Córdoba

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CORRUPCIÓN EN CONVERGENCIA

Día 12/11/2012
El saqueo del Palau sirvió para, según documentos policiales que hoy publica ABC, financiar a Convergencia a través de una trama corrupta que dejó seis millones al partido de Mas

EL «caso Palau» esconde un escándalo político-financiero de primer orden en el seno del partido de Artur Mas. Los informes policiales que publica hoy ABC (que recoge cartas inéditas de los protagonistas de tan formidable fraude) reflejan una compleja trama de corrupción por la que Convergencia pudo recibir financiación ilegal a cambio de conceder obra pública a empresas, con la intermediación de Félix Millet y Jordi Montull, los principales imputados en la causa. El saqueo al Palau de la Música Catalana no solo consistió en la presunta apropiación indebida por parte de Millet, expresidente de la entidad, y su mano derecha, Montull, sino que, además, sirvió de tapadera a Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) para obtener recursos de forma irregular con el fin de sufragar su actividad, según documentos que obran en el sumario.

Enfrascado en su cruzada soberanista, CiU hace un esfuerzo notable por orillar este asunto en plena campaña electoral. Pero la gravedad de lo que recogen las actuaciones judiciales le hará difícil apartar el caso de la primera línea del debate, pues a la mala gestión de Mas debe unirse este pestilente asunto. Esto es lo que demuestra el demoledor informe que la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía entregó al juez instructor del caso el pasado mayo, y que sirvió de base para imponer a Convergencia una fianza de 3,2 millones de euros el pasado julio como responsable «a título lucrativo» del citado saqueo a la institución. Según el auto del juez, Millet y Montull, a modo de intermediarios, desviaron a Convergencia casi seis millones de euros entre 2002 y 2008 por diversas vías: entregando dinero en efectivo a los dos responsables de finanzas del partido en esos años, Carles Torrent y Daniel Osácar, o a la Fundación Trias Fargas, vinculada al partido; o bien mediante la prestación de servicios irreales a través de sociedades interpuestas. El tinglado era perfecto y de un descaro tal que el propio Millet, que en teoría dirigía un centro cultural, envió una carta al director de una constructora para comunicarle que un ayuntamiento le había concedido una obra por un importe de 4,2 millones de euros.

Esto demuestra que Maragall no iba desencaminado cuando en 2005 acusó a CiU de cobrar comisiones del 3 por ciento por la adjudicación de obras. De hecho, se quedó corto, pues el peaje, al parecer, era mayor. El chiringuito del Palau funcionó incluso en la época del tripartido, ya que CiU aún mantenía el control de diputaciones y ayuntamientos, entes muy activos en la concesión de obras. Así pues, la investigación está destapando un estercolero de corrupción que apunta, directamente, a la cúpula nacionalista y que en ningún caso debería quedar impune, ni jurídica ni políticamente. ¿Seguirá manteniendo Mas el lema de «España nos roba»? Los catalanes merecen explicaciones claras sobre este gran fraude.

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