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Gilena: socialistas contra la Segunda República

Día 04/12/2013 - 15.09h
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«Los dramas del hambre», titulaban sobre el levantamiento que se produjo en 1931, por las promesas incumplidas del nuevo Gobierno y que acabó con varios jornaleros muertos

Ataques a la propiedad, destrucción de maquinaria agrícola, ocupación de fincas, enfrentamientos con las autoridades, robos, quema de cosechas… En 1931, Andalucía se convirtió en un importante foco de descontento social a causa de las malas condiciones de vida y la desesperación entre los jornaleros, que llevaban seis meses esperando las mejoras que había prometido el Gobierno de la Segunda República.

Gilena no fue una excepción. Los sucesos acaecidos en esta localidad sevillana de menos de 4.000 habitantes, aunque destacaron sobre los de las demás poblaciones de España por su violencia y repercusión, terminaron por extenderse a otros municipios y llegaron a discutirse en las mismas Cortes Generales.

Pero lo curioso de este caso es que la huelga convocada en Gilena desembocó en fuertes enfrentamientos entre los socialistas -supuestamente afines al Gobierno que había sustituído a la dictadura de Primo de Rivera- y la Guardia Civil. El triste balance: seis muertos.

«Graves sucesos en Gilena»

Algunos periódicos nacionales cubrieron ampliamente los sucesos. «Matan a tiros a un guardia civil en Gilena», titulaba «El Correo». «El Liberal», desvinculando de los sucesos a cualquier organización, hablaba de «los dramas del hambre en el campo andaluz». Y ABC, que realizó una amplia cobertura con un corresponsal durante varios días en la zona, informaba del «problema del paro forzoso, las huelgas y otros conflictos sociales planteados actualmente en España», dando cuenta de los «graves sucesos en Gilena, con un cabo de la Guardia Civil y cuatro paisanos muertos».

No hay que olvidar que la Segunda República es el periodo de mayor movilización política del siglo XX. Sólo en Sevilla –la provincia en la que se producían mayor número de protestas junto a Asturias– se produjeron en este periodo casi 250 huelgas. Entre enero y agosto de 1931, hubo 48, y solo en el mes de octubre, 10.

No es casualidad, pues, que la más trágica de todas, la de Gilena, se produjera en esta época. Era además el periodo de la recogida de aceitunas, a la que se dedicaban la mayoría de los jornaleros desesperados por las ayudas prometidas por el Gobierno Provisional de Niceto Alcalá Zamora, las cuales no terminaban de llegar.

El 9 de octubre del 31, ABC daba cuenta de la huelga general convocada por los obreros de Gilena, después de que hubiera fracasado una reunión celebrada en el Ayuntamiento a la que no faltaron los patronos. Los miembros de la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (FNTT), el sindicato socialista que se había implantado en el campo, llevaban tiempo acusando a los republicanos de haber organizado un centro que sólo daba trabajo a sus afiliados, lo que desembocó en los primeros choques entre los obreros republicanos y socialistas del pueblo. Allí se produjeron los primeros heridos.

Estos hechos de Gilena no eran más que la constatación de que la situación en el medio rural en toda España era más tensa que nunca, tan sólo seis meses después de la implantación de la Segunda República.

Cien obreros con palos y piedras

La mañana del 9 de octubre se formaron los primeros piquetes socialistas para desalojar a los jornaleros que habían decidido ir a trabajar. Se congregaron cerca de 100 con palos y piedras, sobre todo mujeres, que marcharon cargados de ira hacia varias fincas, con el objetivo de impedir a otros jornaleros que trabajaran.

Al poco rato fueron interceptados por la Guardia Civil, que acabó apuntándoles con sus rifles y conduciéndolos hacia el cuartel para evitar incidentes. «La Guardia Civil ha cumplido estrictamente con su deber en todo momento, sin excederse en lo más mínimo», declaró a este periódico el Gobernador de Sevilla, tras conocer el desenlace.

La tensión era tan grande en Gilena que, cuando pasaron por las calles del municipio, familiares y vecinos dieron rienda suelta a su histeria y comenzaron a insultar a los agentes. Estos, asustados, no dudaron en apuntar a las mujeres. Tal fue el pánico que algunas de estas corrieron a la sede del PSOE para avisar. «Una excitación femenina, causa determinante de los hecho», simplificó «El Liberal» en su crónica.

En medio de la confusión, y cuando pasaban frente a la Casa del Pueblo, se escuchó un disparo y uno de los guardias civiles cayó al suelo. El baño de sangre había comenzado. Los restantes guardias civiles comenzaron a disparar y, según contaba ABC, «varias mujeres se arrojaron sobre el cabo de la Guardia Civil y le desarmaron». El intercambio de balas entre los socialistas y los agentes acabó con cinco obreros muertos y varios heridos, además del guardia civil.

Tan sólo era el comienzo del periodo de mayor movilización social y política de la historia del siglo XX en España. Y el final de un suceso que, más de 80 años después, aún sigue recordándose en Sevilla.

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