Los grandes villanos del siglo XX
Pablo Escobar, cuando fue detenido a principios de los 90 - abc

Los grandes villanos del siglo XX

Más allá del cine, existen en la historia reciente una serie de personajes que marcaron con sus atrocidades la memoria colectiva de generaciones

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Más allá del cine, existen en la historia reciente una serie de personajes que marcaron con sus atrocidades la memoria colectiva de generaciones

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  1. Pablo Escobar, el rey de la cocaína

    Pablo Escobar, cuando fue detenido a principios de los 90
    Pablo Escobar, cuando fue detenido a principios de los 90 - abc

    La locura. Esa bien podría ser la causa que llevó a algunos líderes políticos y criminales de la peor ralea a convertir el siglo XX en el más mortífero de la historia de la humanidad. Personajes para los que la vida de las personas no tenía ningún valor. Fueron, más allá de la ficción del cine, los verdaderos villanos de la pasada centuria, los responsables en carne y hueso de los peores genocidios, las torturas más atroces o los ajustes de cuentas más multitudinarios en batallas de droga sin sentido.

    A Pablo Escobar se le atribuye la responsabilidad sobre 10.000 asesinatosUn ejemplo de esto último es Pablo Escobar, el narcotraficante colombiano más poderoso conocido hasta la fecha, que fue abatido por 15 agentes hace ahora 20 años en el tejado de un barrio situado al oeste de la ciudad colombiana de Medellín. Tal fue el poder que llegó a acumular «El Patrón», como se le conocía, que recientes informes han señalado que la venta de drogas le generó ganancias de entre 20 y 25.000 millones de dólares. Aquello le valió para auparse hasta el séptimo puesto de la lista Forbes de las personas más ricas del mundo. Un dinero que ganó con la producción de 20 toneladas de cocaína mensuales durante mucho tiempo.

    Con Escobar, la realidad superaba la ficción. Se le atribuye la responsabilidad sobre 10.000 asesinatos. El 27 de noviembre de 1989, por ejemplo, ordenó la colocación de una bomba en un avión de Avianca y acabó con la vida de 107 personas. Y cuando fue detenido, cumplió su condena en una cárcel que él mismo mandó construir en terrenos de su propiedad, después de un vergonzoso acuerdo con el Gobierno de Trujillo.

    Muchas de las 400 noches que estuvo presó no durmió en su celda, sino en una de las 20 casas que tenía en la zona. Al parecer, se instaló con sus armas y sus sicarios en la cárcel, donde tenía billares, discoteca, piscina, un prestigioso chef o equipos sofisticados de radio y televisión. Cuando quería, organizaba orgías con músicos y prostitutas en el recinto o salía a Medellín a divertirse. Y hasta llegó a ordenar el asesinato de dos destacados socios suyos del cartel de Medellín.

    Desde que escapó de «su» prisión en 1992 hasta que fue abatido, su cartel mató a tres oficiales, siete suboficiales, 103 agentes y seis miembros de la policía secreta, según las estadísticas oficiales.

  2. Pedro Alonso López, el «Monstruo de Los Andes»

    Pedro Alonso López confesó el asesinato de más de 300 personas
    Pedro Alonso López confesó el asesinato de más de 300 personas - ABC

    Este colombiano, el séptimo de los 13 hijos de una prostituta nacido en los años de «la violencia», acabó por convertirse en el mayor asesino en serie del siglo XX. Sus crímenes fueron de tal calibre que pasó a la historia con el sobrenombre de «El Monstruo de los Andes» y, cuando fue capturado en 1980, confesó ser el autor de la muerte de más de 300 niñas y jóvenes en Ecuador, Perú y Colombia.

    «Perdí mi inocencia con 8 años y decidí hacer lo mismo a tantas jóvenes como pudiera»Pedro Alonso López tuvo una infancia de lo más desquiciante. En 1957, cuando tenía ocho años, su madre le sorprendió manteniendo relaciones sexuales con su hermana pequeña y le echó a la calle. Le recogió un conocido que, en vez de ayudarle, lo llevó a un edificio abandonado donde le sodomizó, algo que le ocurrió, más tarde, con otros extraños e incluso con un profesor del colegio. Volvió a la calle, donde su odio creció y donde comenzó a robar coches como medio de vida. Pero fue detenido en 1963 y enviado a prisión durante siete años. Allí cometió sus cuatro primeros asesinatos, cuatro presos que habían abusado de él nada más entrar en prisión, pero el juez declaró que había actuado en defensa propia.

    Al salir en 1978, Alonso López se sumergió en un mundo de violencia desenfrenada. Comenzó a viajar por Perú, donde empezó a atacar y asesinar a personas inocentes. Era una obsesión. Mató a más de 100 muchachas jóvenes de tribus locales y, aunque estuvo a punto de ser enterrado vivo por un grupo de campesinos que le sorprendió en uno de sus ataques, el Gobierno peruano decidió extraditarle antes que investigar las denuncias de la tribu.

    En sus siguientes destinos, Pedro Alonso López mato a más de 200 personas: 110 en Ecuador y otras 100 en Colombia. «Perdí mi inocencia con ocho años, así que decidí hacer lo mismo a tantas muchachas jóvenes como pudiera», dijo en su confesión, cuando reconoció sus más de 300 asesinatos. Sin embargo, no se pudo establecer con certeza el número de homicidios, ya que buena parte de sus cuerpos no aparecieron y muchos de los crímenes se cometieron en regiones aisladas. Lograron ubicar en Ecuador un terreno con 53 cuerpos, más otros cuatro en otros lugares.

  3. Hitler, el esquizofrénico

    Imagen de Hitler tomada en 1940
    Imagen de Hitler tomada en 1940 - ABC

    Si alguien nos pregunta quién el mayor criminal del siglo XX, es probable que todos pensemos en la misma persona: Hitler. El personaje al que un informe de 250 páginas encargado por los servicios de inteligencia de Estados Unidos en 1939, y realizado por Henry Murray, calificaba al jerarca nazi de histérico, neurótico, esquizofrénico y paranoico. Un tipo incapaz, decía, de aceptar una broma y que se comportaba como un criminal compulsivo.

    Hitler era un tipo que se comportaba como un criminal compulsivoNo le faltaba razón a este prestigioso psiquiatra de la Universidad de Harvard, pues, poco después, a Hitler se le acusaba de ser el responsable del asesinado de seis millones de personas, en una política despiadada que comenzó, en 1933, con la exclusión de los judíos de la función pública, que continuó con la expulsión de cientos de miles de ellos de Alemania y que acabó con la locura de un exterminio que se llevó por delante también a gitanos, polacos o serbios. Más de 700.000 de estos últimos murieron en el campo de concentración croata de Jasenovac, el más grande de toda Europa.

    Los genocidios de Hitler en la Segunda Guerra Mundial son los más conocidos de la historia a causa de la «Solución final», un eufemismo acuñado por su jefe de seguridad, Reinhard Heydrich, para definir la eliminación total del pueblo judío. Algo que el «Führer» ya planeaba 1919, como se puede comprobar en la conocida «carta Gemlich» que escribió aquel año, donde aseguraba que un gobierno poderoso podría reducir «la amenaza judía» si se le negaban sus derechos, pero que «su objetivo final, sin embargo, debe ser la eliminación sin cortapisas de todos los judíos juntos».

    Sus atrocidades pronto sobrepasaron a los judíos de Alemania y se extendieron mediante matanzas a todos los países que invadieron. Llegaron a ejecutar a pueblos enteros como Oradour-sur-Galne (Francia), Lídice (República Checa) o Glina (Yugoslavia), donde encerraron a todos los niños y mujeres en sus respectivas iglesias y los quemaron vivos.

  4. Harolf Shipman, el «Doctor Muerte»

    Harolf Shipman, en una retrato de enero de 1998
    Harolf Shipman, en una retrato de enero de 1998 - REUTERS

    Tras su arresto en 1998, las investigaciones de los crímenes de Harold Shipman, más conocido como el «Doctor Muerte», comenzaron con un saldo de 250 asesinatos, aunque finalmente se cerraron con una cifra oficial de 218 muertes altamente probables. Esto le convertía en el segundo mayor asesino en serie de la historia, tras Pedro Alonso López.

    En 1998 fundó su propia clínica y se convertió en un miembro respetable de la comunidad Para ello, este médico británico utilizó su propio trabajo, su prestigio en el gremio, su aspecto afable y ese aura de intelectual tan convincente para localizar y seleccionar a sus víctimas: ancianas enfermas a las que administraba dosis letales de morfina para contemplar tranquilamente como se les apagaba la vida. Algunos teorías defendían que con esta crueldad recreaba el momento de la muerte de su madre, Vera, que falleció en 1963 a causa de cáncer, cuando Shipman tenía 17 años. El futuro doctor era un niño hiperprotegido que pudo observar como aliviaban los dolores de su madre con inyecciones de morfina, el mismo método que utilizaría después para su ritual de muerte. Otros simplemente creyeron que disfrutaba con el control de la vida.

    Sea como fuere, los cálculos de la Policía decían que Harolf Shipman terminó asesinando a 218 ancianas en un periodo que va desde 1970 hasta 1998, cuando ya había fundado su propia clínica y se había convertido en un miembro respetable de la comunidad médica. Aunque se creé que su primera víctima fue un niño a finales de los 60, algo que no fue corroborado del todo.

    En el juicio solo se pudieron demostrar 15 casos, por lo que fue condenado a 15 cadenas perpetuas. Sin embargo, en enero de 2004, se le encontró ahorcado en su celda.

  5. Stalin, el mayor criminal soviético

    Stalin, durante un discurso en 1936
    Stalin, durante un discurso en 1936 - ABC

    Stalin es otro de los peores asesinos de la historia universal, cuyas matanzas y deportaciones eran difíciles de imaginar para su peublo. El líder ruso fue el responsable de una de las peores limpiezas étnicas de la historia contemporánea, al acabar en la URSS con la vida de millones de personas, al tiempo que enviaba a otras tantas a los peores campos de trabajo forzado que hayan existido, donde se hacinaban cientos de miles de inocentes en condiciones infrahumanas.

    Los registros desclasificados tras la caída de la URSS hablaban de 800.000 presos ejecutadosEntre 1929 y 1932, siete años después de que asumiera la Secretaría General del Comité Central del Partido Comunista, Stalin provocó un periodo de extrema hambruna en Ucrania mediante la expropiación de tierras, la concentración agrícola y la interrupción de la producción de alimentos. Según el historiador Robert Conquest, a causa de ello murieron más de 14 millones de ucranianos.

    La cifra total de muertes bajo sus órdenes es una cuestión todavía sometida a debate. Los registros desclasificados tras la caída de la Unión Soviética hablaban de 800.000 presos ejecutados, 1,7 millones de muertos en gulags y otros 390.000 durante los reasentamientos forzosos. En total, 3 millones de víctimas. Pero otros investigadores hablan de 4 millones de muertos y algunos defienden que la cifra es considerablemente superior.

  6. Pol Pot, el hombre que mató a la mitad de Camboya

    Pol Pot, en una imagen de septiembre de 1979
    Pol Pot, en una imagen de septiembre de 1979 - AP

    Las torturas cometidas por Pol Pot en Camboya, tras la retirada de Estados Unidos en 1975, sobrepasaron los límites de la imaginación humana. Se calcula que de los seis millones de habitantes que vivían en Camboya, el líder de los jemeres rojos eliminó a una tercera parte en menos de cuatro años. Otras estimaciones suben el número de asesinados hasta los tres millones, la mitad de la población. la crueldad de los jemeres rojos que él encabezaba superó, según la mayoría de historiadores, a la de los nazis.

    «En interrogatorios abusé de genitales femeninos con papel caliente y palos»Pero ahí no terminaron sus barbaridades, pues también deportó al campo a toda la población urbana, vaciando literalmente las ciudades y exterminando a toda la población «aburguesada». Eso se traducía en todas aquellas personas que tuvieran dinero o un mínimo de cultura. No se salvó nadie, ni campesinos, ni escritores, ni universitarios... nadie. Millones de camboyanos muertos por el simple hecho de no seguir sus ideales o, incluso, por llevar gafas, ya que era un indicativo de que podían ser intelectuales sospechosos.

    Un ejemplo de lo que fue capaz de hacer Pol Pot se encuentra en Tuol Sleng, el colegio que convirtió en uno de los peores centros de tortura de la historia del Asia. De las más de 14.000 personas que pasaron por ella entre 1976 y 1979, solo sobrevivieron 12.

    Los métodos de tortura tuvieron una fuerte dosis de creatividad, hasta el punto de que había un médico que se encargaba de garantizar que el prisionero sobrevivía lo suficiente para soportar la mayor cantidad de crueldades posible. «En interrogatorios, abusé de genitales femeninos con papel caliente y palos», llegó a decir uno de los camaradas de Pol Pot.

  7. Garavito y su pacto con el diablo

    Garavito, en un montaje con las armas que utilizó
    Garavito, en un montaje con las armas que utilizó - AGENCIAS

    «Practiqué ritos satánicos con los menores que asesiné, lo hice a mi manera, pero no quiero explicar cómo. Hice pacto con el diablo», explicaba Luis Alfredo Garavito tras su detención. Este colombiano nacido en 1957 se convirtió, antes de su captura en 1999, en el segundo mayor asesino en serie de la historia de Sudamérica. Aún hoy sigue siendo investigado por el asesinato de 176 niños, de los cuales confesó 147.

    Garavito fue condenado, en 2001, a 1.853 años de prisión por la muerte de 172 niños, la pena más alta impuesta en la historia de la justicia colombiana. Las víctimas de este asesino –que se hacía pasar por vendedor ambulante, monje, indigente, discapacitado o representante de fundaciones ficticias en favor de ancianos– eran niños de entre 6 y 16 años, de origen modesto, con los que contactaba en las calles, plazas, estaciones de autobuses o en la salida de los colegios. Después les ofrecía dinero antes de matarlos bajo los efectos del alcohol.

    Tras su detención, este despiadado asesino llegó a contar en varias publicaciones como cometió alguno de sus homicidios: «Fui al hotel a las 9 de la noche y empecé a sentir esa fuerza extraña que me dominaba. Saqué el cuchillo, conseguí unas cabuyas [cuerdas], llevé licor y me dispuse a andar por las diferentes calles aledañas. Había un niño cerca que estudiaba en la escuela donde yo había ido a vender ambientadores el año pasado. Estaba vendiendo tintos. Le hablé y le convencí para que me acompañara. Lo introduje en el cañaduzal [tierras cultivadas de caña de azúcar], lo amarré, lo acaricié y después lo acuchillé. El niño gritó, lo acaricié de nuevo y siguió gritando. Posteriormente lo maté y, después, me acordé del niño porque en ese sitio había una cruz. Sentí una voz que me dijo: “Eres un miserable, no vales nada”. Regresé y miré lo que había hecho. En ese momento me arrodillé, me arrepentí y enterré el cuchillo».

    Muchos de los cuerpos sin vida de los menores fueron encontrados degollados, mutilados, violados, torturados y con señales de haber sido atados. Tenían cortes en el pecho y las nalgas, y algunos aparecieron decapitados o con los genitales extirpados y colocados en la boca.

  8. Sadam Hussein, el químico

    Sadam Hussein, durante el juicio en el que fue condenado a muerte
    Sadam Hussein, durante el juicio en el que fue condenado a muerte - abc

    Las imágenes grabadas con un móvil de la ejecución en la horca de Sadam Husein, en 2006, dieron la vuelta al mundo en pocos minutos. Se cumplía así la pena de muerte que pesaba sobre él, tras ser acusado de crímenes contra la humanidad por la muerte y tortura de 148 iraquíes chiíes en la localidad de Duyail, en 1982. Pero los asesinatos directos e indirectos provocados por el dictador iraquí, que estuvo en el poder entre 1979 y 2003, se cuentan por cientos de miles y son tan despiadados que le hacen merecedor de estar entre los personajes más siniestros del siglo XX.

    En su currículo se encuentran, por ejemplo, ataques con armas químicas como los ordenados contra el Kurdistán iraquí en la denominada campaña de «Al Anfal» (botín de guerra), en 1987 y 1988. En aquella ofensiva fueron asesinados decenas de miles de kurdos, entre los que se encontraban numerosos ancianos, mujeres y niños, y produjo un drama humanitario jamás visto antes en la frontera de Turquía.

    Según la organización Human Rights Watch (HRW), autora de la mayor investigación sobre «Al Anfal», al menos 100.000 kurdos murieron o desaparecieron en el norte iraquí entre 1987 y 1988, aunque la cifra aumenta hasta los 180.000 según las víctimas. Al entonces secretario general del distrito norte del partido Baas se le acusó, bajo las órdenes de Sadam, de haber llevado a cabo deportaciones, desplazamientos forzosos, ejecuciones masivas y construido campos de concentración, además de destruir más de 4.000 pueblos en el Kurdistán, una zona que quedó arrasado en cerca de un 80%.

    Según aseguró un informe de HRW en 1993, la campaña «Anfal» de Sadam Hussein fue similar al genocidio nazi en cuanto a los métodos usados.