La ilustración muestra cómo la larva se adhería a la piel de los anfibios
La ilustración muestra cómo la larva se adhería a la piel de los anfibios - Yang Dinghua, Nanjing

Descubren un espectacular parásito chupador del Jurásico

Esta larva de mosca tenía todo el torso preparado para adherirse a la piel de los anfibios y chuparles la sangre, algo que nunca se ha visto en otro insecto

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Un grupo internacional de investigadores ha descubierto una larva de mosca fosilizada con un espectacular aparato de succión, nunca visto en ningún otro insecto extinto o no, que vivió en los lagos de agua dulce de la actual Mongolia Interior hace 165 millones de años, durante el Jurásico.

La larva, llamada «Qiyia jurassica» (Qiyia significa extraño en chino) llamó la atención de los científicos porque su tórax está enteramente formado como un plato de succión. Con él, el animal podía adherirse a las salamandras y chuparles la sangre con sus piezas bucales formadas como un aguijón. Hasta la fecha, ningún insecto que se conozca está equipado con un diseño especializado similar.

El fósil de «Qiyia jurassica»
El fósil de «Qiyia jurassica»

Según explica el equipo en la revista eLIFE, el parásito, una larva de mosca alargada de alrededor de dos centímetros de largo, se había sometido a cambios extremos en el transcurso de la evolución: La cabeza es pequeña en comparación con el cuerpo, con forma de tubo con un aparato bucal perforador en la parte delantera. La mitad del cuerpo (tórax) se ha transformado por completo por debajo en una placa de succión gigantesca; el cuerpo posterior (abdomen) tiene patas similares a las de una oruga.

Los investigadores creen que este inusual animal era un parásito que vivía en un paisaje de volcanes y lagos de lo que hoy es el noreste de China. En este hábitat de agua dulce, el parásito se arrastraba hacia las salamandras, se adhería con su placa de succión, y penetraba en la fina piel de los anfibios, con el objetivo de chuparles la sangre.

Seguramente no le iba nada mal, ya que esos lagos estaban plagados de salamandras. Muchos fósiles de estos anfibios han sido encontrados en el mismo lugar. Los científicos también hallaron alrededor de 300.000 fósiles de diversos insectos excepcionalmente conservados, pero el «chupador» fue un hallazgo inesperado. «No existen en la actualidad insectos con una forma de cuerpo comparable», dice Bo Wang, de la Universidad de Bonn.

Atrapada en pizarra

Que la extraña larva del Jurásico se haya mantenido tan bien conservada hasta nuestros días es debido en parte a la pizarra de grano fino en el que quedó atrapada. «Cuanto más fino es el sedimento, mejor se reproducen los detalles en los fósiles», explica Torsten Wappler, del Steinmann-Institut de la Universidad de Bonn. Las condiciones en el agua subterránea también han prevenido la descomposición por bacterias.

Sorprendentemente, no se han encontrado peces fósiles en la zona. Esta inusual ecología podría explicar por qué los extraños parásitos sobrevivieron en los lagos: los peces son depredadores de larvas de mosca y por lo general los mantienen a raya.

Por desagradable que los parásitos fueran para las salamandras, sus muertes no fueron causadas por las larvas de mosca. «Un parásito solo mata a su huésped a veces, cuando ha alcanzado su objetivo, por ejemplo, la reproducción o la alimentación», explica Wappler. Si «Qiyia jurassica» superaba la fase larvaria, se convertía en un insecto adulto después de completar la metamorfosis. Los científicos aún no tienen suficiente información para especular acerca del aspecto que tenía de adulta y cómo podía haber vivido.