Autorretrato de Casas, de 1931
Autorretrato de Casas, de 1931 - mnac

El MNAC captura la mirada vertical de Gabriel Casas

El museo barcelonés dedica una muestra a uno de los fotógrafos más destacados del periodo de entreguerras

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El semanario catalán «Imatges» nació el 11 de junio de 1930 y sólo se publicó durante un año. Valía 40 céntimos y era un vivo reflejo del fotoperiodismo moderno muy en la línea de la revista francesa «Vu» y la madrileña «Estampa». Ahora podemos conocer de cerca a uno de sus grandes colaboradores gracias a la exposición «Gabriel Casas. Fotografía, información y modernidad» (1929-1939) que inaugura el MNAC en colaboración con la Obra Social La Caixa y el Arxiu Nacional de Catalunya.

Gracias a la hija del fotógrafo, Nuria Casas y a la labor del Arxiu Nacional D’Art de Catalunya (que cuenta con veinte mil fotos de Casas) podemos revisar su trabajo en unas condiciones óptimas. «Nos hemos centrado en el periodo 1929-1939 porque muestra a la perfección la singularidad este autor vinculado con las vanguardias internacionales y pionero de la corriente de la Nueva Visión», explica Juan Naranjo, comisario de la primera gran monográfica de Gabriel Casas.

«Es uno de los fotógrafos más importantes del periodo de entreguerras -concreta Naranjo-. Pero hasta la fecha sólo se le habían dedicado pequeñas muestras». Casas fue pionero porque renovó la estética de las fotos añadiendo movimiento, gestos y nuevos puntos de vista. En la exposición se pueden ver tres reportajes que hizo para Imatges. Uno de ellos sobre chimeneas, otro sobre la radio y otro sobre los vagabundos de Barcelona.

Crisis y analfabetismo

Casas dejó testimonio de la pobreza de las calles de Barcelona con retratos de niños desamparados y mal vestidos e interiores de algunas viviendas del Barrio Chino. «Fijó su objetivo en la crisis social y el analfabetismo que había en España y también reflejó la vida bohemia de la Ciudad Condal», destaca Naranjo que recuerda que Casas estuvo muy conectado con personajes influyentes de la modernidad de la talla de Salvador Dalí.

Los retratos son fabulosos y aportan mucha información. Son retratos de personalidades sin posar donde vemos sus aspectos psicológicos como es el caso de una fotografía de un juguetón Buster Keaton o el de Pau Casals al piano. «Al terminar la Guerra Civil, el fotógrafo fue represaliado y no pudo volver a trabajar para prensa, siendo limitado a fotografía industrial y publicitaria», afirma Naranjo.

El director del Arxiu Nacional, Josep Maria Sans i Travé desvela que la recuperación de las fotografías de Casas se inició en 1994, cuando estaban en manos del escultor Robert Llimós, negociando conjuntamente con la hija del fotógrafo, con la que el archivo se comprometió a poner en conocimiento del público general al autor.