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Los cuadernos de vacaciones, a examen

Día 21/12/2012 - 09.25h
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Pueden ayudar a reforzar lo aprendido, siempre que no se conviertan en una pesadilla, pero los expertos recuerdan que a los niños les viene bien descansar un tiempo y que hay otros medios de mantener activa su mente

Los cuadernos de vacaciones, a examen
m.martin vicente (flickr.com)

«Supervacaciones con el capitán Cucurucho», «En verano», «Juega y aprende con todo es Rosi», «Vacaciones con Disney», «con Caillou»... Las principales editoriales ya han desembarcado en las librerías con su cargamento para la travesía veraniega. Existen cuadernos para niños de Infantil y Primaria de todo tipo y los hay que vienen acompañados de juegos on line, pero ¿hasta qué punto son eficaces? ¿Los profesores perciben en septiembre quiénes han llegado a completarlos?

«Son una herramienta más, un material para poder repasar, pero no son desde luego imprescindibles», considera Jesús Jarque, pedagogo y master en Psicología y Gestión Familiar, que trabaja como orientador en un Centro Público de Infantil y Primaria. «Son más una demanda de las familias que de los profesores», añade.

Los cuadernos de vacaciones surgieron en los años 90 como una ayuda para los alumnos que habían suspendido alguna asignatura y se examinaban en septiembre. Ya entonces los anuncios que se hicieron tan populares se dirigían a las familias. Los profesores intentan «seleccionar los que más se ajusten a lo realizado durante el curso para ofrecerlo como una opción», explica Jarque.

En la Escuela de Familias de la Confederación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos (Concapa) creen en la utilidad de los cuadernos para «cubrir lagunas, reforzar contenidos y crear hábitos de trabajo» siempre que sean «de vacaciones y no más deberes» para que no se conviertan en «una pesadilla».

Destacan las edades entre los 8 y los 11 años como las más adecuadas aunque «lo ideal sería que lo trabajasen durante los meses de agosto y septiembre, dejando el mes de julio libre, dedicándoles un tiempo concreto y procurando que se haga como un juego».

A primera hora de la mañana o durante la siesta puede ser el momento de dedicar «no más de 45 minutos» al repaso para alumnos de Primaria que hayan terminado el curso sin dificultad y «no más de 20 o 30 minutos» para niños de Infantil, en opinión de Jarque, que reivindica el «descanso absoluto» de los chavales durante un tiempo. «No pasa nada, es incluso beneficioso que estén un mes sin hacer nada, es un reciclaje para el cerebro», asegura al tiempo que recuerda cómo uno de sus alumnos le espetó a su padre con el diccionario: «Mira el significado de la palabra vacaciones».

A juicio de Jarque, «no es significativo» que completen o no un cuaderno de vacaciones si superan los cursos con facilidad porque septiembre es un mes de repaso de lo anterior y en un par de semanas ya suelen haber retomado el ritmo.

«Las cosas que se aprenden no se olvidan y si se olvidan es que no se han aprendido», considera el pedagogo autor del blog «Familia y cole» que tiene publicados unos cuadernos de vacaciones para Educación Infantil en los que intentó «que fueran fáciles, que los hicieran solos, que no fueran tediosos y que resultaran diferentes a lo que se hace en el cole».

Jarque los elaboró como una ayuda más «por si alguien la quería usar», pero subraya otras alternativas de gran valor como «leer por el placer de leer» y escribir (puede ser un diario de las vacaciones), hacer actividades al aire libre, manualidades, juegos de ingenio como el ajedrez, visitar otros lugares, exposiciones, museos...

Detectar las causas del fracaso

Mónica Chérrez, orientadora escolar, también cree que a los niños les viene bien parar y descansar, sobre todo a los que han realizado un gran esfuerzo, que no tienen por qué ser los que mejores notas han sacado. «Si el alumno ha terminado el curso en fracaso, habrá que analizar si los problemas están en sí mismo por falta de capacidad, por ejemplo, o en la propia familia. Hay que ver primero los motivos y buscar soluciones». Y avisa a los padres que quizá tras detectar las causas «haya que enfocar el verano de otra manera».

Chérrez detecta más necesidad de refuerzo en los alumnos de Primaria con los idiomas o las matemáticas. En Secundaria son más frecuentes los suspensos en la asignatura de Ciencias en inglés o Física. «Si han suspendido y lo remedian en verano, se va a notar», apunta, al igual que se aprecia si los niños que han leído y escrito, pero avisa: «Los cuadernos de vacaciones no son la panacea».

Esta profesional, que cuenta con 18 años de experiencia, se muestra muy crítica con los libros y cuadernos que se editan para el verano. La familia «siempre tiene que escuchar al maestro» porque la evolución de cada niño es distinta. Admite que realizar un cuaderno de verano «no les va a hacer ningún mal», pero «igual no soluciona nada».

Critica además que tal como están diseñados no se pueden heredar. «Hay un negocio detrás que supone un costo muy fuerte a las familias». Según los datos facilitados por la Federación de Gremios de Editores de España, la cifra de facturación ascendió en 2011 a nueve millones de euros, seis millones menos que hace apenas cinco años, un dato que responde a la crisis económica y a que también están siendo cuestionados.

Nativos digitales

Chérrez se muestra convencida de que la revolución tecnológica va a modificar la educación, como ya está cambiando la manera de pensar de los chicos. «Se está comprobando que escuchan menos, que sus cerebros están cambiando y las sinapsis entre neuronas varían. Su mente es hipertexto», destaca la orientadora, para quien la enseñanza tiene que adaptarse a las nuevas generaciones de «nativos digitales».

La profesora de la Universidad Camilo José Cela, María José Carretero, con 30 años de experiencia profesional en edades de Infantil y Primaria, coincide en resaltar que nos encontramos ante un nuevo paradigma educativo que obligará a revisar los manuales de estudio y de vacaciones porque «han quedado obsoletos». A su juicio, la educación «no puede ser genérica». Hay que conocer muy bien a los alumnos y a los hijos y decidir entre la familia y el profesor la mejor manera para reforzar sus conocimientos y desarrollar su creatividad. «La madurez cuenta mucho» y si los niños se enfrentan a algo que son incapaces de superar, se aburren y lo arrinconan.

Los trabajos de verano deben ser una proyección de lo que han aprendido a través del juego, de la indagación, de forma que les resulte interesante, sin que sea una imposición. «Educamos por y para la libertad porque eso genera responsabilidad», recuerda la maestra, que compara la educación de los más pequeños con «un arbolito que estamos regando para que tenga principios sólidos».

Por eso, pone una tarea a los padres: «Que le dediquen su tiempo a su hijo», algo en lo que coinciden desde la Escuela de Padres de Concapa: «Lo importante de la época estival es aprovechar para hacer familia».

Enseñar a pensar

La maestra María Luisa Mariana nunca ha utilizado libros de texto para enseñar y consecuentemente, tampoco cuadernos de vacaciones, porque «hay otras formas de llegar al conocimiento». Impulsora de la futura asociación «Orientación y Educación», de la que será presidenta, aboga por una educación más personalizada y la pone en práctica con sus actuales alumnos de cuarto de la ESO. Mantiene el contacto con ellos por correo electrónico hasta en verano para resolver las dudas que les puedan surgir de los trabajos que les encarga, que también se los presentan por internet.

Los hábitos se adquieren repitiendo y lo memorizado se olvida por la falta de uso, remarca esta profesora que argumenta que una persona adulta acostumbrada a leer y escribir no deja de hacerlo por estar de vacaciones. Por eso no cesa en su empeño por que sus alumnos continúen reflexionando también verano, que se interroguen por lo que hay y ocurre a su alrededor. «Quien no se pregunta, no investiga», es la máxima que Mariana quiere inculcar a sus alumnos como una «actitud» ante la vida.

«No hay que cargar al niño de actividades, sino invitarle a explorar. Llenar su tiempo de actividades no implica que aprenda más», destaca la profesora y psicóloga que anima a los padres a buscar aquello que motiva a su hijo para enseñarle a pensar.

Las vacaciones estivales son un buen momento para ello, porque ¿qué es en definitiva un cuaderno de verano?, se pregunta Carretero. «Es trabajar las emociones, los valores, dar empuje y entusiasmo ante otro nuevo reto».

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