Imagen del diente del que se ha secuenciado el genoma de un agricultor neolítico e hace 7.400 años y restos de cerámica de la cultura cardial, caracterizado por las impresiones realizadas con conchas de bivalbos
Imagen del diente del que se ha secuenciado el genoma de un agricultor neolítico e hace 7.400 años y restos de cerámica de la cultura cardial, caracterizado por las impresiones realizadas con conchas de bivalbos - Joan Daura y Montserrat Sanz/Pablo Garcia Borja
biología evolutiva

Desvelado el secreto del primer agricultor neolítico de la Península Ibérica

Un equipo de investigadores secuencia por primera vez el genoma completo del diente de una mujer de la cultura mediterránea cardial que vivió en la actual Vallirona (Barcelona) hace 7.400 años

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Cuando hace más de 7.000 años llegaron a la Península Ibérica las primeras migraciones de agricultores neolíticos procedentes de Oriente Próximo, en lo que hoy es España ya habitaba otra comunidad, la de los cazadores recolectores del mesolítico, cuyo exponente más conocido es el hombre de la Braña hallado en León. Obviamente, ambos eran muy diferentes. Mientras que los mesolíticos eran altos, robustos, de ojos azules y, curiosamente, de piel oscura; los neolíticos, sin embargo, eran más pequeños y esbeltos, y de piel más clara y ojos marrones. La secuenciación completa del genoma del primer agricultor ibérico –también el más antiguo de todo el área mediterránea– llevada a cabo por investigadores del Instituto de Biología Evolutiva del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra, en colaboración con el Center for GeoGenetics de Dinamarca, ha permitido saber cómo eran estos primeros «revolucionarios» llegados Europa y que trajeron la agricultura, desplazando en unos pocos siglos el modo de vida de los cazadores recolectores.

La cultura cardial es específica de la Península Ibérica

Carles Lalueza-Fox, del Instituto de Biología Evolutiva del CSIC, explica a ABC que «los agricultores del neolítico entran hace 8.000 años por dos rutas en Europa; la centroeuropea, siguiendo el curso del Danubio, que es la más conocida y de la que se han encontrado los restos mejor conservados; y la de la costa mediterránea, de la que no hay casi datos. Esta ruta mediterránea, es la que nos ha permitido localizar una cultura específica de la Península Ibérica, la de la cerámica cardial, y de algunas zonas del sur de Francia».

El interés de la secuenciación del genoma de este primer agricultor ibérico –agricultora para ser más exactos, puesto que se trata del diente de una mujer que vivió hace 7.400 años en la cueva de Cova Bonica, en la actual Vallirana (Barcelona)– está en que nos permitirá estudiar mejor cómo ha sido nuestra evolución a partir de los retos adaptativos que fueron superando nuestros ancestros. «Nosotros somos descendientes de los neolíticos de Vallirona, de los que fueron sobreviviendo a sucesivas epidemias y enfermedades y que fueron adaptándose a cambios en la dieta y modos de vida siglo tras siglo».

Retos adaptativos

Estas adaptaciones superadas o inacabadas nos permiten explicar, entre otras muchas cosas, por qué hay personas que tienen actualmente intolerancia a la lactasa (mutación no completada en muchas poblaciones del sur de Europa) y otras no presentan problema alguno al ingerir leche en edad adulta (las del norte de Europa). O también por qué los neolíticos del sur de Europa tenían la piel más clara que los cazadores del norte de Europa, también mas clara que los cazadores del sur de Europa (como el de la Braña); todos los mesoliticos, al menos del oeste de Europa, son muy parecidos. «Creemos que la dieta alimentaria influye mucho en la pigmentación de la piel. Mientras que los cazadores tenían buenos aportes de vitamina D a través de la carne, los agricultores tenían que suplir esa falta sintetizándola a partir de la exposición al sol, y para eso es más eficiente una piel clara» indica Lalueza-Fox.

Gracias a este análisis del nuevo genoma se ha podido determinar que los agricultores de la ruta mediterránea y de la centroeuropea derivan de una población ancestral común, la de los primeros agricultores que entran por Anatolia en Europa. Además, según adelanta Lalueza-Fox, «este estudio es solo el primer paso de un gran proyecto que pretende crear un transecto (mapa en el tiempo y en el espacio) paleogenómico ibérico, desde el mesolítico hasta la Edad Media, que nos permitirá comprender la génesis de las actuales poblaciones ibéricas».