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Stratford, de vertedero a parque olímpico

El degradado este de Londres se convierte en un área señorial con un incremento del precio de la vivienda en un 35%

Día 20/07/2012 - 16.19h

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Cuatro meses atrás, Sabrina Amarao, una brasileña afincada en Londres desde hace ocho años, ponía fin a una importante etapa de su vida. El encarecimiento de la vivienda en el East End o Londres oriental la empujó a abandonar su hogar en el barrio de Stratford, sede del Parque Olímpico, para comenzar de nuevo en el barrio de Penge, al sur de la capital. «Los alquileres subieron como la espuma de un día para otro. No eran precios razonables para lo que realmente ofrecían. Tenía que pagar casi 1.500 libras al mes por una casa bastante pequeña», comenta en un español casi perfecto aderezado con algún giro portugués.

Los bajos alquileres de la zona siempre fueron uno de los grandes atractivos del este de Londres, una zona rica en multiculturalidad por la vigorosa presencia de pakistaníes, bangladesíes, bengalíes, indios y otras nacionalidades asiáticas, junto a británicos y europeos que no pueden asumir los precios de otras zonas de la capital. El anuncio de que Londres alojaría los Juegos Olímpicos en 2012 en este mismo paisaje sacudió una de las áreas más degradadas de la ciudad.

«La revolución en Straford se inició hace siete años cuando la capital inglesa fue nombrada sede olímpica. En cuanto se anunció que el epicentro de las celebraciones se desarrollaría en esta zona, se produjo un éxodo hacia el este de Londres que disparó el precio de los inmuebles en un 35%», expone Martin Smith, propietario de una agencia inmobiliaria en el corazón de Straford.

La llegada al este de todos aquellos que vieron en las Olimpiadas una puerta abierta al futuro supuso que muchos otros, como Sabrina, partieran hacia otras zonas de la capital con precios menos prohibitivos. Este trasvase ha producido una fuerte transformación de la zona.

Stratford ya no es lo que era. Su actual fisonomía poco tiene que ver con la del suburbio industrial que empezó a crecer a mediados del siglo XIX. La amalgama de polígonos herrumbrosos bañada por uno de los ríos más contaminados de Inglaterra han dado paso a una nueva remesa de viviendas, amplias avenidas, espacios verdes — más de 4.000 árboles y 300.000 plantas— e interminables carriles bici. En sus calles se respira el ambiente de pujanza y florecimiento, aunque las tensiones sociales no han desaparecido del paisaje. En un par de semanas la zona revivirá el estallido de violencia que prendió, en estas mismas calles, hace un año.

Más de 200 edificios de esa vieja zona industrial fueron demolidos para erigir la Villa Olímpica. En 2005 todavía, cuando Londres se hizo con la candidatura, el actual Parque Olímpico era un erial de desechos industriales, un vertedero de neumáticos y un cementerio de tendido eléctrico Los canales y arroyos del East London se limpiaron a conciencia y se retiraron más de dos millones de toneladas de tierra contaminada. Y se levantaron más de treinta nuevos puentes para devolver la vitalidad humana a estos barrios.

«Cuando se hablaba del East London, a la gente se le venía a la cabeza gánsters, armas, redadas… Todo lo malo se concentraba de aquí. A pesar de no estar tan lejos del centro de Londres, era casi imposible llegar allí. Siempre ha habido muy mala conexión de transporte público porque antiguamente querían marginar al este del resto de la ciudad», comenta Zara, que vive a tan sólo siete minutos de la estación central de Stratford.

Lejos de esa realidad, ahora es una superficie de 2,5 hectáreas (algo superior a Hyde Park) que recibe premios de arquitectura, y uno de los puntos mejor comunicados con el centro neurálgico londinense. No sólo se han restaurado las estaciones de metro, sino que se han construido nuevas líneas ferroviarias. La principal ha sido bautizada como Javelin Shuttle (lanzadera jabalina), que recorre en siete minutos los 12 kilómetros que separan la Villa Olímpica de la estación de San Pancras (una de las estaciones más concurridas, desde donde parte el Eurostar con conexión a Europa). Los autobuses que unen el aeropuerto de Stansted con la ciudad también han incluido en su recorrido una parada en Stratford.

Pero quizá la máxima expresión de regeneración económica quede reflejado en el centro comercial Westfield. Sus más de 175 mil metros cuadrados de superficie, 300 tiendas, 70 restaurantes, 3 hoteles, un casino y un cine con 14 salas le convierten en el más grande de Europa. Y los más de 10.000 puestos de trabajo creados, en una valiosa inversión privada en la antesala de un Parque Olímpico en el que se han gastado más de 9.000 millones de fondos públicos.

En el este de Londres, nunca imaginaron que Stratford acabaría compartiendo páginas con el Big Ben y el Museo Británico en las últimas ediciones de las guías de viajes.

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