La venta a granel, un negocio al alza en Barcelona
Establecimiento "Jaime J. Renobell", situado en el barrio del Born de Barcelona - INES BAUCELLS

La venta a granel, un negocio al alza en Barcelona

Se impone la cultura ecológica como ahorro; saber la procedencia y calidad de los productos es un atractivo

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La compra de alimentos a granel en tiendas tradicionales y especializadas se está imponiendo como tendencia. Está de moda, sí, pero también es una medida de ahorro en tiempos difíciles como los actuales en que la mayoría de estas tiendas se han traspasado o todavía cuelga en la puerta el cartel de «se alquila» o «se traspasa». En cualquier caso, sobrevivir es todo un mérito y tener largas colas en los establecimientos, un gran logro.

A base de esfuerzo, reinventarse y atención personalizada, tiendas a granel del barrio del Born (Barcelona) como «Jaime J. Renobell», fundada en 1945, y «La Ribera», fundada en 1941, han conseguido mantenerse en plena crisis económica e incluso aumentar ventas con una mayor especialización de productos. «Jaime J. Renobell» vende básicamente frutos secos, legumbres, productos ecológicos y caramelos, mientras que «La Ribera» se ha especializado en conservas de pescado y olivas.

Ambas tiendas empezaron su negocio cuando aún existía el Mercado Central de frutas y verduras de Barcelona, situado en el Born, al que proveían de frutos secos, embutidos, legumbres y demás productos y a través de los cuales fueron especializándose. En 1971 el mercado se trasladó al actual Mercabarna y el pequeño comercio a granel sufrió una primera gran crisis que se tradujo en el cierre y traslado de muchos establecimientos. Los que superaron el bache recayeron en una segunda crisis con caída de ventas en la década de 1980, de la que se sobrepusieron introduciendo productos nuevos.

A partir de entonces ha crecido la especialización y se han ido incorporando productos que pide la clientela, como es el caso de los productos biológicos y ecológicos, que están presentes en «Jaume Renobell» desde hace más de 10 años. Estos productos y el resto de alimentos que ofrecen están de moda porque el cliente valora su calidad y procedencia, cosa que se complementa con la voluntad de ahorro en tiempos difíciles: de precio, de embalaje, de tiempo o de almacenamiento. Además, la atención personalizada tradicional atrae a la clientela, al poder escucharles, aconsejarles y servirles individualmente, además de informarles sobre las propiedades del producto que están adquiriendo. «Cada cliente saca un ticket y los dependientes les atienden cuando les toca su turno», afirma a ABC Aleix, el dueño de «La Ribera».

Lejos de hacerse la competencia, la oferta de ambos establecimientos se complementa. Los únicos productos que comparten son las especias, bajo el sello de «La Barcelonesa», marca especiera que compró «Jaime J. Renobell» tras el cierre de ésta. Así, ambos establecimientos venden especias de procedencias muy diversas como la India o Marruecos. Destacan el Curry, la Curcuma, el típico Pimentón de la Vera, diversas clases de pimientas, azafrán y muchas otras que tienen gran éxito gracias a los nuevos hábitos de consumo y a los cambios en la dieta mediterránea española.

La consolidación de los establecimientos desde muchos años atrás les dota de confianza, por lo que mantienen una clientela fiel, combinada con nuevos adeptos, que prefiere trasladarse hasta el Born y comprar productos a granel con «calidad asegurada y evitando productos empaquetados de grandes superficies de dudosa procedencia», asegura una clienta a ABC.

El éxito de las compras de personas particulares se complementa con grandes abastecimientos que hacen a restaurantes de la ciudad u otros comercios, que conocen la especialización de las dos tiendas. Así, tanto «Jaime J. Renobell» como «La Ribera» ofrecen un servicio de reparto de pedidos determinados días a la semana con productos estrella de sus tiendas: diversas clases de arroces, legumbres de todo tipo y origen, frutos secos, especias, dulces y caramelos, conservas de pescado, entre muchos otros.

Parece que las tradiciones se recuperan y se mantienen las tiendas que funcionan a la antigua usanza donde se atiende personalmente, los productos se compran a granel y a peso. Imperan los productos ecológicos y la venta sostenible, sin empaquetado ni transgénicos, un atractivo para quienes estén cansados de los plásticos de los supermercados y la dudosa procedencia de los productos.