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Ai Weiwei: «En China hay un vacío de moral y humanidad»

Acusado de evasión fiscal y pornografía, el artista y disidente más combativo de China disecciona en esta entrevista con ABC la represión del autoritario régimen de Pekín

Día 17/07/2012 - 12.54h

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Con su larga barba, su baja estatura y su oronda barriga, Ai Weiwei recuerda a Sancho Panza, pero se parece mucho más a Don Quijote por su espíritu de lucha, su obstinación y, sobre todo, su idealismo. Aunque asesoró a los arquitectos suizos Herzog & De Meuron en el diseño del «Nido» para los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, el famoso artista conceptual se ha erigido a sus 54 años en la voz más crítica contra el autoritario régimen chino.

Sus ácidos comentarios políticos y sociales en internet, donde tiene más de 150.000 seguidores en Twitter pese a estar censurado, le han costado un kafkiano proceso legal por evasión de impuestos que le llevó a estar incomunicado casi tres meses el año pasado. A dicho caso, aún abierto, se suma una ridícula investigación por pornografía por posar desnudo en una foto con varias mujeres, que le impide salir de China.

En medio del distrito de Caochangdi, poblado de galerías de arte camino del aeropuerto de Pekín, su casa-estudio resulta fácil de identificar: es la que está rodeada por una veintena de cámaras de vigilancia.

–A pesar de este «Gran Hermano», usted, mejor que nadie, sabe lo ciega que es la Justicia en China. ¿En qué situación se encuentra su caso ahora mismo?

–El procedimiento judicial que se sigue contra mí es totalmente erróneo y la Policía está intentando inventarse algo. Las acusaciones por evasión de impuestos o pornografía son meras excusas. Por eso no hay juicios abiertos ni transparentes, para que cada paso del proceso pueda ser manipulado. Acusaron a la empresa de mi esposa diciendo que el 91,99 por ciento de sus ingresos eran beneficios, lo que es imposible para ninguna compañía. Es ridículo, pero el problema es que nadie ha interpuesto nunca una demanda contra la Oficina de Impuestos ni el Gobierno. Nadie ha retado nunca al régimen, por eso no son buenos jugadores de ajedrez.

–Ya ha acabado su periodo de confinamiento en Pekín, pero no puede salir al extranjero. ¿Se verá afectado su trabajo?

–Tengo exposiciones previstas en Londres y Washington y mis clases en Alemania, que no podré atender porque el Gobierno me obliga a estar en China, lo cual tampoco es malo porque así puedo dedicarle toda mi atención a mi caso. Además, mi vida está aquí.

–Por lo general, se pensaba que el crecimiento económico y el ascenso de la clase media iban a traer la democracia o, al menos, más libertades a China. Antes de los Juegos Olímpicos de Pekín, parecía que el mundo podía cambiar China, pero ahora está ocurriendo justo lo contrario. ¿Está la crisis debilitando a las democracias occidentales y fortaleciendo al régimen chino?

–China no cambia porque hay un vacío de moral, humanidad e ideología. Además, Occidente tiene intereses comerciales en China que atentan contra los valores esenciales del ser humano, que el régimen de Pekín no reconoce. Como el Gobierno chino se siente más fuerte, los políticos buscan sus oportunidades y rechazan estos valores humanos a cambio de objetivos económicos a corto plazo. Vivimos en un mundo sin justicia donde no se sabe lo que está bien y lo que está mal, donde no se distingue el blanco del negro. ¿Acaso es eso humano?

–¿Veremos la democracia en China algún día?

–La democracia viene de la lucha y de nuestras necesidades diarias, no sólo en China sino también en Occidente. Es como el agua, que en la actualidad ni siquiera está limpia en China. Para ser una democracia, China necesita tiempo, pero vamos hacia ella porque no podemos permitirnos el lujo de no tenerla. Para que una sociedad sobreviva, necesita democracia.

–¿Cuáles fueron los momentos más duros que vivió durante los casi tres meses que estuvo detenido y casi sin poder hablar con su familia el año pasado?

–Lo peor es que la Policía te diga a la cara que ninguna ley puede protegerte. A mi abogado le pegaron, le quitaron la licencia y le amenazaron con hacer sufrir a sus hijos. También tengo un asesor fiscal que es constantemente acosado por la Policía, que registra su casa con frecuencia. Estaba en una pesadilla y me preocupaba por mi familia, pero no lo sentía como una injusticia hacia mí, sino hacia la sociedad.

–¿Espera cambios tras el relevo en la cúpula del Partido Comunista, que tendrá lugar en otoño, y el nombramiento de Xi Jinping como nuevo presidente de China el próximo año?

–No habrá cambios en los líderes si no se acomete una reforma del sistema para hacerlo más transparente. Lo podemos ver muy claramente con el reciente escándalo de Bo Xilai (un gerifalte del Partido destituido por corrupción y cuya esposa ha sido acusada de la muerte del empresario británico Neil Heywood). Como en mi caso, no hay un procedimiento legal abierto para que todo pueda ser manipulado. Pero la situación es ahora diferente porque la gente ya no acepta la versión oficial y el Gobierno debe dar detalles.

–Después de tres décadas de imparable crecimiento económico en China, miramos alrededor y vemos superpoblación, el cielo gris por la contaminación, una brecha cada vez mayor entre ricos y pobres, escándalos alimentarios y el dinero como única religión. ¿Es este el espejo en que se miran los países en vías de desarrollo?

–El desarrollo de China se basa en la fuerza laboral barata y en el expolio de las tierras de los campesinos por la connivencia entre las corruptas autoridades locales y los promotores inmobiliarios. A cambio del crecimiento, se sacrifica la moral y se daña el medioambiente. Como el desarrollo depende de esos factores y no hay discusión pública ni educación, estamos creando un sistema injusto que, además, resulta un mal ejemplo porque es suicida.

–Usted fue a la Universidad con famosos cineastas como Zhang Yimou, que despuntó con títulos como «Vivir» o «La linterna roja» y luego se acomodó con bellísimas películas de artes marciales como «Hero» y dirigiendo la ceremonia de inauguración de Pekín 2008. ¿Qué siente cuando los intelectuales chinos se adaptan al régimen y no denuncian sus abusos ni la corrupción?

–Es una vergüenza que callen quienes pueden hablar, por ejemplo, los intelectuales. Deben ser recordados porque no son honestos. Y no harán buenas obras de arte porque están sacrificando la lucha por mejorar la sociedad por su propio bienestar.

–¿No teme que sea más reconocido por su activismo político que por su labor artística?

–Claro que me preocupa. Soy muy conocido en Occidente, pero no tanto en China porque el Gobierno quiere que la gente me olvide. Nadie puede hablar de mí, ni siquiera para criticarme. Simplemente quieren que desaparezca. Pero estoy orgulloso de ser así y no es fácil que me rinda.

–¿Por qué? ¿No tiene momentos de duda?

–He pasado por situaciones terribles, pero no quiero que nuestros hijos sufran la misma falta de libertad que nosotros padecemos. Nuestra generación debe resolver este problema.

–Entonces le queda una larga tarea por delante.

–No lo sé, quizás no sea tan larga. Lo importante es que la vida es un regalo y tenemos que luchar por su dignidad.

Un mural con los ángeles de Sichuan

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NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original

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