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Los tunecinos temen que los islamistas fulminen la igualdad hombre-mujer

Los más conservadores se escandalizan por el atuendo de la primera medallista olímpica en la historia del país

Día 15/08/2012 - 04.13h

Cuando el pasado 6 de agosto por la noche la tunecina Habiba Ghribi hizo historia al cruzar en medio de la lluvia la meta en segundo lugar en la final de los 3.000 metros obstáculos de los Juegos Olímpicos de Londres seguramente no se imaginaba que algunos se fijaban más en su ombligo al aire que en el gesto, mitad satisfacción mitad esfuerzo, de su rostro. Pero así era.

Efectivamente, muchos miraban el ombligo de Ghribi, de 28 años. Y sus brazos sin cubrir, y el sudor y el agua de la lluvia que resbalaba sobre su piel iluminada por los focos, y su belleza victoriosa a la vista de los ojos del mundo, musulmanes y no musulmanes. «Esta medalla es para el pueblo tunecino, para las mujeres tunecinas, para el nuevo Túnez», dijo la atleta tras acabar la carrera en lo que se ha interpretado como un guiño ante el temor de que la igualdad de sexos se esfume en su país.

El momento para la reivindicación parecía el adecuado, pues esta joven acababa de convertirse en la primera tunecina en ganar una medalla olímpica. Pero las formas en las que lo había logrado chocaban con una parte importante de la población de su país, donde los islamistas del partido Ennahda ganaron las elecciones tras la revolución del año pasado y pelean ahora por imponer la «sharía» (ley musulmana). Ghribi había obtenido la medalla vestida con los que los más conservadores creen que no es más que ropa interior.

Túnez no necesita medallas de mujeres que corren «desnudas», pudo leerse en Facebook. «Estamos orgullosos de esa ropa interior de Ghribi», dijo en un debate radiofónico Ibrahim Kassas, parlamentario del partido Al Aridha. «¿Qué ha hecho por nosotros la ropa interior (de Ennahdá)?», le preguntó a su interlocutora de esa formación islamista.

La mujer es «complementaria»

Túnez ha sido sin embargo de los países árabes en los que los derechos de las mujeres han estado más resguardados por el marco legal, especialmente desde que se aprobó el Código de Estatuto Personal el 13 de agosto de 1956. Coincidiendo con ese aniversario y temerosos de que el Gobierno pretenda poner freno a la igualdad entre sexos, varios miles de tunecinos se manifestaron en las calles de la capital este lunes.

El proyecto de nueva Constitución que prepara la Asamblea Constituyente a la sombra del poder islamista tiene previsto acabar con esa igualdad. Se trata, como prevé Ennahdá, de considerar a la mujer simplemente «complementaria» del hombre pero no igual.

Así dice el texto de uno de los artículos propuesto por el partido islamista para el apartado de la mujer en la nueva Carta Magna: «El Estado garantiza la protección de los derechos de las mujeres y sus logros bajo el principio de complementariedad con el hombre en el seno de la familia y como asociada del hombre en el desarrollo de la patria».

Se trata de un texto que disgusta a la oposición y a muchas mujeres, especialmente en un país cuya revolución de hace año y medio no se puede entender sin el papel jugado por muchas de ellas. Pero el ansiado aire de libertad por el que salieron a las calles parece estar viciándose.

Túnez ha sido además protagonista en Londres al convertirse en el primer país árabe de la historia en llevar una delegación olímpica presidida por una mujer, la ex campeona de natación Rim Zoaui.

Combate polémico

Los países árabes han dado ciertos pasos en estos Juegos con el envío de mujeres. Es el caso, por vez primera, de Qatar o Arabia Saudí. No es poco a pesar de todo lo que se ha hablado en torno a la indumentaria que algunas de ellas han querido emplear para competir de acuerdo al recato que impone para ellas el Islam.

El padre de la saudí Wofjan Ali Seraj Abdulharim Shaherkani amenazó con retirar a su hija de la competición de judo si no se le permitía subir al tatami con la cabeza cubierta, a pesar de que las normas de este deporte lo prohíben. Finalmente las presiones del Comité Olímpico Internacional, que quería salvar a toda costa la presencia de mujeres saudíes y de otros países árabes, permitieron a la joven de 16 años competir.

Igualmente árabe es Túnez, donde las mujeres parecen más decididas a seguir luchando por sus derechos, como el de Habiba Ghribi a ganar medallas luciendo su ombligo.

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