Estos crustáceos «tienen mayor inteligencia que un cangrejo promedio» - ANTONIO MANZANARES

Los cangrejos ermitaños intercambian sus «casas» por orden de tamaño

Estas criaturas caribeñas utilizan conchas de otros animales como refugio y método de protección

ABC
Madrid Actualizado:

Los cangrejos ermitaños del pequeño cayo caribeño de Carrie Bow han desarrollado una red social para encontrar un mejor refugio. Esto es lo que han comprobado dos científicos de la Universidad de Tufts al estudiar el comportamiento de más de 1.000 crustáceos que viven en las orillas arenosas de esta menuda isla, según reseña la revista Scientific American.

Los Ceonobita clypeatus, al igual que otras cangrejos ermitaños, dependen de los depósitos de otras criaturas para utilizarlas como cáscara de protección, es decir, sus «casas». Publica la revista que si se le quita la «concha» a una de estas criaturas se podrá apreciar un abdomen rosa y blando que está por detrás de su cabeza, que parece un helecho.

Estas criaturas prefieren el cascarón de los caracoles aunque otros se decantan por las conchas de mejillones, almejas o vieras. Sin embargo, ante la ausencia de estos recursos recurren a trozos de madera, piedras y partes de botellas.

Cadena por una «casa»

Los investigadores Sara Lewis y Randi Rotjan viajaron a esta isla que está a pocas millas al suroeste de Belice para analizar a las poblaciones de corales, manglares y cangrejos. Comprobaron que estos crustáceos vivían muy ajustados en depósitos pequeños o con muchos agujeros. Cuando iban creciendo, cambiaban el «recipiente» por alguno más grande.

Lewis y Rotjan quisieron retar a los ermitaños y cambiaron drásticamente los objetos a su disposición en el cayo Carrie Bow. Colocaron 20 depósitos en muy buen estado y de tamaño más grande que los observados.

Estos animales intercambian conchas para vivir entre ellos

En Scientific American han reseñado que cuando uno de estos cangrejos encontraba una de estas «casas» grandes y relucientes la inspeccionaba con sus patas y antenas, después dejaba su depósito por un momento y de adentraba en el nuevo. Si tenía un tamaño acorde se quedaba con ella, una conducta clásica de cualquier cangrejo ermitaño.

Los investigadores comprobaron después que si la concha le resultaba muy grande, el cangrejo la dejaba aparte en algún lugar visible en un tiempo estimado de 15 minutos a ocho horas. Relatan los científicos que esto ya era un comportamiento inusual en estas comunidades. Con el tiempo otros crustáceos llegaban a examinar la concha uno por uno.

Si a estos animales también les parecía muy grande, la dejaban de lado y se iban aglomerando en un grupo, «incluso de 20 cangrejos». Nunca se reunían de forma aleatoria sino que se posicionaban uno sobre otro, ordenados del más grande al más pequeño, o como ellos denominaron «a cuestas».

La cadena sólo se rompía cuando llegaba un cangrejo afortunado al que sí le encajaba a medida el objeto proporcionado por Lewis y Rotjan. Tan pronto sus compañeros se percataban que habían un elegido, los de la cola empezaban a intercambiar sus conchas de manera que el más grande de ellos tomaba el refugio dejado por el afortunado y así sucesivamente. Nunca se había documentado una sucesión como esta por orden de tamaño.

Aunque también se documentó que el intercambio no siempre es «civilizado» y que algunos cangrejos «pelean» por obtener un refugio en mejores condiciones.

«Los cangrejos ermitaños realmente tiene que pensar y evaluar los recursos de sus conchas, porque en ellos se basa su vida y su muerte. Es interesante verlo desde esa perspectiva. Tienen mayor inteligencia que un cangrejo promedio», señala Lewis, que es reseñado por la revista.