La mosca

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En Cataluña, cada vez son más los ciudadanos que están con la mosca detrás de la oreja y desconfían del zumbido del “proceso” que revolotea a su alrededor. Cada vez son más los ciudadanos catalanes que no se fían de un nacionalismo que divide y enfrenta, un Govern que gobierna poco y un Parlament que prácticamente no legisla. Por no hablar de unos Presupuestos de ficción que incorporan ingresos que no existen. Quienes han gobernado Cataluña durante décadas y nos han conducido a la situación actual –“caso Pujol” y otros incluidos-, ¿construirán la Cataluña utópica que prometen? Cada vez hay menos gente que cree –cuestión de fe, sin duda- en la Arcadia Feliz –mejor gestión, más empleo, servicios y transparencia y menos corrupción: “el país de todos”-, que augura el nacionalismo catalán en una Cataluña independiente.

Las encuestas –cierto, son la fotografía de un momento, pero marcan tendencia- anuncian el zumbido de la mosca detrás de la oreja. Dato que retener: a la pregunta si “Cataluña debería ser un Estado independiente”, contestan afirmativamente el 44,3% de encuestados en 2012, el 48,5% en 2013 y el 36,2% en 2014. Y el “no” a la independencia ya se impone al “sí” (45,3% frente a 44,5% de los encuestados). La cosa se enfría. Y eso que el constitucionalismo todavía está despertando del letargo y la táctica del Estado ha consistido simplemente en decir “no” a las exigencias del nacionalismo catalán. El globo independentista picha y solo van quedando los de siempre, los de la “ceba”. Añado: el “proceso participativo” del 9-N no fue una victoria si tenemos en cuenta que el sí-sí recogió un tercio del censo de “participantes”. En 2012, Artur Mas anticipó las autonómicas pidiendo una “mayoría excepcional”. Perdió doce escaños. ¿Qué puede suceder ahora? El “proceso” puede recibir otro varapalo. El ciudadano tiene la mosca detrás de la oreja. Y la victimización a que da lugar la querella, solo convence -el “proceso” es endogámico- a los convencidos. La “ceba”, otra vez.