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¿Adaptar mi novela al cine? No, gracias

Stephen King criticó la labor de Kubrick en «El resplandor», el autor de Forrest Gump odia la película... La versión cinematográfica de algunos libros no siempre convence al público; algunos autores directamente la detestan

Día 03/07/2012 - 19.26h

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«Jamás se os ocurra dejar que alguien convierta en película la historia de vuestra vida», empieza Winston Groom, autor de la novela Forrest Gump (1986), la secuela del libro. El enfado del escritor esconde mucho más que el simple descontento con la película, pero resume el estado de ánimo de muchosautores que han visto cómo la gran pantalla ha «destrozado» sus obras maestras. Irónicamente, las tres que veremos a continuación cultivaron el odio de sus autores, pero tuvieron el favor del público y el de la Academia de Hollywood.

Otras adaptaciones han dado a conocer el trabajo de escritores hasta entonces desconocidos que, como Chuck Palahniuk (El club de la lucha), han dado gracias al celuloide por fijarse en ellos. Y es que no todas las aventuras literarias del cine han sido mala idea: El Padrino (1972, del libro homónimo), Memorias de África (1985, del libro homónimo), La lista de Schindler (1993, basada en El arca de Schindler) o Apocalypse Now (1979, basada en El corazón de las tinieblas) se libran, entre otras, de la quema.

Tres clásicos en el «destierro»

Forrest Gump (1994): Clásico de domingo donde los haya, el filme protagonizado por Tom Hanks se hizo con el Óscar a la mejor película en 1994 –por delante de Cadena Perpetua y Pulp Fiction–, más las estatuillas en la categoría de Mejor director y Mejor actor. Eric Roth, encargado de elaborar el guión a partir de la novela de Winston Groom, también se llevó el Óscar. No obstante, el autor mostró su descontento con el filme por varios motivos: el primer lugar, la «omisión» de algunas partes y la «suavidad» con la que habían adaptado el lenguaje y algunas escenas de sexo. Además, tuvo problemas para llevarse un pedazo de la tarta de beneficios. La estocada fue que el equipo de la película ni siquiera mencionó su nombre en sus discursos de agradecimiento por los trofeos.

El resplandor (1980): «He tenido una pesadilla horrible», le confesaba el protagonista a su esposa en una escena de la película. Algo así debió pensar Stephen King cuando vio lo que había hecho Kubrick con su novela. «Admirado a Kubrick y tenía grandes expectativas para el proyecto», admitió el escritor. El director no hizo el mal de la película «creíble» sino que, según King, se limitó a filmar un drama familiar con algunas incursiones sobrenaturales. La actuación de Jack Nicholson tampoco le entusiasmó.

The shining provoca pasiones enfrentadas. El público está dividido entre los que aman el resultado (tiene una valoración de 8,2 en la web de cine Filmaffinity, y un 8,5 en IMDb) y los que lo odian (el largometraje recibió aquel año dos nominaciones a los premios Razzie, los anti Óscar, y el doblaje en español cosechó bastantes críticas).

La naranja mecánica (1971): Una mala interpretación de su libro, alega Anthony Burgess, dio lugar a uno de los títulos más controvertidas de los años 70. Una película de culto dirigida también por Kubrick y plagada de sexo y violencia. Cinta prohibida en Reino Unido durante décadas. Burgess llegó a arrepentirse de haber escrito la novela que le hizo famoso porque el malentendido de su adaptación al cine le perseguiría toda la vida, aseguró. «La película hizo que los lectores del libro comprendiesen aún menos de qué va», protestó. El largometraje se lleva exactamente la misma nota que El resplandor en las dos páginas de consulta de los cinéfilos (8,2 en Filmaffinity –España– y 8,5 en IMDb –Estados Unidos–).

Tres pifias (en opinión del público)

El retrato de Dorian Gray (2009): Si Oscar Wilde levantara la cabeza, probablemente la escondería de nuevo para no escuchar las críticas lapidarias, valga la ironía, que recibió la última versión cinematográfica de su libro. Una adaptación francesa de 1977 y una serie de televisión norteamericana de 1976 precedían a la película de Oliver Parker. Una película, protagonizada por el joven Ben Barnes, sin afán –ni posibilidades– de permanencia en el imaginario colectivo. Un filme que no evoca el terror invisible de la novela, y que se limitó a portarse bien en la taquilla.

La hoguera de las vanidades (1990): La sátira social del periodista Tom Wolfe no encontró en la batuta de Brian De Palma a su mejor aliado. El retrato audaz de la clase política americana, los brokers, los reporteros y los moscardones sociales que hizo Wolfe quedaba diluido en una película en la que Tom Hanks y Bruce Willis no hacían justicia a sus personajes (quizás fuese «culpa» de ellos, quizás del guión).

Parece evidente la dificultad de llevar al cine a un autor tan complejo como Wolfe. No obstante, Elegidos para la gloria (1983), basada en el libro Lo que hay que tener, sí que consiguió el favor del público y la crítica.

El código Da Vinci (2006) y Ángeles y Demonios (2009): Primero habría que discutir sobre la calidad de las novelas del controvertido Dan Brown, y después valorar si las películas se corresponden con el argumento y las formas del libro. «Creo que se trata de uno de los libros más toscos que nunca hayan caído en mis manos, pero de una tosquedad que no es exactamente pedestre, sino más bien chapucera», señalaba el colaborador de ABC Juan Manuel de Prada en un artículo en 2006. «Novela de éxito mundial y cima del esoterismo pueblerino», escribía Eduardo Mendoza por las mismas fechas.

Novelas al margen, se le pusieron dos grandes «peros» a las películas de Ron Howard: la duración de las cintas, que podrían haberse resuelto con menos metraje (rondan las dos horas y media cada una) y el tono exageradamente «trascendente» del filme: vida o muerte, ciencia o fe... Tampoco ayudó el hecho de que, en la primera parte, Amélie, perdón, Audrey Tautou, hiciese el papel coprotagonista de la nieta-agente-fugitiva, acostumbrados como estábamos a verla metiendo la mano entre las lentejas.

«Gump & Co.», secuela de Forrest Gump

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