el mentidero

Cómo evitar o provocar una foto

Ya no basta con aplicar las normas elementales de diplomacia, pues la irrupción en política de una hipotética Cataluña separada de España ha redoblado la presión sobre estos profesionales

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Desde aquí un sentido homenaje a ese sufrido colectivo dedicado al protocolo. Ya no basta con aplicar las normas elementales de diplomacia, pues la irrupción en política de una hipotética Cataluña separada de España ha redoblado la presión sobre estos profesionales debido a las prisas de Artur Mas por ser tratado como el presidente de un país independiente. Lo vimos en aquel plante a Soraya Sáenz de Santamaría, consecuencia de la negativa del nacionalista a ser telonero de la vicepresidenta española en una reunión de Fomento del Trabajo. Quienes justificaron públicamente ese gesto de soberbia admitían en círculos presidenciales que no hay manual protocolario que lo avalara.

Por el contrario, organizar un acto con autoridades implica a menudo esconder más que exhibir. Eso va para todos. Destacar el esfuerzo realizado hace varias semanas en la celebración del 75 aniversario de la Agencia EFE en Barcelona, que contó con la presencia de Santamaría. El objetivo en ese caso era evitar que la número dos del Gobierno español posara ante una foto de la Vía independentista de la Diada de 2013 incluida en la exposición conmemorativa. Más recientemente, concretamente el pasado jueves, no hubo manera de «pillar» a Artur Mas junto a una imagen bélica en la inauguración del Salón del Cómic de Barcelona, donde este año se han homenajeado las historietas militares tipo «Hazañas bélicas». Obviamente, se habría sacado punta a la instantánea, pero hay que predicar con el ejemplo y si se invoca el derecho a sonreir -pues no hay cóctel, conferencia, merienda o entrevista donde el líder de CiU omita la cuestión secesionista- o la necesidad de no tomarse las cosas tan en serio, hay que empezar por uno mismo. Observen si no a Ramon Tremosa, cabeza de lista de CiU en las elecciones europeas. Lo mismo te canta un Gospel que interpreta al piano un par de canciones de Lluís Llach. No lo hace mal y si con eso se anima la campaña, mejor. Se agradece algo de desenvoltura para superar el «spleen» europeo en el que nos han sumido los políticos. Siempre nos quedará Esperanza Aguirre y su envenenado elogio al candidato del PPC Santiago Fisas: «Santi ha sido un gran deportista aunque no lo parezca ahora».

Nada risible es la presencia de Pasqual Maragall en un mitin de ERC. Me cuentan que existía un pacto entre caballeros sobre no usar la figura del ex presidente catalán, aquejado de una grave enfermedad, con fines políticos. Y si ya sentó mal en las filas socialistas que el ex líder del PSC, Jordi Martí, colgara en Twitter una imagen suya con Maragall, la aparición de éste en el acto de los republicanos ha causado indignación. Una foto, ésta sí, provocada.