porque hoy es sábado

Libres e iguales

xavier pericay
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Todo manifiesto es un rayo de esperanza. O, como mínimo, aspira a serlo. Pero, al mismo tiempo, todo manifiesto tiene como causa profunda una disfunción, algo que no queda más remedio que denunciar públicamente porque no funciona. En el «Manifiesto de los Libres e Iguales» que unos cuantos conciudadanos presentamos el pasado martes en Madrid esa disfunción es el Estado. Sí, el Estado en España no funciona como es debido. En el mejor de los casos chirría. En el peor, se atasca y cuesta Dios y ayuda reanimarlo. Habrá quien objetará que, de no ser por Cataluña, por lo que está ocurriendo ahora mismo en Cataluña, no habría habido manifiesto. Sin duda. Pero lo que está ocurriendo en Cataluña no es sino la expresión más hiriente de ese desarreglo estatal. Un desarreglo que viene de lejos y al que nunca se ha querido poner remedio. Nuestro Estado de las Autonomías ha confiado en la bondad del nacionalismo, y en particular del catalán. Aquello de «los catalanes son gente seria, laboriosa, emprendedora, gente con la que se puede contar; es verdad que tienen sus cosas, pero ¿quién no las tiene?», ha sido la constante. Y la figura del otrora «hombre de Estado» y hoy independentista Jordi Pujol, la encarnación política de ese espíritu, en el que, sobra añadirlo, «catalanes» y «nacionalistas catalanes» eran uno y lo mismo. Incluso quienes maliciaban de esa bondad del nacionalismo catalán y lo reducían todo a una cuestión de rédito contante y sonante —competencias, financiación, etc.—, nunca llegaron a imaginar que el escorpión, como en la fábula, se atrevería a picar a la rana. Y en esas estamos. O casi. Y el drama es que el Estado, en todas y cada una de las instituciones que lo forman, se halla como indefenso, sin iniciativa, confiando en que finalmente el escorpión, por su propio interés, desista de sus propósitos. Pero el escorpión, a qué engañarse, lleva el morder en su naturaleza. Y no desistirá. De ahí que el Estado deba tomar conciencia, de una vez, de la situación y actuar en consecuencia. Como deben hacerlo todos los españoles defensores del bien común y de su tan preciada condición de ciudadanos libres e iguales.