Fachada de la Antigua Cerería Lluís Codina
Fachada de la Antigua Cerería Lluís Codina - inés baucells

Comercios emblemáticos: patrimonio en riesgo

Intentan sobrevivir a las subidas desorbitadas de los alquileres

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Que no acaben siendo un recuerdo del pasado. Escondidas entre nuevas franquicias y decenas de macrocentros comerciales, centenares de tiendas emblemáticas -389 según el Ayuntamiento- intentan sobrevivir en Barcelona, una ciudad cosmopolita y a la última que hasta hace poco sólo miraba hacia el futuro y ha tenido abandonadas estas auténticas joyas.

Son locales como la Casa Beethoven, la cerería Subirà, el colmado Quílez, Can Culleretes u otros muchos ejemplos, que llevan casi un siglo levantando la persiana a diario. Además de ser patrimonio de la historia de la ciudad lo son también en cuanto a decoración y estilo, y es que muchas cuentan con estilos señoriales, con acabados en mármoles o madera y rótulos con estilos clásicos.

A pesar de este enorme potencial, Barcelona las había tratado durante décadas como tiendas cualquiera. Durante los últimos años, además de competir con locales nuevos y modernos han tenido que capear las subidas desorbitadas de alquileres, que este año además tienen un añadido extra: en diciembre la Ley de Arrendamiento Urbano (LAU) cambiará y los propietarios tendrán libertad para actualizar las rentas antiguas.

Esta actualización afectará a locales tan populares como el Quílez, la pastelería La Colmena, telas El Indio, o la cerería Codina. Precisamente el mítico Quílez puso la alarma a principios de febrero, después de anunciar que no podría seguir en su local por culpa de la subida de alquiler que le querían imponer. La numismática Monge o la pastelería Fargas son otras de las tiendas en riesgo de desaparición por los mismos motivos.

Otros han tenido más suerte, ya que el Ayuntamiento ha intercedido por ellos. Es el caso de la cerería Subirà o el bar Marsella, ubicados en edificios de titularidad municipal a los que les han renovado el contrato por diez años. Por desgracia, muchos no han aguantado los esfuerzos y han tenido que cerrar o trasladarse, como la juguetería Monforte o el Palacio del Juguete.

«Tenemos que hacer magia»

«Más del doble de las tiendas que seguimos abiertas en Barcelona tenemos contratos de alquiler», explica Josep Maria Roig, propietario de la pastelería La Colmena, secretario de la Asociación de Establecimientos Emblemáticos -en los que hay aglutinados 115 establecimientos centenarios o de interés arquitectónico- y uno de los comercios afectados. Desde hace unos años pagaba unos 1.000 euros al mes por su local, ubicado al lado de la plaza Sant Jaume, y con la reforma su alquiler se disparará hasta los 9.000 euros. «Con la crisis tenemos que hacer magia para que nos salgan las cuentas y a partir de ahora necesitaremos un milagro, pero haremos lo que podremos», se lamenta Roig, que lamenta que en los últimos años se han destruido muchos comercios de los que ahora solo queda poco. Como la antigua farmacia Vilardell, en Gran Via con Pau Claris, que conserva sus rótulos pero se ha reconvertido en una entidad bancaria.

La casa Gallofré, que cumplió 100 años el pasado enero, es una de las pocas afectadas a las que se le ha resuelto el problema, en parte quizás por la presión ciudadana para salvar estos comercios. «Llevábamos 15 años con un contrato de unos 1.600 euros y nos o han renovado para diez años con las mismas condiciones», detalla Rosa Maria Gallofré, copropietaria de la tienda familiar de Sant Antoni por la que ya han pasado cuatro generaciones.

«O nos mantenían el alquiler o cerrábamos, porque con las obras del mercado está siendo complicado tirar adelante... ¡Y todavía nos quedan cuatro años!», señala Rosa Maria. A pesar de las trabas, la familia Gallofré, como las tantas tiendas emblemáticas se aferran a su prestigio conseguido con el paso de los años, más que a las ayudas oficiales, para seguir levantando la persiana muchos años más.