el oasis catalán

Victimismo

Seamos sinceros: el nacionalismo catalán sabe que la sentencia del Tribunal Constitucional no da para tanto

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En un primer momento, el nacionalismo catalán arremetió -«catalanofobia», exclamó un dirigente de Convergència que muy probablemente no había leído el texto- contra la sentencia del Tribunal Constitucional que rechaza y anula parcialmente la Declaración de soberanía y del derecho a decidir del pueblo de Cataluña. Al día siguiente, los ánimos se calmaron y ahora resulta que el nacionalismo catalán ha encontrado en la doctrina del Tribunal Constitucional la justificación del llamado «derecho a decidir».

Seamos sinceros: el nacionalismo catalán sabe que la sentencia no da para tanto. Sabe que «la aspiración política» que el escrito atribuye «al derecho a decidir» excluye la autodeterminación y está condicionada a un cambio legal que «se realice en el marco de los procedimientos de reforma de la Constitución». Y sabe, también, que dicha aspiración «tiene cabida siempre que no se prepare o defienda a través de una actividad que no vulnere los principios democráticos, los derechos fundamentales o el resto de los mandatos constitucionales».

Insisto, la sentencia no da para tanto. ¿El objetivo de la lectura interesada que de la sentencia hace el nacionalismo catalán? Mantener el ánimo de la afición y echar mano -otra vez- del victimismo: el Estado incumple las sentencias del Alto Tribunal, dirán ahora.

Y en eso -afirman algunos- que el gobierno podría estar dispuesto a mejorar la financiación de Cataluña previo archivo del proceso secesionista. De producirse, la oferta tiene su miga si tenemos en cuenta que, en principio, la reivindicación nacionalista surgiría de la negativa del Estado a mejorar la financiación.

Artur Mas se vería obligado a dar explicaciones para justificar -en tiempos de crisis y con una Generalitat en quiebra financiera- la no aceptación de la propuesta. Francesc Homs -consejero de Presidencia y portavoz de la Generalitat- ya ha avanzado la respuesta: «no se puede cambiar la democracia por cuatro cuartos». Brillante ejercicio -suma y sigue- de victimismo soi-disant «democrático».