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Crítica de los estrenos de la semana

Tadeo Jones, el rey del cine en una semana de entretenimiento

Día 31/08/2012 - 13.38h
Crítica de los estrenos de la semana

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Las aventuras de Tadeo Jones **

«Abbott y Tadeo contra las momias»

Director: Enrique Gato. Voces: Michelle Jenner, José Mota. España, 2012. 90 minutos.

J. Cortijo

La fenomenal racha que encadena el cine de animación español desde hace año y medio puede haber servido de «pogo saltarín» para la alegre subida al largo del simpático Tadeo Jones, un albañil –y pensador, como Benito– con alma arqueóloga y aventurera, y un par de premios Goya en la faltriquera. Y lo hace sin complejos, en un 3D bastante aseado, aunque a veces reclame unas tijeras para podar alguna vegetación que se desborda por el patio de butacas, y con una distribución masiva que, en breve, meterá el zapato en las mismísimas pantallas chinas. Seguramente consciente de los problemas que plantea un excesivo mascado de guión en la parcela del «dibu familiar» (recuérdense las decepcionantes «Donkey Xote» o «Planet 51»), Enrique Gato, el padre legitimísimo de la criatura, aplica a rajatabla el catón del género (esto no es «Arrugas», «Chico y Rita» o «30 años de oscuridad») presentando una historia sencilla, directa y sin sobredosis de guiños metacinéfilos (sí tebeísticos, que por algo Tadeo es primo cercano de Superlópez) y unos personajes de manual (el antihéroe, la chica, el cómico «exótico», el villano malísimo, el villano «inesperado», el monstruo alelado, las comparsas animales...), sin importar demasiado un par de patinazos inocentes de guión (¿cómo no va a saber Tadeo quién es Indiana Jones? ¿Desde cuándo Iberia permite volar con el billete a nombre de otro?). Quizá se eche en falta algo de chispa, «osadía» y riqueza detallista como la magnífica «¡Piratas!», y sobren fotocopias burdas (ese «angry bird» mudo) y tiempos muertos entre pasaje y pasaje (ese viaje en globo), pero el conjunto es digno (incómodo concepto), y cumple su cometido: entretener a la chiquillería en capilla de la vuelta al cole. Tampoco hay que pedir peras al olmo, que luego nos malacostumbramos.

Abraham Lincoln, cazador de vampiros *

«Ajo, algodón y cloroformo»

Director: Timur Bekmambetov. Intérpretes: Benjamin Walker, Mary Elizabeth Winstead, Rufus Sewell. EE.UU., 2012. 105 minutos.

J. C.

Cuando alguien se enfrenta a una película con un título de esta guisa (marca de la casa del novelista-guionista Seth Grahame-Smith), sabe perfectamente qué esperar: una inofensiva menestra lisérgica y pica-pica con chorreones de salsa tártara industrial, cuyo sabor atranque mínimamente las arterias y recuerde viejas glorias del género como el manido díptico «Jesse James contra la hija de Frankenstein» y «Billy el niño contra Drácula». Por eso, el peor pecado de «Abraham Lincoln: cazador de vampiros» es que sea tan mortalmente aburrida, tan cansinamente desangelada y tan nulamente (auto)paródica. Desde los primeros compases, dotados de unas analogías antiesclavistas de jardín de infancia y una muy rusa escena del jovencito Abe leyéndole un cuento a su madre moribunda, nos empezamos a oler la tostada recalentada por Tim Burton. Seguramente si las riendas las hubiese cogido un Carpenter, un Raimi, o ¡un Rob Zombie! en vez de Timur Bekmambetov, director de las igual de espesas «Guardianes del día» y «Guardianes de la noche» (y con otro protagonista que no sea esa especie de Liam Neeson pamplinero), la cosa cambiaría. De esta forma, tenemos un engrudo de peleas sobre caballos, tiempos bala encasquillados, entrenamientos naturales que ni «Rocky IV», trenes llameantes, aparición del héroe con toda la barba, ralentí y chantillí y salidas de tono (¿los judíos construyeron las pirámides?) de lo más indigesto. A ver si hay más suerte con, un poner, «Marie Curie, desintegradora de licántropos»...

Desmadre de padre *

«Humor bestial»

Director: Sean Anders. Intérpretes: Adam Sandler, Andy Samberg , Susan Sarandon, Leighton Meester, James Caan. EE.UU. 116 minutos.

Antonio Weinrichter

Lenny Bruce presentó una vez uno de sus monólogos televisivos diciendo que como algunos grupos habían protestado por chistes suyos, ahora iba a intentar ofender a todos de una sola vez. Adam Sandler, un cómico mucho más cutre que Bruce, consigue aquí algo parecido pero no por espíritu de rebeldía sino por puro populismo, o porque no da más de sí. Sandler tuvo un hijo al ser seducido por su profesora en el colegio (y hacerse famoso por ello). El chico ha renegado de él y está a punto de desclasarse hacia arriba casándose con una niña bien pero su impresentable papá le recuerda cuáles son sus raíces. Si hay algo que (casi) redima esta orgía de humor misógino y racista, puede ser su feísmo: los gordos, los ancianos y otros grupos pocos fotogénicos –viene a decirnos la película– también tienen su corazoncito y su libido. Eso es la parte buena, porque avisados quedan: algunos chistes de Desmadre de padre nos retrotraen a las cimas –las simas– del humor de Esteso y Arévalo.

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