«Un exiliado en los tiempos actuales es peligroso para el entorno que lo origina»

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Desde su atalaya en Nueva York observa y analiza la realidad de su Alicante natal. Sin protocolos y a bocajarro. Miles de libros vendidos y proyectos artísticos, cinematográficos e interdisciplinares concluidos, gracias a su constancia y tesón, le avalan.

–¿Qué queda hoy del Artur Balder que homenajea a Michavilla y a Stanley Kubrick con sus cuadros de gran formato a comienzos de siglo?

–Queda una película sobre arte abstracto estrenada en el MoMA que se va a proyectar en docenas de museos de todo el mundo durante los próximos años. Sin esa experiencia, ¿habría sido capaz de realizar este trabajo?

–La Asociación Wagneriana ha premiado recientemente su ‘Tetralogía de Teotoburgo’ con el galardón ‘Obra de Arte Total’. ¿Qué supone este reconocimiento para usted?

–Una gran satisfacción. La Asociación Wagneriana es además el máximo exponente de la intelectualidad en Alicante en materia de estética y filosofía del arte, y pronto sus publicaciones van a desatar un debate tormentoso como no lo ha habido desde los tiempos de Azorín. Es algo premonitorio.

–¿Cree que Alicante ha valorado hasta ahora su trayectoria como merece?

–¿Cree que Alicante está capacitada para eso…? ¿En serio…?

–Las batallas no son sólo patrimonio de sus novelas. ¿Por qué está tan a favor de las batallas dialécticas?

–Estoy a favor de la libertad de expresión con todas sus consecuencias. La gente tiene tan poca fe en los políticos como en los medios de comunicación porque ambos son parte de un mismo tejido que coopera. Por ejemplo, no puedo citar el nombre de un conocido manipulador de la prensa alicantina, ni el nombre del medio, ni tampoco describir sus actividades… ¿Es eso libertad de expresión?

–Lo de irse a Nueva York, ¿fue más exilio exterior o interior?

–Fue exilio en toda su dimensión.

–Música, pintura, literatura y cine, ¿qué palo le queda por tocar?

–Son las diferentes partes que conducen, en suma, a la obra de arte total. Todo es parte de un plan preconcebido.

–Lo primero que le gusta ver cuando regresa a Alicante…

–El mar, luego el erial alrededor del aeropuerto, ese semidesierto lleno de alacranes, ‘el solar griego’ como decía Gil-Albert, terreno idóneo para una creación aislada e indiferente al entorno social inmediato.

–Lo último que le gusta ver cuando regresa a Alicante…

–Su mediocridad. Sin embargo, un exiliado en los tiempos actuales es peligroso para el entorno que lo origina, porque no vuelve sino a una dictadura de la mediocridad, y ésta es endeble. Cuando no dependes de un entorno, las consecuencias se relativizan, y las penalizaciones pueden hasta no ser de valor, incluso, volverse codiciables incentivos, casi medallas de honor.

–¿Qué le hace falta a la sociedad civil alicantina?

–Le hace falta saber que está siendo manipulada por una generación cuyo momento ya ha pasado y que, además de haber hecho muchas cosas mal, no deja paso a la nueva generación, de la que se aprovecha, a la que oprime y a la que condena al paro y a la que le roba hasta la opinión. Lea usted la manipulación del suplemento de cultura de cierto diario por parte de un enchufado emérito que hace tiempo debió dejar paso a la nueva generación, y tendrá un ejemplo claro de esto. El caso se repite por todas partes. Yo trataré de inspirar cambios dando ejemplo a otros de lo que se debe hacer en estos casos.

–¿Y qué le sobra?

–Esos manipuladores que son responsables directos de los errores del pasado, pero que quieren preservar un poder individual a costa de la prosperidad del colectivo.

–Una enseñanza de sus investigaciones sobre los españoles que emigraron a Nueva York y formaron aquel Little Spain que reflejó en uno de sus documentales.

–Estaban más unidos y hoy son capaces de apoyarse más unos a otros. El español carga con su guerra civil en el espíritu, es algo inmanente. En España hay bandos encarnizados. En Nueva York es diferente entre los que han evolucionado hacia el Spanish-American; sin embargo, los recién llegados arrastran esos complejos y los proyectan. De España surgen éxitos individuales, pero España como colectivo es hoy por hoy un fracaso absoluto en la escena exterior.

–¿Qué le parece que el legado de Miguel Hernández ya no esté el Elche?

–Su legado debería estar en Alicante, es lógico. Pero en Alicante se despilfarra dinero a través de proyectos corrompidos, como Ciudad de la Luz o el Instituto de Cultura Juan Gil-Albert (que poco honor le rinde al que le presta nombre), y después nunca hay dinero para lo esencial.

–Proyectos….

–Voy a ocuparme del ‘solar griego’ del que hablé antes. Demasiado han crecido malas hierbas y viejos matorrales. Lo voy a arar personalmente, con un acero recién afilado que desgarra la tierra y que al abrir surcos hace que la luz entre de nuevo en los rincones donde solo habitan esos gusanos que pudren las semillas del mañana. Si en el camino hay que arrancar algún árbol que crece torcido, así lo haré. Siempre hay que sacrificar algo para mejorar el todo.