Fidel pagés cuidando de un enfermo
Fidel pagés cuidando de un enfermo - Wikicommons

La anestesia epidural nació en España

Nuestra especial idiosincrasia por arrinconar a nuestros científicos ha provocado que la figura de Fidel Pagés haya desaparecido en la jungla del olvido

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Históricamente Aragón ha sido la patria chica de grandes médicos. A la nómina del universalmente reconocido Santiago Ramón y Cajal hay que añadir la figura de Miguel Servet y de Arnaldo de Villanova, entre otros.

Desgraciadamente en el imaginario colectivo ha quedado relegada la figura de uno de los grandes, el doctor Fidel Pagés Miravé (1886-1923). Un galeno oscense pionero en una técnica anestésica que se emplea diariamente en todos los hospitales del planeta.

Cirujano militar

Tras licenciarse de forma brillante en la Universidad de Zaragoza el doctor Pagés pasó a formar parte del Cuerpo de Sanidad Militar. Su especial habilidad con el bisturí propició que en 1909 fuese destinado a Melilla.

A los pocos días de su llegada al enclave africano tuvo lugar el Desastre del Barranco del Lobo, que se saldó con más de quinientos heridos y un centenar y medio de muertos. Aquel cataclismo desbordó a los profesionales sanitarios, hasta el punto de tener que habilitar el Teatro Alcántara, el casino militar y casas de particulares para atender a los heridos.

Durante aquellos días de intenso trabajo se fue fraguando en la mente del doctor Pagés cómo mejorar la administración de cloroformo y de éter para calmar el dolor de los soldados heridos.

En 1917 fue destinado, en una campaña humanitaria, al imperio Austro-Húngaro para inspeccionar los campos de prisioneros. Aprovechó su estancia para atender enfermos y realizar intervenciones quirúrgicas complejas.

Tiempos de guerra

Una fecha que siempre se cita en nuestros libros de historia moderna es el desastre de Annual, la gravísima derrota militar que sufrimos ante los rifeños comandados por Abd-el-Krim.

Las maltrechas tropas españolas contaron con una pléyade de experimentados cirujanos entre los cuales se encontraba el doctor Pagés. Nuevamente su carrera profesional se cruzó con la desesperanza ante una muerte segura y el dolor desgarrador provocado por las armas de guerra.

A mediados de junio de 1921, fruto de una imparable carrera innovadora, apareció un artículo firmado por Pagés en la Revista de Sanidad militar con el título: «La anestesia metamérica». Se trataba del primer artículo de la historia en la que se menciona una práctica que ahora conocemos como anestesia epidural y que supuso un importante hito dentro de la anestesia.

Pagés describía en pocas páginas, y de una forma magistral, el procedimiento preciso para llevar a cabo la anestesia epidural lumbar. En su artículo aquilata materiales, fármacos, procesos y complicaciones que se puedan derivar de la técnica anestésica.

Pagés no fue solamente un teórico, sino que a lo largo de su actividad profesional realizó casi medio centenar de intervenciones quirúrgicas empleando su novedoso método anestésico. Desgraciadamente, poco pudo disfrutar de las mieles del éxito ya que a los dos años de la publicación falleció de forma inesperada en un accidente de tráfico. Tenía 36 años.

Con su muerte la innovación anestésica quedó en el olvido y no fue hasta una década después cuando un cirujano italiano Achille Mario Dogliotti reclamó todo el mérito de la anestesia epidural, tras llegar a ella de forma independiente.

La suerte estuvo de parte del español. Un cirujano argentino, Alberto Gutiérrez, conocedor de los artículos del oscense, reivindicó su autoría y puso su nombre en el lugar que le correspondía: el inventor de la anestesia epidural.

Quizás, sólo quizás, deberíamos de mirarnos esa costumbre, ya centenaria, de no valorar nuestros hombres de ciencia. ¿Quién es capaz de recordar -sin mirar la Wikipedia- los méritos de Jerónimo de Ayanz, Ramón Silvestre Verea o Emilio Herrera?

M. Jara
M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.