Viaje a las entrañas de la «Tosca» del Liceu
La soprano Sondra Radvanovsky (i), en el de Floria Tosca, y Riccardo Massi (d), en el de Mario Cavaradossi, durante el pase gráfico de la obra "Tosca" - efe
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Viaje a las entrañas de la «Tosca» del Liceu

El Gran Teatre enseña las bambalinas del montaje de «Tosca» de Paco Azorín, cuyo tercer reparto debutó el miércoles por la noche

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Se trataba de un debut por el que había expectación: el del escenógrafo Paco Azorín como director de escena. Con 150 escenografías para todo tipo de espectáculos a sus espaldas, el flamante «regista» junto director técnico del Liceu, Xavier Sagrega, guiaron a la prensa por la escenografía que por estos días, y hasta el 25 de marzo, presenta el Gran Teatre de la pucciniana «Tosca», una de las óperas más populares del repertorio con la que Azorín ha mostrado sus credenciales creativas.

«Estoy muy contento con el resultado, creo que hemos conseguido lo que queríamos ahorrando bastante», apuntó el director ante un montaje de un coste de «solo» 230.000 euros (en otros circunstancias hubiese pasado los 300.000), quien además explicó que gran parte del mérito por lo conseguido es del equipo técnico del teatro, ya que además de participar activamente en el desarrollo del proyecto, «me dieron muchas ideas que nos permitieron utilizar elementos de la infraestructura del propio Liceu y reciclar otros tantos, como el vestuario del coro, original de un “Orfeo” de Monteverdi».

Los liceístas podrán ver en junio otra de sus propuestas este curso, aunque solo como esconógrafo, en el programa doble «Il prigioniero / Suor Angelica», aunque el año próximo volverá como «regista» con «La voce in off», de Montsalvatge, y «La voix humaine», de Poulenc. «Quiero hacer ópera sostenible, sobre todo en los momentos de crisis económica que estamos viviendo», sentencia.

Tercer reparto

Tres son los repartos que se alternan en este título pucciniano. A los dos primeros, que estrenaron el sábado y el domingo pasado, se unió el miércoles el tercero contando una vez más con el tenor José Ferrero, visiblemente más tranquilo que en su apresurado debut –llegó en último momento para reemplazar a un compañero enfermo-, con la incorporación de Fiorenza Cedolins en el papel protagonista y de Vittorio Vitelli como Scarpia.

La soprano italiana tiene tablas y temperamento, conquistando con su personal visión de la diva, aunque con la proyección mermada y una zona grave ya muy débil; lo cantó todo en la boca del escenario, pero así y todo su voz no acabó de llenar la sala. Su fuerza interpretativa se comió al débil e inapropiado Vitelli, un Scarpia que no infundía ni siquiera respeto cuando lo que debe proyectar es terror; sus graves inexistentes fueron su principal lastre interpretativo.