Duran i Lleida, el oportunismo como credo político
Duran i Lleida, con Artur Mas en un acto - EFE
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Duran i Lleida, el oportunismo como credo político

Sin posibilidad su suceder a Mas y desdibujado su perfil de puente con el «establishment» de Madrid, el líder de Unió da el portazo aunque se mantendrá al frente de su partido y también como portavoz en el Congreso

ÁLEX GUBERN
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Josep Duran (Alcampell, Huesca, 1952) asegura que «no mató a Kennedy» pero que si pudieran «lo acusarían de ello». La frase en cuestión la pronunció el 15 de diciembre de 2012, cuando el acuerdo entre CiU y ERC parecía encallado y los sectores más independentistas culpaban al líder de UDC de su fracaso. Es verdad que desde el nacionalismo más radical siempre se ha visto a Duran como un «quintacolumnista», un «botifler» dispuesto a sabotear la «transición nacional», pero cierto también que, desde Madrid, la imagen de político templado que siempre ha cultivado se quebró con sus coqueteos con el mensaje radical de Mas, como si hubiera abrazado con la fe del converso el nuevo credo independentista de CiU. [ Galería de imágenes de Josep Antoni Duran i Lleida]

La cualidad de nadar siempre entre dos aguas ha sido una de las características de un político que ha sabido cultivar su imagen como nadie. Pero cuando las aguas de la política catalana se transformaron en «tsunami» y obligaron a tomar partido, Duran parecía más descolocado que nunca. Ni en un sitio ni en otro, su propuesta en favor de una España confederal emergía tan esotérica como la de un PSC igual de desorientado.

Tras salir indemne de los diversos casos de corrupción que han salpicado a su partido en los últimos años, el caso Pallerols y la asunción de culpabilidad han colocado a Duran en una situación crítica. Sin posibilidades de aspirar a la sucesión de Artur Mas, desdibujado su perfil de puente entre el nacionalismo catalán y el «establishment» madrileño, incómodo para los ahora socios de ERC, y también para sus aliados de CDC, Duran no navegaba entre dos aguas, más bien parecía ahogarse en ellas.

La sucesión de Pujol

Puede decirse que Duran ha visto cómo le pasaban varios trenes por delante y que nunca consiguió alcanzar. Su aspiración de implicar a CiU en tareas de Gobierno -su deseo de convertirse en ministro de Exteriores se ha glosado hasta la caricatura- no se concretó por las sucesivas fases de enfriamiento por las que han pasado las relaciones de CiU con el partido en cada época en la Moncloa.

Con todo, la gran frustración sin duda llegó cuando sus aspiraciones de suceder a Jordi Pujol fueron truncadas a favor de Artur Mas. En CDC nadie concebía que el líder de Unió -en realidad un partido de cuadros, con más cargos que militantes, como se dice- pudiese liderar la federación, y de hecho se especuló con que los sucesivos casos de corrupción que afectaron a Unió emergieron desde las cloacas de la federación, es decir, por deseo de su partido aliado. La inquina con que en privado, y a veces en público, muchos dirigentes de CDC se referían a Unió y a su líder llegó a sorprender por su virulencia.

Ahora, las discrepancias con Artur Mas en relación a la consulta soberanista no le han dejado otra vía que la salida. Pero, como acotumbra en su carrera política, será una decisión a medias. Deja la Secretaría General de la Federación, pero continuará al frente de su partido y también como portavoz en el Congreso.