Kennedy. De no haber sido por aquel terrible hongo el clan de los Kennedy nunca habría saltado a la arena política de la primera fila estadounidense.

Desde hace más de una década en la bahía de Dublín hay un monumento conmemorativo que recuerda la tragedia decimonónica, se trata de un «barco ataúd» con base de hormigón, cuyos mástiles tienen entrelazadas representaciones de esqueletos humanos.

M. Jara
M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación