Sir Tom Blundell: «Se necesitará tiempo para conocer los genes y utilizarlos como dianas de fármacos»

«Averiguar cómo interaccionan las proteínas para regular la actividad celular es un paso crítico para el descubrimiento de nuevos medicamentos», asegura el investigador Tom Blundell

A. AGUIRRE DE CÁRCER
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En la década de los sesenta, Sir Tom Blundell tenía sólo 27 años cuando en el laboratorio de la premio Nobel Dorothy Hodgkin contribuyó a dilucidar la estructura de la insulina. Ahora, con 60 años a sus espaldas, Blundell lidera un equipo de 500 investigadores en el Departamento de Bioquímica de la Universidad de Cambridge, al tiempo que dirige una puntera compañía de biotecnología dedicada a proteómica estructural, la disciplina que analiza las proteínas humanas para contribuir al diseño de nuevos medicamentos. Invitado por la Fundación Ciencias de la Salud y el British Council, explicó recientemente en Madrid los nuevos retos de la era  post-genómica.

-Cuando fue completado el desciframiento de la secuencia del genoma humano, Craig Venter y otros investigadores precisaron que las moléculas «de oro» para el diseño de fármacos no eran los genes, sino las proteínas. ¿Está de acuerdo?

-Mi apuesta personal es que los nuevos fármacos surgirán de la investigación sobre las relaciones entre genes y proteínas. La gran sorpresa de los últimos años fue constatar que el genoma humano es muy pequeño, lo que significa que la complejidad biológica reside en las interacciones entre proteínas. Mi área de investigación, tanto en el laboratorio de la Universidad de Cambridge como en la compañía que fundé, se centra precisamente en averiguar cómo se relacionan las proteínas para regular la actividad de la célula.

-Hace pocos años, rastreando en la secuencia inacabada del genoma, algunas empresas buscaban genes asociados a enfermedades que pudieran ser dianas de medicamentos. ¿Tiene éxito esa estrategia?

-Casi todas las compañías farmacéuticas disponen ahora de muchas más dianas para diseñar nuevos fármacos, pero se enfrentan a la dificultad de conseguir moléculas que interactúen con ellas. La mayoría de los fármacos no fracasan porque sus dianas resulten inapropiadas sino porque las moléculas terapéuticas desarrolladas no tienen las propiedades correctas. En mi opinión, las empresas de biotecnología que se limitan a analizar la secuencia de genes o a caracterizar proteínas no van a ser capaces de sobrevivir. Es necesario centrarse en las fases claves del descubrimiento de fármacos. Otro problema importante es conseguir un capital inicial suficiente. Las inversiones privadas suelen durar entre dos y tres años y es muy difícil conseguir resultados en este tiempo, dado que el tiempo medio de desarrollo de un nuevo medicamento es de diez años. La oportunidad para las pequeñas compañías de biotecnología reside en proporcionar metodologías y servicios a la industria farmacéutica.

-Ya sabemos que un gen no expresa una única proteína, sino que puede producir varias a través de un proceso llamado «splicing alternativo». ¿Cuál es la relevancia de este nuevo paradigma de la biología para el descubrimiento de fármacos?

-Lo importante es que prácticamente todas las proteínas implicadas en la regulación de la actividad celular serán dianas útiles para medicamentos. En mi laboratorio trabajamos con cinco genes que producen conjuntamente veinte factores de crecimiento en las células. Eso da idea del enorme problema combinatorio que supone la búsqueda de buenas dianas.  Se puede disponer ya de la estructura de los genes, pero llevará mucho tiempo conocerlos y utilizarlos como crear fármacos.

-¿Será objeto el proteoma humano de un proyecto internacional como el genoma, cuyo objetivo sería identificar todas nuestras proteínas?

-El proteoma es menos susceptible de ser abordado de forma automática y robotizada que el genoma. El problema con las proteínas es que son completamente diferentes. Y todas las interesantes dependen de otros componentes celulares, como las membranas, para alcanzar su estado activo. Intentamos abordar el problema definiendo primero la estructura de proteínas individuales para luego desarrollar métodos que nos permitan entender cómo interaccionan. El reto para los próximos años es muy diferente al que supuso la secuenciación del genoma humanos. Debemos automatizar este proceso todo cuanto podamos. Y aún así nos enfrentaremos a un trabajo de recolección de información enorme.

-Pese a las dificultades, ya se disponen de métodos para determinar la estructura de proteínas a partir de la secuencia de sus genes. ¿Cuáles son sus ventajas?

-La clave reside en automatizar todos esos pasos desde la secuencia de los genes a la estructura de las proteínas. En los años 60 participé en uno de los primeros proyectos de este tipo que tuvo éxito: la definición de la estructura de la insulina. Dorothy Hodgkin empezó  a trabajar en el proyecto en 1934, cuando ni yo ni ningún otro miembro de su equipo había nacido. Lo que antes requería treinta o cuarenta años, se hace ahora en dos o tres años. El objetivo es lograrlo en unas pocas horas con un sistema automático y robotizado.