tribuna abierta

El espíritu pacífico y democrático del «prusés»

Una de las características del proceso secesionista catalán es el cinismo como herramienta fundamental de manipulación

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No me canso de repetirlo: una de las características del proceso secesionista catalán es el cinismo como herramienta fundamental de manipulación. Cinismo y vulgarización conceptual para que hasta los niños entiendan y repitan las bondades del separatismo. Entre sus eslóganes más populares -convertidos en mantra- está aquél que dice que “el proceso es pacífico, democrático y no violento”, siempre dicho en tono festivo y jovial. La paradoja es que obvian o justifican torticeramente que pretenden saltarse las leyes y el Estado de derecho.

Pero, ¿cuál es el auténtico espíritu que se esconde detrás de este movimiento? ¿Qué es lo que mueve a los líderes del separatismo? Lo cierto es que –de forma muy inteligente- se han apoderado del “sí” como elemento central de una narración supuestamente constructiva, pero fijémonos que el “sí” secesionista se nutre de un “no” atávico a lo español (incluso a lo diferente), una especie de auto-odio a su propia españolidad catalana que marca una claro trasfondo hispanofóbico.

Naturalmente, lo que estamos viviendo en nuestros días es un largo proceso que arranca desde el principio de nuestra democracia. Por aquél entonces (en 1977), el ex Molt Honorable Jordi Pujol afirmaba cosas como estas: “El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido. Si por la fuerza del número llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña”. Posteriormente, se disculpó.

Lo expresado por Pujol no es una excepción, sino más bien un sentir que vertebra la sensación de superioridad moral de los próceres independentistas. Escuchemos a Heribert Barrera: “El cociente intelectual de los negros de Estados Unidos es inferior al de los blancos. Por razones de unos derechos morales e históricos, reivindico que Cataluña sea monolingüe, es más difícil integrar a un latinoamericano que a un andaluz. El único recurso que tendremos para subsistir es ser un grupo étnico, una minoría nacional en el territorio de Cataluña”.

En 2008, Oriol Junqueras se explaya como genetista: “Los catalanes tenemos más proximidad genética con los franceses que con los ‘espanyols’; más con los italianos que con los portugueses”, tratando de diferenciar genéticamente entre “españoles” y “catalanes”. Y el catedrático de Filosofía Josep María Terricabras hablaba de la necesidad de “demostrar a la UE que los catalanes no somos españoles”.

Artur Mas, el Gran Timonel del “prusés”, rescató un discurso de Macià de 1932 que decía así: “Renacido el espíritu de nuestra raza, toma posesión victoriosa de esta fortaleza, para celebrar de nuevo Cortes, que dictarán leyes nuestras, en nuestra lengua”.

Parece que el “pacífico” y “democrático” proceso está basado en concepciones muy poco democráticas y más que cuestionablemente pacíficas. Lamentablemente, el nacionalismo catalán parece no haber superado los tiempos en los que la política se basaba en la raza, los “pueblos” y la genética.