PROA A LA MAR

LAS VACACIONES ESCOLARES

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Las vacaciones, como las bicicletas, son para el verano. El problema surge cuando nos empeñamos en acortar progresivamente ese periodo, al menos desde la mirada de un sector, el turismo, imprescindible en nuestra zona.

Afortunadamente el turismo extranjero, tanto vacacional como estacional, sigue fiel por convicción, porque lo hacemos bien y porque las alternativas directas más evidentes no están pasando por momentos buenos, al menos desde la percepción de seguridad ofrecida.

Pero el turismo extranjero, especialmente el vacacional procedente del norte de Europa, desciende de manera importante en la segunda quincena de agosto porque en ese tiempo comienza la actividad escolar ordinaria en aquellos países.

El turismo nacional ha cubierto tradicionalmente ese periodo y la primera quincena de septiembre, dando continuidad a un proceso imprescindible para nuestra economía.

El hecho de pasar los exámenes de recuperación de septiembre a julio y dar comienzo las clases tanto en enseñanza primaria como media e incluso universitaria, en los primeros días de septiembre, ha limitado prácticamente a agosto el periodo fuerte de vacaciones, con la limitación ya comentada del turismo extranjero con una incidencia que percibo bastante negativa (hasta ahora es solo una percepción directa aún no contrastada con datos objetivos y globales del sector) sobre las empresas que podemos agrupar dentro de ese macrosector que hemos llamado turismo, principalmente hostelería y alojamiento y, en consecuencia, con importante impacto negativo también sobre el empleo, que ha devenido en más precario por acortamiento de los contratos.

Y no nos hemos quejado mucho los empresarios de un sector tan importante y vital en nuestra provincia. Entendemos que nuestra obligación es navegar de la mejor manera posible en las condiciones que el sol, el viento, las mareas, impongan a nuestros barcos. Pero, eso sí, esperamos que los que tienen la capacidad de decidir en los asuntos públicos contemplen todas las derivaciones de sus decisiones y el impacto que pueden tener sobre actividades aparentemente no vinculadas con aquellas decisiones y no incorporen oleaje, mareas innecesarias a un mar ya de por sí suficientemente difícil de gobernar.

Evidentemente, la educación es la base imprescindible del progreso social. Hacerla compatible con otras actividades productivas en las que precisamente esa educación se soporta, es una obligación.

Javier Fur es presidente del Círculo de Economía de Alicante