Revelado

Federico Ayala Sörenssen

El revelado por Federico Ayala Sörenssen

La piqueta, contra el «Patio de los Leones»

El Palacio de Larios, en la Castellana, antes de su derribo

Día 05/10/2015 - 11.43h

Durante el siglo XIX se comenzó la urbanización de las riberas del pequeño arroyo que manaba de la fuente Castellana en Madrid. El bosque urbano por el que paseaba la aristocracia madrileña comenzó a llenarse de andenes para el paseo y terrizos para las conversaciones más íntimas. Pronto comenzaron a construirse elegantes Palacios. Fueron aristócratas como el marqués de Salamanca los que comenzaron a construir sus suntuosos palacios. También los tuvieron los duques de Medinacelli –actualmente, tras su derribo, el Centro Colón-, el duque de Montellano –en cuyo palacio la nobleza celebró la última de las grandes fiestas de los palacios de la Castellana, en 1954: la puesta de largo de Rocío, hija de los duques-. Tras los aristócratas, la nueva aristocracia del dinero, los banqueros como José Xifré o Juan de Aguado.

Muchos de los palacios entraron en decadencia, abandonados por los herederos que no podían mantenerlos. Tras el abandono llegó la piqueta que a partir de la década de los sesenta del siglo pasado transformó radicalmente la fisionomía de la Castellana. De todos ellos tan solo sobreviven hoy en día una docena, ocupados por organismos públicos o empresas y bancos. En los solares de los palacios perdidos se construyeron altas torres de oficinas, hoteles o centros comerciales.

El de la fotografía de nuestra sección de hoy era el palacio de Larios. Originalmente se conoció como palacio de Anglada. Construido en 1870 por Emilio Rodríguez Ayuso para el banquero Juan de Aguado, pasó, tras la ruina de este –las malas lenguas atribuían el descalabro a la construcción del palacio- al Banco Hipotecario y luego al marqués de Genal y sus sobrinos los marqueses de Larios. El palacio tuvo un gran esplendor, aunque muchos hoy en día pensarían de él que era un pastiche. El patio central era una copia del «Patio de los Leones» y convivía con otros muchos estilos: elementos neoegipcios en la fachada, neoclásico en el patio, griego, romano y renacentista en los diversos salones. Antes de la Guerra Civil fue abandonado, y en los sesenta se vendió. Muchos de sus materiales fueron reutilizados en parques o vendidos. En su solar se construyó el Hotel Villamagna –que conserva en su jardín algunos árboles de entonces- en la parte que da al paseo de la Castellana, y los grandes almacenes Sears en la de la calle Serrano, actualmente El Corte Inglés tras haber sido Galerías Preciados.

La fotografía es de Jaime Pato (1922-2013) y se publicó en Blanco y Negro el 2 de octubre de 1965. Hijo del también fotógrafo Hermés Pato, comenzó a trabajar en la Agencia Efe, donde estuvo desde 1942 a 1965. Antes de cumplir los cuarenta años una fotografía suya dio la vuelta al mundo: el abrazo de Eisenhower y Franco en el aeropuerto de Barajas, en 1959. En 1965 comenzó a trabajar en ABC y Blanco y Negro, donde permaneció hasta su jubilación. Obtuvo los premios Mingote de 1971 y el Javier Bueno de 1993.

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