Entre las paredes de hormigón de este refugio se cobijaron más de 34.000 personas
Entre las paredes de hormigón de este refugio se cobijaron más de 34.000 personas - ayuntamiento de almería
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Refugios de Almería: escudos contra 754 bombas durante la Guerra Civil

Se construyeron 4,5 kilómetros de galerías subterráneas para que la población pudiera guarecerse. Hoy se pueden visitar

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Ruido de aviones. Eco. Condiciones insalubres. Y miedo, mucho miedo. Los refugios de Almería utilizados durante la Guerra civil para proteger a la población de las bombas conocen estas sensaciones. Entre sus laberínticos pasillos se escondieron miles de almerienses buscando bajo sus muros un lugar en el que salvar la vida. Las bombas llegaban a la ciudad por mar y aire, y protegerse bajo tierra era la única manera de evitarlas.

Se cavaron 4,5 km de galerías subterráneas

Tras la primera bomba lanzada el 3 de septiembre de 1936, Almería comenzó a diseñar un proyecto de galerías subterráneas a través de la constitución de una Comisión Mixta de Refugios, dirigida por el arquitecto municipal Guillermo Langle Rubio. Los propios ciudadanos colaboraron muy activamente en su construcción: poceros, obreros, carpinteros... cualquier profesión era útil para terminar cuanto antes los refugios. Carlos Fernández Celaya –ingerniero de Minas– y José Fornieles –ingeniero de Canales– fueron los nombres de los licenciados artífices de esta obra magna almeriense.

Galerías de 1,20 metros

La situación bajo tierra en los refugios era de lo más precaria. La estructura de sus pasillos medía 1,20 metros de ancho con una bancada corrida a lo largo de todo su recorrido. Los bancos se situaban a ambos lados en los pocos sitios donde la anchura de dos metros lo permitía. En el suelo, nada más que tierra para poder cubrir los excrementos u orines de los refugiados.

A pesar de la pobreza de los pasadizos, arquitectónicamente hablando la obra de Langle es impecable. Diseñó tubos de ventilación junto a las bocas de acceso en previsión de las horas que los almerienses podrían pasar soterrados, instaló una iluminación con bombillas alimentadas por hilos de cobre e ideó un sistema de entrantes y salientes en las galerías que servían de pantalla protectora en caso de producirse el estallido de una granada.

Además, los 60 centímetros de espesor de las paredes de hormigón –que todavía conservan incisiones hechas por los refugiados, como iniciales o dibujos– suponían un auténtico búnker salvavidas sobre los que se levantaron bóvedas de cañón rebajadas. Para el quirófano que se construyó en uno de los pasillos, se utilizaron materiales de lo más selecto para que la higiene fuera la máxima posible: azulejos en las paredes y mármol de Macael en el suelo.

754 bombas sobre Almería

Desde que aquél 3 de septiembre de 1936 se lanzara la primera bomba sobre la ciudad de Almería, por aire y mar llegaron a sus calles 754 artefactos explosivos hasta el 27 de febrero de 1939. El casco urbano fue objetivo de nada menos que 52 bombardeos que dejaron a su paso 137 edificios destruidos, 238 dañados y un triste balance de 137 muertos y 227 heridos.

De todas las actuaciones contra la ciudad de Almería, destaca el del 31 de mayo de 1937. Este trágico bombardeo –efectuado por la escuadra alemana Luftwaffe– acabó con la vida de 40 personas, hiriendo a otras 150. Además, también hubo que lamentar grandes daños materiales en un total de 200 edificios.

La población de Almería en esa época rondaba los 50.000 habitantes, de los cuales 34.144 utilizaban los 4,5 kilómetros de pasadizos que se construyeron bajo tierra. Además de estas galerías, los refugios naturales de los depósitos de hierro y las cuevas de la Chanca actuaron con perfecta defensa ante los ataques.