Monumento a Felipe de Neve en «La Placita» de Los Ángeles
Monumento a Felipe de Neve en «La Placita» de Los Ángeles

Felipe de Neve, el español que fundó la ciudad de Los Ángeles

Desde 1781 a la independencia de México, la urbe estadounidense fue española. Un jienense ocupó el mismo cargo que Reagan o Schwarzenegger, gobernador de California

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Un español fue quien planeó y diseñó la fundación de la que es hoy la segunda ciudad más importante de Estados Unidos. Tras combatir en La Guerra de los Siete Años contra Portugal y servir al ejército, Felipe de Neve Padilla, con 40 años partió hacia Nueva España, dejando atrás a su esposa y una vida familiar. Sus dotes de mando y administrativas le hicieron ascender rápidamente una vez instalado y ganarse la confianza del rey Carlos III. Era 1781 y 44 personas bastaron para poner el germen de la mayor ciudad de California.

Militar profesional

Felipe de Neve nació en Bailén (Jaén) en 1724 y pronto se incorporó al ejército, su única profesión. Ingresó como cadete en el Regimiento de Cantabria y dos años después fue traspasado a la Guardia de Corps en Madrid. Sirvió a diversos regimientos en Milán y Flandes. Cuando alcanzó el grado de sargento mayor fue enviado a América para entrenar a las milicias. En Sevilla dejó a su esposa, María Nicolasa Pereira: nunca más volvió a verla y jamás dejó descendencia reconocida.

Su «celo administrativo lo mostró riguroso frente a sus subordinados», apunta el historiador chileno Carlos López Urrutia en «El Real Ejército en California». En octubre de 1774 ascendió a teniente coronel de caballería y Bucarelli, el virrey, lo designó Gobernador de Californias en 1775. «Con su experiencia militar y la gestión en la expulsión administración de bienes de los jesuitas en territorios de Nueva España se ganó la confianza de sus superiores y del rey Carlos III», apunta José Miguel Delgado Barrado, profesor de la Universidad de Jaén que actualmente estudia su figura.

Cuando Neve llegó a Monterrey (actual capital de Nuevo León, en México) se encontró con una armada indisciplinada, mal vestida y con recursos inadecuados e insuficientes. Un alzamiento indígena podía acabar con Alta California. También el problema de la falta de mujeres era serio: no faltaron los líos entre soldados y nativas y, en más de una ocasión, se vivieron tensos episodios, como apunta López Urrutia. Su preocupación fue alimentar a los presidios y misiones y gestionar eficientemente los recursos para fundar, como el visitador Gálvez quería, nuevos pueblos.

A su arribada existían siete misiones en Alta California, con un custodio o escolta militar asignada a cada una de ellas. Las misiones y los presidios eran medios para convertir a la población indígena a la vida europea, tal y como escribe el historiador americano W. Michael Mathes en «El gobernador Felipe de Neve recomienda la fundación de Los Ángeles». Una vez asentado, Neve invirtió sus más persistentes esfuerzos en solucionar la grave situación financiera.

Durante su acción gobernadora se fundó también el presidio (enclaves cerrados al exterior, espacialmente independientes de la misión y ocupados por militares) de San Francisco, como señala el investigador Francisco Linares Lucena en su escrito «El bailenense Felipe de Neve Pacilla, fundador de Los Ángeles, Santa Bárbara y San José». Otros cuatro presidios se fundaron en los años anteriores o en la época, ciudades tan destacadas como San Diego, San Francisco o Santa Bárbara.

Inauguración de Los Ángeles

«Para su formamento es muy importante se dispense por diez años el pago de Diezmos de frutos y Granados a los Pobladores, y sean exentos de pagar tributos». Bajo esta petición, el ya gobernador de las Californias Felipe de Neve cerraba la lista de argumentos y recomendaciones (en 1777) para la fundación dos pueblos: San José (en el río Guadalupe) y Nuestra Señora de Los Ángeles (en el río Porciúncula). El vicerrey y el Comandante General de la Croix aprobaron en diciembre de 1779 su propuesta y ejecutaron la orden de crear el pueblo de Los Ángeles, con la autoridad del rey Carlos III de España.

El plan de Neve para abastecer a la población era la plantación de nuevos cereales y establecimiento de ganados. Los Ángeles se proyectaba como esa ciudad que surtiría de granos y ganados a los presidios -escasos en alimentos- del sur.

Fernando Rivera fue el general encomendado de la difícil tarea de reclutar a los colonos y soldados. En un principio, se le encargaron 24, pero finalmente solo ocho permanecieron en el nuevo pueblo. Se le ordenó traer a 59 soldados casados y a familias solteras para que contrajeran nupcias con los soldados solteros de California.

Los primeros pobladores de la ciudad fueron 14 familias, un total de 44 miembros españoles -once hombres, once mujeres y 22 niños-. El 4 de septiembre de 1781 tuvieron lugar las ceremonias de fundación, y finalmente Felipe de Neve, utilizó oficialmente el nombre de «El Pueblo de la Reina de Los Ángeles». El nombre de «pueblo» estaba reservado para las poblaciones blancas, a diferencia de los «presidios», donde radicaba el poder militar, y de las «misiones», asentamientos con población indígena en proceso de catequización.

La ciudad está formada actualmente por un 49,8% de blancos (28,7% blancos de origen no latino), un 9,6% afroamericanos, y un 11,3% de asiáticos.

Las misiones

Las tareas encomendadas a los españoles que se encontraban en Nueva España eran dos: «Velar por la evangelización de los indígenas, junto a las órdenes religiosas y el control y defensa del territorio frente a los intereses de otras potencias coloniales», apunta Delgado.

CL aniversario de Los Ángeles en el ABC del 11 de septiembre de 1931
CL aniversario de Los Ángeles en el ABC del 11 de septiembre de 1931

López Urrutia señala que, para ejercer el control sobre la población local en la misión, una vez bautizado, el indio perdía todo el control sobre su sustento y era alimentado, educado, vestido y «hasta regulado en sus actividades físicas y sexuales». El bautizo traía aparejada la gracia de Dios y la vida eterna, pero prácticamente era un acto de sumisión a la esclavitud de la misión. Así, podían exigirles trabajo aunque, por otra parte, los alimentaran, vistieran y proporcionaran amparo físico y espiritual. «Los indígenas cristianos tenían derecho bajo el sistema español a cierta autonomía, como poder elegir alcaldes y regidores, regir en ciertas materias de disciplina o exención del castigo corporal», concluye.

«La localidad nació en el centro de Los Ángeles, donde hoy está situada la Plaza o calle Olvera, conocida popularmente como La Placita. En dicha plaza hay una estatua del fundador, junto a una cruz conmemorativa, una iglesia y una placa con los nombres de las primeras familias angelinas», Linares. Neve murió en 1784 a los sesenta años, pero un año antes antes ascendió a Comandante General de las Provincias Internas, sustituyendo en el cargo a la Croix. Sus restos mortales descansaron hasta los años ochenta del siglo XX en Iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Flores Magón cuando, tras un acuerdo entre el alcalde de Los Ángeles y el gobernador de Chiuahua (México) se exhumaron y se trasladaron hasta Los Ángeles. Sin embargo, se desconoce donde se encuentran actualmente, según aclara Linares.

Edwin A. Beilharz dejó escrito en su biografía sobre Neve: «Como en el caso de San José, la ciudad [de Los Ángeles] echó raíces firmes en el nuevo suelo, trayendo a California un nuevo elemento que no era eclesiástico ni militar. Los oficiales y los soldados del rey desaparecerían en la turbulencia de la revolución colonial contra España. Las misiones se desmoronarían en la secularización entre 1834 y 1836. Sólo la población civil sobreviviría y florecería».

Los Ángeles fue una ciudad española hasta 1821, cuando la México se independizó de la Corona española y California quedó bajo control de la nación mexicana recién creada. No fue hasta 1848 cuando se adhirió a Estados Unidos tras la guerra que enfrentó a ambos países. Con más de mil quinientos habitantes, por aquel entonces, la ciudad carecía de calles niveladas, aceras, alumbrado, agua y electricidad. Cada propietario de vivienda que diera a la calle estaba obligado a colocar una luz en la puerta del frente de su casa durante las primeras dos horas de la noche. Poco a poco se fue erigiendo como una de las ciudades más importantes del mundo. La ciudad angelina cuenta hoy con cuatro millones de habitantes.

El legado de Neve se aprecia aún hoy en el escudo de la ciudad, compuesto por cuatro emblemas. El de la izquierda superior representa a Estados Unidos con sus trece estrellas; el de la derecha California (un oso grizzly); en la esquina inferior izquierda, el Escudo de México (el águila); y, finalmente, abajo a la derecha, los escudos de Castilla y de León.