la nada nadea

Descreído

Mientras los solidarios celebran en despachos el cierre de una planta donde se ocupaba a niños, las familias de estos maldicen la desaparición de la única oportunidad para mejorar su situación

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UGT y CCOO se han hecho separatistas. Los socialistas franceses defienden y aplican las políticas de austeridad que aquí Valenciano atribuye a Merkel y a la troica, amén de perseguir a los gitanos. Xenofobia socialista. El Partido Popular cree en las subidas de impuestos cuando las cosas están feas; lo del liberalismo era una cosa de broma, o una excentricidad que se permiten cuando todo funciona bien, cosa que -en su visión- solo sucederá sobre unas bases de férreo intervencionismo acompañado de la sangría fiscal de la gran clase media. A su lado, los comunistas españoles son unos revisionistas. La monja favorita de los separatistas es una defensora del aborto. Luego hay otra monja, muy querida también, que preguntada por un solo político limpio puso como ejemplo al presidente de un partido con la sede embargada por corrupción, con el secretario general imputado por corrupción, con una retahíla de casos en su triste historia comparable a una rica y larga ristra de chorizos de Cantimpalo.

El diario más nacionalista y el más antinacionalista fueron durante años propiedad de la misma persona. Las más reputadas organizaciones no gubernamentales, so capa de contribuir a la lucha contra las desigualdades y a la justicia social, establecen rígidos códigos de gestión a los receptores de sus ayudas (nuestras ayudas, en realidad), de modo que colocan a los auxiliados en posición de inferioridad competitiva. Mientras los solidarios celebran en despachos de Dublín, Londres, París o Barcelona el cierre de una planta donde se ocupaba a niños, las familias de estos maldicen la desaparición de la única oportunidad que han conocido para mejorar su situación. Huelga decir que los padres o abuelos de esos rigidísimos solidarios trabajaron de niños para levantar sus países. Mi propio padre vendía diarios a los doce años, y gracias a ello se comía en su casa cuando mi abuelo estaba encerrado en el Castillo de Montjuic. Cuánto incauto crédulo seguirá creyendo en los sindicatos, en la izquierda o derecha convencionales, en monjas abortistas, en lobitos buenos de CiU, en los principios de algunos magnates, en aquella ONG.