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Curzio Malaparte, una nueva biografía

En la recién publicada biografía «Malaparte. Vidas y leyendas» (Tusquets), Maurizio Serra conduce al lector a través del laberíntico, resentido y exaltado mundo del escritor toscano

Día 23/10/2012 - 13.09h

Nos preguntamos a menudo si la biografía es un género útil, es decir, si aporta alguna cosa de más a la realidad que permita comprenderla mejor. Nos preguntamos si, más allá del arte, es un medio de esclarecimiento. Sin duda esta es una dimensión imprescindible del género, pero no la única a la hora de dar cuenta de su utilidad y de la pasión con que es acogido por muchos lectores.

Una biografía puede ser también un medio de reparación, una estrategia de memoria, una escritura de defensa que permite el rescate de personajes especialmente maltratados en su momento, reubicándolos ante este ilusorio tribunal de la Historia que es siempre el presente. Asimismo, puede operar en sentido contrario y proceder a la desmitificación de un presunto héroe. Y, si más no, existe el placer, un tanto voyeur y fetichista, experimentado al recoger pacientemente los datos de hechos que sucedieron hace mucho y que fueron vividos por alguien con la intensidad que todos ponemos en aquello que nos concierne.

Nuestra última lectura es una nueva y apabullante biografía sobre el escritor italiano Curzio Malaparte, concebida, al menos esa es la impresión, como sutil réplica a otras anteriores: la de Giordano Bruno Guerri, L’Arcitaliano. Vita di Curzio Malaparte; la de R. Guérin, Du côté de chez Malaparte, o la de O. Tamburi, Malaparte à contre-jour, admitiendo como punto de partida (y no de llegada) el carácter mitómano y fabulador de sí mismo que siempre tuvo el autor de «Kaputt», pero recordando que en realidad nunca engañó a nadie, como no engañaron Chateaubriand, Byron o D’Annunzio, que fueron siempre sus modelos.

Casa Come Me, la llamó

Malaparte, nos dice Maurizio Serra, era un esteta que odiaba la decadencia, y ese era sin duda un rasgo, más fascistoide que fascista, que le vinculaba a la exaltación del héroe, pero también al oportunismo contumaz que tantas veces se le reprochó. La admiración sincera que sentía por la voluntad poderosa que proyecta un líder, fuera de derechas o de izquierdas, se tratara de Mussolini o de Mao Tse Tung, le llevaba a rendirse ante él, des-confiando de la democracia parlamentaria, que, en su opinión, no respondía más que con tópicos cuando la gente necesitaba certidumbres.

Malaparte era, en fin, un apátrida ideológico, capaz de echarle un capote a Mussolini y comprender la Revolución bolchevique. Capaz de escribir valientemente Técnicas de golpe de Estado (1931), el libro que Fidel Castro echaría de menos en la biblioteca de Fulgencio Batista.

Maurizio Serra, diplomático italiano fascinado por los intelectuales de entreguerras (Drieu La Rochelle, Aragon, Malraux, Marinetti) analiza las ideas y motivaciones de aquel hombre singular, con fama de donjuán pero reacio a las mujeres, entregado a sí mismo, ligeramente maquillado a partir de cierta edad y amante de los perros, en su opinión la mejor compañía del ser humano. Un hombre que quiso medirse, a su modo, con Napoleón: su Santa Elena fue la casa construida al borde mismo de un acantilado en la isla de Capri. Casa Come Me, la llamó.

El grano y la paja

Para Serra no tiene demasiado sentido reprocharle a Malaparte, como hizo Guerri, su flexibilidad con la moral o su olfato para huir de la quema. Porque siendo así, eso no es todo; sus libros sugieren algo muy superior y son documentos excepcionales de los conflictos vividos en Europa en la primera mitad del siglo XX. Excepcionales por lo amplio de la visión que ofrecen y el rico cromatismo de su paleta.

Malaparte conocía muy bien Europa y las circunstancias de su destrucción: fue soldado garibaldino en la Gran Guerra y cronista militar en diversos frentes del Este en la Segunda Guerra Mundial. Asistió, atónito, a cenas fastuosas en el Palacio Belvedere de Varsovia mientras los judíos polacos morían en Auschwitz. ¿Cómo hacer compatibles ambas realidades sin romperse por dentro? Kaputt y La piel son libros que expresan la vergüenza impotente de un hombre ante la crueldad y el hundimiento de lo humano.

Maurizio Serra es una especie de Virgilio que nos conduce por el laberíntico, resentido, crudo y exaltado mundo del escritor toscano de ascendencia alemana (su nombre real era Kurt Erich Suckert). Ante una personalidad tan compleja, deslinda por nosotros el grano de la paja, la verdad de las leyendas; sopesa con cuidado aciertos y errores de una vida que no fue muy larga, en un ejercicio de una solidez admirable.

Malaparte. Vidas y leyendas

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