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Más imaginación donde habita el delirio

Mariano Rajoy le ha pedido más imaginación al nacionalismo catalán, y en eso se nota que Rajoy es un guasón, porque pedirle más imaginación al nacionalismo catalán es como pedirle más testosterona a Warren Beatty

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Mariano Rajoy le ha pedido más imaginación al nacionalismo catalán, y en eso se nota que Rajoy es un guasón, porque pedirle más imaginación al nacionalismo catalán es como pedirle más testosterona a Warren Beatty o a Julio Iglesias, o como pedirle más curvas a Marilyn Monroe o a la carretera hasta Cadaqués. El último golpe de imaginación creativa del nacionalismo es casi insuperable, pues tras un arduo proceso de investigación se ha llegado a la conclusión de que Erasmo de Roterdam ni era Erasmo ni era de Roterdam: se llamaba Ferrán y era catalán. Catalán como Colón, como Cervantes, como el Quijote, como Juana la Loca y como los reyes de Castilla... ¿Más imaginación?... Pues, no sé, que Mao Tse-tung nació en Maó pero pasó su infancia en Sa Tuna de Begur donde le llamaban «el chino». Ya lo dijo ayer Artur Mas en su mensaje institucional, que el pueblo catalán «es un pueblo alegre», y con esa misma alegría va otorgando partidas de nacimiento para regodeo y solaz de la Historia y de los historiadores. Erasmo de Vilanova y Don Quijote de un lugar de la Plana de Urgel de cuyo nombre no quiere acordarse. Está el catalanismo pintón tan enfrascado en teñir de rojigualda las banderitas de sus grabados bélicos que se les presenta de mañana Soraya Sáenz de Santamaría, la vicepresidenta, y se les convierte en la estrella de Sant Jordi. Soraya la de las tres en raya, que nunca se sabe si viene de hacer la compra o a merendarse a alguien, y que mantuvo todo el día a la inteligencia catalanista, o sea, a Francesc Homs, apoyado detrás de las columnas y de un Avui con dos agujerillos a ver si se enteraba de los porqués y de los porquiénes.

En fin, un pueblo alegre que ayer comenzó su cuenta atrás de trescientos sesenta y cinco días hasta que el próximo Sant Jordi Carme Forcadell, como presidenta de la Asamblea Nacional Catalana, declare la independencia de la República de Cataluña, para la cual ya lo tiene todo previsto, incluso el perfil con el que se acuñará la moneda, que no será el de Artur Mas (por más que él se ponga de perfil) sino, precisamente, el de Erasmo de Vilanova, antes Roterdam. Y todos a comprar rosas y libros con ella. Y pide Mariano más imaginación...