La genética influye un 7% en la duración de la vida, según un nuevo estudio
La genética influye un 7% en la duración de la vida, según un nuevo estudio - Fotolia

Que tu abuela sea centenaria no significa que vayas a vivir más

Árboles genealógicos de 400 millones de personas demuestran que la genética tiene una influencia limitada en la longevidad

MadridActualizado:

Cuántas veces hemos oído comentarios como este o incluso presumido de algo parecido: «Mi abuela vivió hasta los cien años y su hermana llegó los 103. En mi familia duramos mucho, estamos hechos de buena pasta». Quizás sea cierto, pero es una verdad a medias porque los genes pueden influir en la longevidad bastante menos de lo que se creía. Esta es la principal conclusión a la que ha llegado una gran investigación que ha analizado los datos de más de 400 millones de personas conservados en árboles genealógicos online.

Los resultados, publicados en la revista «Genetics», son fruto del trabajo realizado por Calico Life Sciences, una empresa dedicada al estudio de la biología del envejecimiento, y Ancestry, una plataforma web de genealogía. Hasta ahora, los científicos estimaban que la heredabilidad (la importancia de la genética en una persona) de la vida humana oscilaba entre el 15% y el 30%. Pero el nuevo estudio, que ha utilizado un conjunto de datos mucho más amplio, lo reduce al 7%, e incluso puede ser algo menos. El motivo es que, según sus conclusiones, el porcentaje estaba sobrestimado debido al hecho de que elegimos cónyuges muy similares a nosotros. El resto depende de factores que no «traemos puestos» desde el nacimiento, como son el estilo de vida o el entorno sociocultural.

Partiendo de 54 millones de árboles genealógicos públicos que representan a 6.000 millones de antepasados, Ancestry eliminó las entradas redundantes y las de personas que aún vivían, uniendo los linajes restantes. Antes de compartir los datos con el equipo de investigación de Calico, Ancestry eliminó toda la información identificable de los árboles genealógicos, dejando solo el año de nacimiento, el año de la muerte, el lugar de nacimiento (el país o el estado dentro de los Estados Unidos), y conexiones familiares que conforman la propia estructura arbórea.

Terminaron con un conjunto de genealogías que incluían a más de 400 millones de personas, en su mayoría estadounidenses de ascendencia europea, cada una conectada a otra por una relación padre-hijo o una relación cónyuge-cónyuge. Luego, el equipo pudo estimar la heredabilidad del árbol al examinar la similitud de los años de vida entre los parientes.

Igual que el cuñado

Usando un enfoque que combina modelos matemáticos y estadísticos, los investigadores se centraron en los familiares que nacieron a lo largo del siglo XIX y principios del XX, y encontraron que las estimaciones de heredabilidad para los hermanos y primos son aproximadamente las mismas que se conocían. Pero, como también se observó en algunos estudios anteriores, notaron que la vida útil de los cónyuges solía estar correlacionada. De hecho, era más similar que entre los hermanos del sexo opuesto.

Esta correlación entre los cónyuges podría deberse a los muchos factores no genéticos que acompañan a vivir en el mismo hogar, un mismo entorno compartido. Pero los autores fueron más allá y compararon diferentes tipos de parientes políticos, algunos con relaciones bastante remotas.

El primer indicio de que algo más que la genética o el entorno compartido podría estar operando fue el hallazgo de que los cuñados y los primeros primos políticos tenían una longevidad parecida, a pesar de no ser parientes de sangre y no compartir generalmente los hogares.

El tamaño de su conjunto de datos permitió al equipo acercarse a las correlaciones de longevidad para otros tipos de relaciones más remotas, incluidos tías y tíos políticos, primos políticos y las diferentes configuraciones de cuñados. El hallazgo de que el hermano del cónyuge del hermano de una persona o el cónyuge del hermano de su cónyuge tuvieran una vida similar a la suya dejó claro que algo más estaba en juego.

Una pareja afín

Si no comparten antecedentes genéticos y no comparten hogares, ¿qué es lo que explica la similitud en la duración de la vida entre individuos con estos tipos de relaciones? Volviendo a su impresionante conjunto de datos, los investigadores pudieron realizar análisis que detectaron un apareamiento por afinidad selectiva.

«Esto significa que los factores que son importantes para la vida útil tienden a ser muy similares entre los miembros de la pareja», dice Graham Ruby, de Calico Life Sciences e investigador principal del estudio. En otras palabras, las personas tienden a seleccionar parejas con rasgos como los suyos, en este caso, cuánto tiempo viven.

Por supuesto, no es fácil adivinar la longevidad de una pareja potencial. «En general, las personas se casan antes de que uno de ellos muera», bromea Ruby. Debido a que no se puede contar la vida de alguien con anticipación, el apareamiento en humanos debe basarse en otras características.

La base de esta elección de pareja podría ser genética o sociocultural, o ambas. Para un ejemplo no genético, si el ingreso influye en la duración de la vida, y las personas ricas tienden a casarse con otras personas ricas, eso llevaría a una longevidad correlacionada. Lo mismo ocurriría con los rasgos más controlados por la genética: si, por ejemplo, las personas altas prefieren cónyuges altos y la altura está correlacionada de alguna manera con el tiempo que se vive, esto también influiría en las estimaciones de la heredabilidad del período de vida.

Al corregir estos efectos del apareamiento selectivo, el nuevo análisis encontró que la heredabilidad de la vida útil probablemente no sea más del 7% o menos. ¿El resultado? Cuánto tiempo vives tiene menos que ver con tus genes de lo que piensas.