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Mezquita en La Monumental, una carambola urbanística

La familia Balañá niega estar en conversaciones con Qatar para transformar la centenaria plaza

à. gubern - Actualizado: Guardado en: Actualidad

La posibilidad de que Barcelona se convierta en la ciudad con la tercera mezquita más grande del mundo está abriendo una amplia controversia en la capital catalana. El emir de Qatar, Tamin bin Hamad al Zani, habría puesto sus ojos, y su extraordinaria capacidad financiera, en la plaza de toros Monumental de Barcelona, sin espectáculos taurinos desde la prohibición de 2011, en una operación que ya contaría con el OK de la familia Balañá, propietaria del coso, y que se embolsaría nada menos que 2.200 millones por la venta. Un negocio tan redondo para la propiedad como el coso de la centenaria Monumental. No obstante, este mediodía el Grupo Balañá ha negado estar en conversaciones con Qatar en relación al proyecto. El alcalde de Barcelona, Xavier Trias, ha mostrado por su parte incredulidad sobre el proyecto, asegurando además que el Consistorio no tiene conocimiento, ni directo ni indirecto, del mismo.

Sea como fuere, el grupo del PP en el Ayuntamiento de Barcelona ya avanzó ayer su oposición a la operación. La macromezquita tendría una capacidad para 40.000 personas, lo que la convertiría en la tercera con mayor capacidad del mundo, según avanzó ayer el diario 20 Minutos.

No es la primera vez que se especula con la posibilidad de que la Monumental albergue una mezquita, aunque, como en anteriores ocasiones, el Ayuntamiento asegura que nadie ha presentado plan alguno al Consistorio. «No hay ninguna novedad. Aquí no tenemos constancia», asegura a este diario un portavoz municipal.

Con calificación urbanística de equipamiento (un centro religioso cabría bajo ese paraguas), y arquitectónicamente protegida, la reconversión de la Monumental no es fácil, en tanto que debería conservarse en su integridad, incluyendo el albero, los tendidos y, por supuesto, su fachada. Algunos detalles que han trascendido, como la pretensión de levantar un minarete de 300 metros de altura (la torre más alta de la Sagrada Familia tendrá 120 metros una vez esté concluida), levantan cierto escepticismo sobre la solidez del proyecto.

Fuentes conocedoras de las negociaciones deslizan en este sentido que la familia Balañá podría estar jugando la carta de la mezquita para intentar forzar al Ayuntamiento a una negociación de carácter amplio, en la que también se pusiesen sobre la mesa varios de los inmuebles con que cuentan en Barcelona.

La prohibición de las corridas de toros, con una indemnización para los propietarios de la plaza que la Generalitat pretende que ronde los 300.000 euros, acabaría convirtiéndose así, por la vía de la carambola urbanística, en una interesante operación para los Balañá.

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