Belén Díaz/De San Bernardo
MBFW Madrid

Repertorio de elegancia y belleza de Marcos Luengo

El diseñador asturiano despertó a una pasarela adormecida con un aire fresco de belleza y buen gusto. Estampados del pintor Charles Villeneuve y accesorios de la diseñadora Marga García Pinto completaron una magnífica colección

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El diseñador asturiano Marcos Luengo hace despertar a esta pasarela que parece adormecida. Inspiró aplausos y lo que más nos gustó: llenó la pasarela. Se pone las pilas, en palabras del creador, colección tras colección, y ya lleva siete en la Mercedes-Benz. «Esta pasarela está perdida si no nos ponemos las pilas. Es lo que yo quiero, que me sirva estar aquí como tarjeta de presentación para mi desarrollo internacional», nos comentaba en el backstage antes de iniciar el desfile.

La naturaleza para las propuestas de Primavera-Verano inspiran a casi todos los diseñadores. En este caso, el estampado que Marcos Luengo utilizó, delicado, venía de la mano del arquitecto y pintor Charles Villeneuve. Un aire fresco se empezó a respirar en la pasarela con las primeras propuestas, que eran delicadas, con movimiento, envolviendo la figura de las modelos. Las acuarelas parisinas plasmadas en esas telas delicadas y sugerentes nos transportaron de inmediato a la bella ciudad francesa, donde poder soñar y respirar. Momentos después hicieron su aparición dos estampados más del mismo pintor, en este caso florales, pero igual de delicados y bellos. Un tándem perfecto pintor-diseñador al que se unió la escultora Marga García Pinto, que con hojas naturales de ficus, arce y demás objetos de la naturaleza metalizándolos los convierte en broches, collares, pendientes y brazales. Complemento perfecto.

En ese discurrir de prendas vaporosas por la pasarela, cobran importancia los tejidos utilizados: raso de seda, gasa, satén, muselina, organza y macramé. «Yo busco el color, y es en los tejidos naturales donde puedo lograrlo», nos explicaba. Pantalones anchos combinados con blusas extralargas y de grandes aberturas trasera, se mezclaban con faldas largas y de volumen, hasta que hicieron su aparición en vestidos igual de fluidos pero ya sin estampación. Toma el relevo la paleta de colores naturales como el magenta, el verde, el blanco, el lila y, no podía faltar, el rosa. Los cortes asimétricos en los escotes de los vestidos, cuellos halter, cuellos rematados con cuero, fue un repertorio de elegancia y buen gusto.