porque hoy es sábado

Cuentos y recuentos

xavier pericay
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No seré yo quien afirme que esto del nacionalismo catalán es un cuento. Y menos en vísperas de la entrevista entre Rajoy y Mas, no vaya a suceder que el presidente del Gobierno se relaje más de lo habitual y, confiado en la capacidad de fabulación de su interlocutor y en la inconsistencia de sus demandas, acabe bajando la guardia. No, el nacionalismo catalán no es un cuento o, lo que es lo mismo, en Cataluña, nacionalistas haylos, y muchos. Pero entre lo real y lo narrado media un buen trecho. Esta semana lo hemos comprobado. Por un lado, el informe sobre las balanzas fiscales presentado por Ángel de la Fuente, director de la Fundación Fedea, demuestra como Cataluña, aun siendo una de las Comunidades Autónomas más perjudicadas por el actual sistema de financiación, no es en modo alguno la que más razones puede tener para la queja. Y, sobre todo —y ahí está el cuento—, existe en los distintos parámetros de cálculo una diferencia notoria entre las cifras facilitadas por la Generalitat y las resultantes del presente trabajo. La inflación alcanza, grosso modo, un 100%.

Por otro lado, esta misma semana Sociedad Civil Catalana ha hecho público un estudio dirigido por Josep Maria Oller, catedrático de Estadística de la UB, y realizado a partir del recuento, uno a uno, de todos los participantes en la llamada Vía Catalana del 11 de septiembre de 2013, según aparecían en la Gigafoto de la propia ANC. Pues bien, las conclusiones resultan aún más aparatosas: no fueron 2.300.000 personas, ni dos millones, ni siquiera 1.600.000, como pregonaron entonces los bravucones del régimen; los «encadenados» apenas llegaron a 800.000 —de los que habría que descontar, aunque sólo sea para no exponerse a una acusación por abusos, a más de 130.000 niños—. Aquí la inflación, por lo tanto, es todavía mayor: del orden de un 300% en el peor de los casos, y de un 200% en el mejor.

¿Que no dejan de ser una deuda considerable, la primera, y una movilización notable, la segunda? Sin duda. Pero al pan, pan, y al vino, vino. Sobre todo cuando sobre el cuento de las cifras se pretende edificar el nacimiento de una nación.