Soumyajit Nandy

La ansiedad afecta a nuestra forma de tomar decisiones

Las personas con altos niveles de ansiedad responden más rápidamente ante la amenaza de peligros futuros

MADRIDActualizado:

Sentimos miedo cuando afrontamos un peligro inminente, como un tigre que acaba de aparecer en nuestra espalda. La ansiedad se activa cuando el peligro no es tan inmediato, y tenemos tiempo para sopesar nuestros próximos movimientos: por ejemplo, cuando vemos venir a un tigre en la distancia y podemos escoger entre escondernos o subirnos a un árbol.

Aunque la mayoría de nosotros no vive en la selva, el miedo y la ansiedad se activan constantemente ante todo tipo de situaciones cotidianas, como un examen, una discusión o un susto con el coche. Por ello, resulta interesante estudiar la base de estos comportamientos. Ahora, un estudio que se acaba de publicar en Nature Human Behaviour ha averiguado que el cerebro humano siempre responde igual de rápido a las amenazas inminentes, activando la huida. Pero que la velocidad de la respuesta ante las amenazas menos inminentes depende de los niveles de ansiedad: cuanta más ansiedad sufra una persona, antes huirá de una situación peligrosa.

«Si le dices a una persona ansiosa que hay un tigre en el edificio, querrá salir inmediatamente», ha dicho Dean Mobbs, primer autor del estudio e investigador en el Instituto tecnológico de California (Caltech). «El cerebro de personas ansiosas muestra una actividad más fuerte y más rápida (...) cuando se encuentran ante amenazas lentas». Por otra parte, la velocidad de respuesta ante amenazas inmediatas, como ese peligro que está justo delante de nosotros, es igual de rápida con independencia de los niveles de ansiedad.

A la vista de lo concluido por Mobbs, la toma de decisiones importantes en situaciones de ansiedad puede ser poco recomendable.

La respuesta del cerebro

Para llegar a estas conclusiones, los científicos analizaron la actividad cerebral de varios voluntarios mientras jugaban a una especie de videojuego. Los participantes eran atacados por un depredador virtual, y tenían que permanecer escondidos el máximo tiempo posible para ganar dinero. Si esperaban demasiado, el depredador les atacaba y sentían una descarga eléctrica en la mano. Si esperaban demasiado poco, ganaban poco dinero.

Gracias a estas pruebas, los expertos observaron que las amenazas rápidas activaron el circuito del miedo, localizado en la parte central del cerebro, entre una estructura conocida como sustancia gris periacueductal y la corteza mediocingulada. Sin embargo, las amenazas menos inmediatas activaron respuestas en la parte frontal del cerebro, en el circuito de la ansiedad, formado por el hipocampo y la corteza cingulada posterior (ambos implicados en la memoria y en el pensamiento sobre el futuro), así como el córtex prefrontal ventro-medial, implicado en tomar decisiones y en sopesar riesgos.

Los análisis mostraron que las personas con mayores niveles de ansiedad escaparon de sus atacantes virtuales antes que aquellas con menores niveles de ansiedad, pero solo en escenarios de amenazas lentas.

La importancia de sobreponerse

Según ha dicho Bowen Fung, el director de la investigación, esta es la primera ocasión en la que se obtienen evidencias de que este fenómeno ocurre en un entorno «real». También ha destacado que la investigación apoya la importancia de la estrategia de sobreponerse a la ansiedad, tanto si esta proviene la amenaza de un dolor futuro o de la culpa por acciones pasadas.

Song Qi, coautor del trabajo, ha destacado que la gente muy ansiosa ganó menos dinero que las personas más tranquilas, pero que estas escaparon con más frecuencia del depredador virtual. Por ello, ha recordado que, desde el punto de vista de la evolución, es importante que haya un equilibrio entre las recompensas ganadas con audacia y la supervivencia.

«La ansiedad es parte de la estrategia de las predicciones, y lleva a la prevención», ha dicho Qi. Sin embargo, ha añadido: «La ansiedad no está necesariamente construida para el mundo moderno. Hoy, podemos imaginar situaciones peligrosas que nunca ocurrirán». Por ello, este científico cree que cuanto más se pueda aprender sobre cómo todo esto funciona, más se podrá ayudar a las personas aquejadas de desórdenes de ansiedad.