Cámara funeraria en la que se conservan 54 corazones de miembros de la Casa de Austria en el Palacio Imperial de Hofburg (Viena)
Cámara funeraria en la que se conservan 54 corazones de miembros de la Casa de Austria en el Palacio Imperial de Hofburg (Viena) - abc
HISTORIAS DE LA CORONA

«Enterrad mi cuerpo y mi corazón separados»

Los miembros de la Casa de Austria mantienen esta tradición funeraria desde hace cuatro siglos

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Desde hace casi cuatro siglos los miembros de la Casa de Austria se entierran con el corazón separado. El primero que lo hizo fue Fernando IV de Hungría, fallecido en 1654, y los últimos la Emperatriz Zita y su hijo Otto de Habsburgo, que murieron en 1989 y en 2011, respectivamente.

La mayoría de los corazones de los Austria, 54 en concreto, se encuentran en una pequeña cámara funeraria en la capilla de Loreto de la Iglesia de los Capuchinos, en el Palacio Imperial de Hofburg, en Viena. Pero no todos están allí. Los corazones de los últimos Emperadores de Austria, Carlos y Zita, se encuentran en la Abadía de Muri, en Suiza, muy lejos de los cuerpos en los que latieron.

El cuerpo de Carlos, al que luego la Iglesia declaró beato, está en Madeira, donde le sorprendió la muerte durante el exilio. Y el de Zita descansa en el Panteón Imperial de los Capuchinos de Viena. El corazón de Otto se depositó en la abadía benedictina de Pannonhalma, a unos 100 kilómetros de Budapest.

Aunque el Imperio Austrohúngaro desapareció en 1919, tanto la última Emperatriz, Zita, como su hijo primogénito, Otto, quisieron ser enterrados de acuerdo con el antiguo ritual de la Dinastía. La escena más llamativa se produce ante la puerta cerrada de la Iglesia de los Capuchinos. Recordemos cómo fue el sepelio de Zita en 1989.

Golpean tres veces a la puerta.

-¿Quién solicita entrar?, pregunta un monje desde el interior.

-Abrid a Su Majestad la Emperatriz y Reina, dijo una voz.

-No la conocemos, respondieron del otro lado de la puerta.

-Abrid a Su Majestad la Emperatriz y Reina, insistió la voz.

-No la conocemos, volvieron a responder del interior.

-Abrid a Zita, una pobre pecadora que implora humildemente la misericordia de Dios, pidieron en la tercera ocasión.

Y la puerta se abrió inmediatamente para que pasara el cortejo mientras sonaban veintiuna salvas de cañón y las campanas doblaban a muerto.