Dos de las viñetas publicadas en «Madrid Cómico» el 5 de septiembre de 1885
Dos de las viñetas publicadas en «Madrid Cómico» el 5 de septiembre de 1885 - ABC
Refranes y dichos

¿Por qué se dice a Zaragoza o al charco?

Un cuento baturro está en el origen de este dicho sobre la tozudez que se les atribuye a los aragoneses

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No busquen en Zaragoza ningún charco que resista impertérrito el sofocante calor del verano ni el helado cierzo que sopla en la capital aragonesa. El dicho de «A Zaragoza o al charco» nada tiene que ver con la orografía maña ni tampoco es una elección entre ésta y la localidad argentina de El Charco.

La expresión «proviene de un antiguo cuento baturro en el que se escenifica la proverbial tozudez que se atribuye a los aragoneses», según explica José Luis García Remiro, autor de «A buen entendedor...». Felipe Pérez y González ya relataba por 1883 en «La Ilustración Española y Americana» que un día San Pedro, aburrido por no tener que abrir las puertas del cielo a nadie, pidió a Dios volver al mundo para ver qué pasaba allí abajo «que ni un mortal viene a vernos en tantos años y tantos». Con el beneplácito divino, San Pedro bajó a la Tierra de un salto y apenas hubo llegado, camino de Zaragoza, se encontró con un baturro al que preguntó a dónde se dirigía.

-«A Zaragoza», respondió el maño.

-«Si Dios quiere», replicó San Pedro.

Pero el aragonés insistió sin corregirse: «Que quiera o no, voy a Zaragoza», según la versión del relato del brigadier don Romualdo Nogués, que firmaba como «Un soldado viejo, natural de Borja» en «El Averiguador Universal»(1882).

Malhumorado el Pescador y con las plenas atribuciones que de Dios tenía, convirtió al aragonés en rana y lo arrojó violentamente a un charco vecino. Y allí lo tuvo algunos años, obligándole a sufrir las inclemencias del tiempo, las pedradas de los chicuelos y otras mil calamidades, prosigue la narración de Pascual Millán en la página 155 del libro «Caireles de oro. Toros e historia» (1899).

Cuando, terminada su misión, San Pedro se disponía a subir a los cielos, regresó al camino de Zaragoza para devolver al baturro a su ser y le volvió a preguntar sobre a dónde se dirigía.

-«Ya lo sabes, a Zaragoza», dijo firmemente, más firmemente que la vez primera, el interpelado.

-«Si Dios quiere, hombre, si Dios quiere», insistió San Pedro dulcemente.

-«Qué Dios ni qué... suplicaciones; ya te lo hi dicho: ¡A Zaragoza o al charco!»

«Y viendo el Apóstol que era inútil dominar aquel carácter, dejó al zaragozano seguir tranquilamente su camino», finalizaba Pascual Millán.

La revista «Madrid Cómico» escenificó el cuento con unas ilustraciones publicadas el 5 de septiembre de 1885 aunque en esta versión solo se presenta a un delegado celestial indeterminado.

La fórmula «Si Dios quiere» se introdujo en el cristianismo tras la recomendación de Santiago en su carta: «Debíais decir: Si el Señor quiere y vivimos, haremos esto o aquello» (4,15). Es una de tantas expresiones religiosas que impregnaron el lenguaje como «adiós», «Dios se lo pague», «vaya usted con Dios» o «Gracias a Dios».

«Nuestra cultura popular discurrió durante siglos por los cauces de la comedia y el sermón», afirma García Remiro en su análisis «De cómo la vida monástica impregnó el lenguaje del pueblo con formas de hablar y expresiones que todavía perduran en nuestro idioma». Al hablar de futuro, la gente necesitaba añadir alguna fórmula pía como temiendo que, si afirmaba rotundamente una acción sin reconocer explícitamente que el futuro está en manos de Dios, esto despertaría los celos divinos, explicaba en su informe el profesor experto en refranes, expresiones y frases hechas.