la nada nadea

Mucho Madrid

Es una víctima de la política de inmersión lingüística aplicada al revés de lo que sus defensores documentados (los de verdad) predican

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La lección parlamentaria del martes no fue política; de eso no han aprendido nada quienes la recibieron. Iban a cubrir un trámite de la hojarruta separatista, y lo cubrieron. A los oyentes puede servirles, sí, para refrescar el abecé de la democracia, una introducción al Derecho Constitucional de carácter divulgativo, sin citar artículos. Sabe Rajoy que en caso contrario la audiencia habría desconectado, al menos mentalmente. ¿Dónde está la lección?

Está en la observación de la conducta humana. En concreto, la de los dos separatistas que acudieron al Congreso, que son Turull y Rovira, pues Herrera no está por la labor. Otra cosa es que el ciclista bajo cuyo mando circula el viejo PSUC vaya tan perdido como los movimientos, tendencias y aun pulsiones que acogen las siglas ICV; y que esté haciéndole el juego, pobre, a una estrategia clasista, xenófoba, reaccionaria e inútil. Allá él. La lección, repito, está en Turull y Rovira. Sobre todo en Rovira.

Es una víctima de la política de inmersión lingüística aplicada al revés de lo que sus defensores documentados (los de verdad) predican. Siendo consejero de Educación, Ernest Maragall apostó, de modo coherente, por esa doctrina, contraria a primar la lengua materna, o sea, contraria a la ONU. Así, propugnó para los educandos de la Cataluña profunda, de ambiente catalanoparlante, la inmersión en castellano. Otra cosa es que luego se rilara por la que le cayó. Allí pudo comprobar Maragall, y con él todos, que lo de la Generalidad no responde al seguimiento de una u otra opción sociolingüística, sino a la discriminación pura y dura de una lengua concreta. Rovira es la prueba de un fracaso. Muestra lo contraproducente que resulta la ingeniería social nacionalista. Unos años en Madrid le irían muy bien para ensanchar horizontes; que se lo pregunte a sus conmilitones (y víctimas) Ridao y Puigcercós. A Rovira le conviene Madrid, mucho Madrid, para ser más competente, para descubrir el mundo. Siempre que en ERC no le salga a Rovira una Rovira.