Científicos españoles analizarán en Cuba las huellas del meteorito que extinguió a los dinosaurios

Investigadores de la Universidad de Zaragoza, especialistas en el período Cretácico, estudiarán restos de material orgánico adheridos a esas rocas

JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ-RÚA
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MADRID. Hace sesenta y cinco millones de años un descomunal objeto cósmico impactó junto a la península del Yucatán, en México, y originó un cataclismo climático planetario que desencadenó la desaparición de los dinosaurios y otras formas de vida de nuestro planeta. Durante décadas la comunidad científica asistió a un enconado debate sobre la extinción de los dinosaurios, prevaleciendo la tesis defendida a principios de los ochenta por el geólogo Walter Álvarez en el sentido de que un cometa o un asteroide fue el responsable de la gran extinción biológica a finales del Cretácico.

El cráter Chicxulub, situado en el Atlántico, próximo a la península del Yucatán, está considerado por la mayoría de los investigadores como el lugar donde impactó este objeto cósmico. Al colisionar el meteorito se generó una explosión similar a varios centenares de toneladas de trinitotolueno (TNT), que pulverizó este objeto y también una parte importante de las rocas del subsuelo del Yucatán.

El impacto originó un cráter de unos trescientos kilómetros de diámetro, que está considerado como el mayor formado en el Sistema Solar durante los últimos cuatro mil millones de años.

Astrónomos japoneses

Estos materiales fueron expulsados a la atmósfera y, al caer de nuevo sobre la tierra, formaron capas de arcillas que se han encontrado en la parte superior de los cortes de rocas en zonas de Matanzas, La Habana y Pinar del Río, en Cuba. Los científicos creen que, aproximadamente, el 10 por ciento del meteorito se habría desprendido antes de impactar en nuestro planeta, probablemente a consecuencia de las fuertes presiones internas del objeto y la velocidad de caída. Esta teoría explicaría correctamente el hallazgo de restos del objeto cósmico a miles de kilómetros de la zona de impacto.

El profesor Manuel Iturralde Vinent, del Museo de Historia Natural de La Habana, trabaja en este proyecto desde hace seis años, junto con un equipo de astrónomos japoneses dirigidos por Takafumi Matsui, de la Universidad de Tokio. Entre los hallazgos que han encontrado hasta el momento destacan rocas de varios metros de espesor que, según el investigador cubano, tienen todas las cualidades para haber sido generadas en el gran impacto. Algunas de estas rocas se exhiben en el Museo cubano y contienen, entre otros materiales, iridio, que existe en bajísimas concentraciones en nuestro planeta pero, sin embargo, es muy elevada en los objetos celestes. El profesor Iturralde sostiene que el gran corte de roca de unos novecientos metros de espesor que se puede contemplar en la Sierra del Rosario es único y se formó a consecuencia del violento impacto, hace sesenta y cinco millones de años. Aquí es donde, precisamente, tendrán que trabajar varios investigadores españoles de la Universidad de Zaragoza. Según confirmó a ABC un miembro del Departamento de Ciencias de la Tierra de ese campus, el profesor Eustoquio Molina y varios miembros de su equipo, especialistas en Cretácico y Terciario, trabajarán en Cuba para analizar los restos de material orgánico adheridos a esas rocas. Como dijo muy gráficamente el investigador cubano, las piedras, más que fotografías del pasado, son libros que están esperando a ser leidos por los investigadores.

Nueva especie de dinosaurio

Por otra parte, un equipo de paleontólogos de Chile ha completado la reconstrucción del 40 por ciento del esqueleto de una nueva especie de dinosaurio, que habría vivido en ese país hace unos setenta millones de años. Perteneciente a la familia de los titanosaurios, ha recibido el nombre de «Domeykosaurus chilensis», en homenaje a Ignacio Domeyko, un científico nacido en Polonia y que vivió en ese país suramericano hace dos siglos. Según han detallado los paleontólogos David Rubilar y Alexander Vargas, esta nueva especie que medía unos ocho metros de longitud y dos de altura vivía en el desierto de Atacama y era hervíboro.