Bondad, arrogancia... nuestro rostro provoca que, casi instantaneamente, nuestro interlocutor se forme una imagen que será difícil cambiar
Bondad, arrogancia... nuestro rostro provoca que, casi instantaneamente, nuestro interlocutor se forme una imagen que será difícil cambiar - Fotolia

La «primera impresión» que tienen de nosotros se forma en 40 milisegundos

Varios estudios han desvelado que nuestros rasgos faciales influyen directamente en la opinón que generamos en el resto del mundo

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Unos 40 milisegundos. Este es el tiempo que, según Alexander Todorov (de la Universidad de Princeton) tardamos en formarnos una opinión de un desconocido. Un tiempo menor al de un parpadeo y en el que es absolutamente imposible conocer el carácter de nuestro interlocutor. No obstante, es un espacio suficiente para observar cómo es el rostro del sujeto y que nuestro cerebro interprete, de forma casi inconsciente, si sus rasgos faciales nos inspiran confianza, peligro, o capacidad de mando. Una «primera impresión» que tiende a grabarse a fuego en nuestra mente.

Con todo, lo peor no es esta superficialidad, sino que estos prejuicios son inherentes al ser humano y hacen que, por el mero hecho de tener un rostro u otro, el futuro de una persona pueda variar. Y es que, parece ser que lo que importa no es el interior, pues nos vemos influidos directamente por los rasgos faciales del resto. «Aunque nos gusta creer que tomamos decisiones de forma racional, con frecuencia nos desvían las señales superficiales. Las apariencias son señales particularmente superficiales, y, sin embargo, muy fuertes»,explica Christopher Olivola, del Carnegie Mellon University, en declaraciones recogidas por la « BBC».

El «face-ism»

En palabras de Olivola, esta tendencia a hacerse una primera impresión de alguien en base a su rostro no era tan apabullante hace algunos siglos. Sin embargo, en la actualidad el culto a la belleza y a las celebridades ha hecho que las características (las atractivas, eso sí) del rostro sean determinantes e influyan directamente en nosotros.

Es lo que los expertos llaman el «face-ism» (el «carismo»). Es decir, la importancia de la cara en el provenir. De esta forma lo determinó el propio Todorov mediante un experimento en el que hizo que un grupo de personas eligiese a su candidato político favorito viendo tan solo unas fotografías. La respuesta fue casi unánime: los bien parecidos se llevaron la palma.

El «face-ism», esa primera impresión basada en el aspecto del rostro, también hace que sintamos que una persona es fiable o un líder en tan solo unos milisegundos. Así quedó corroborado mediante un experimento realizado en el ámbito castrense. Concretamente, este consistió en hacer que los oficiales de una unidad militar calificasen las dotes de mando de los nuevos cadetes tras verles unos segundos. En este caso, los que fueron mejor considerados aquel día ascendieron más rápidamente en los años siguientes. Todo, debido a su cara.

Lo mismo sucede con la honestidad, un rasgo que se transmite también mediante la cara y en apenas unos segundos. Esta idea también fue corroborada por un estudio en el que se pidió a un grupo que, tras ver unas fotografías de varias personas, eligiesen a quién le prestarían dinero de ellos. Una vez más, la mayoría coincidió en los mismos. Así pues, y según los expertos, unos rasgos determinados pueden modificar, incluso, el veredicto de un juez al dar la impresión de bondad y sinceridad.

«La gente le da mucho peso a las apariencias y olvidan lo que ya saben. Hoy en día, con los perfiles online, podemos formarnos impresiones antes de hablar con alguien, incluso antes de que conozcamos a la persona», explica Olivola. Así pues, lo mejor es no luchar y admitir esta triste realidad, pues no es una práctica de personas superficiales, sino del ser humano actual.